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sábado, 29 de mayo de 2010

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL VOCABLO ‘RESTAURAR’


El diccionario de la Lengua Española define la palabra restauración, así.
(Del lat. restauratĭo, -ōnis).
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1. f. Acción y efecto de restaurar.
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2. f. En un país, restablecimiento del régimen político que existía y que había sido sustituido por otro.
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3. f. Reposición en el trono de un rey destronado o del representante de una dinastía derrocada.
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4. f. Período histórico que comienza con esta reposición
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Foto de arriba: Casi desde el momento en que muere Franco, empieza la transición en España, con la proclamación de Juan Carlos I de Borbón como rey por deseo de Franco.
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Nótese que el vocablo “Restauración” significa, entre otras cosas, la reposición en el trono de un rey destronado o del representante de una dinastía derrocada. Pues bien, en Hechos 1:6, los discípulos le preguntan a Jesús, lo siguiente: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?”. Aquí vemos que los discípulos le preguntaron a Jesús si la restauración del reino a Israel sería inminente o no, y Jesús les responde que sólo el tiempo exacto lo sabe Dios, el Padre (v.7).
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Basándonos en las promesas bíblicas, y en la definición que nos brinda el Diccionario de la Lengua Española de la palabra ‘restauración’, creemos que debe acontecer en Israel la reposición del rey destronado o de un representante legal (p.e. un descendiente real del rey destronado). De modo que si esto mismo no ocurre en el futuro en Israel, se podrá seguir afirmando que aún no ha acontecido la reposición de un representante legal y real en el trono vacante.
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Sabemos que Sedequías fue el último rey Judío que gobernó en Jerusalén, el cual fue depuesto por Nabucodonosor en 586 AC por su impiedad. Desde esa fecha el trono davídico en Israel ha quedado vacante hasta el presente y sólo será restaurado hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y a él le será entregado el poder por orden del Altísimo. Sólo cuando ocurra ese evento glorioso, la restauración esperada habrá sido plenamente cristalizada o cumplida.
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Así que el Reino de Dios es algo que deberá ser restaurado a Israel en algún momento en el futuro. Y cuando se habla de un reino restaurado, lo que se quiere decir es que ese reino existió en un lugar y pueblo definidos, que desapareció por la impiedad del último rey y su pueblo, y que debe volver a aparecer en el futuro exactamente en el mismo lugar y pueblo con un rey legítimo. Así pues, si el reino fue terrenal y político, entonces deberá ser restaurado como un reino terrenal y político, porque cualquier otra forma de presentación no sería igual al original, y por tanto, no podría hablarse de una verdadera restauración del reino original. Si restauro un jarrón resquebrajado de barro y de color negro, y termino presentando un jarrón de cristal amarillo trasparente, ¿podríamos decir que dicho jarrón ha sido restaurado fielmente? Si cualquier cosa restaurada no se parece al original, entonces no se ha hecho una verdadera restauración de esa cosa. Eso es obvio para cualquiera con dos dedos de frente. Pero esto es precisamente lo que muchos teólogos cristianos han hecho con el reino original. Sencillamente lo han cambiado por otro que no tiene las mismas características que el original. Ahora el reino es presentado en las iglesias como uno que es por naturaleza espiritual y celestial, y no teocrático y terreno como lo fue originalmente. Ahora los más de los cristianos creen que Cristo reina y reinará desde los cielos, o que Jesús gobierna en el corazón de los creyentes. Otros creen que el reino es la iglesia misma que reina en el mundo y ejerce su poder y autoridad sobre los pueblos a través de sus “ungidos”. Pero toda esta gama de creencias no se parecen en nada al reino original.

¿ENTIENDE USTED LO QUE ES RESTAURAR EL REINO DE DIOS?


Hechos 1:6: "Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿RESTAURARÁS el reino a Israel en este tiempo?"
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Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Quiero reflexionar con ustedes acerca de lo crucial y trascendental que es creer y buscar primeramente el reino de Cristo, y lo nefasto que puede resultar para aquellos que lo rechazan o trastocan por completo. Y es que el reino de Cristo redundará en nuestra salvación eterna, o lo que es lo mismo decir, en nuestra vida eterna. Aún hoy, los más de los cristianos siguen relegando el reino de Dios a un segundo plano, como si fuera una enseñanza de poca importancia, o como si fuese una doctrina suplementaria que no corresponde a la salvación, cuando en realidad es diametralmente lo contrario.

El Señor Jesucristo dejó entrever que el reino de Dios es su mensaje vital, la meta o el fin de su iglesia, y la única esperanza real de salvación que debe ser buscada, pedida, y esperada por todo auténtico seguidor suyo. Es, en esencia, la razón de ser de toda nuestra carrera cristiana. Jesús dijo: “Buscad PRIMERAMENTE el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será dado por añadidura.” (Mateo 6:33).

En una ocasión un joven rico se le acercó a Jesús para preguntarle qué es lo que debía hacer para ganar la vida eterna—un anhelo que seguramente es el de millones de hombres— y Jesús no tardó en responderle, con estas palabras: “Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?J Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Sus discípulos, oyendo esto, se asombraron en gran manera, diciendo: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

Pues bien, nótese las frases subrayadas del los versos de arriba, e inmediatamente usted concluirá que la vida eterna está asociada con el reino de Dios (= reino de los cielos)…¡y significa nuestra salvación! Así que el reino de Dios no es otra cosa que la salvación o la vida eterna que Jesús nos ofrece. De aquí la importancia de insistir en el mensaje del reino y darlo a conocer al mayor número de personas posible.

Ahora bien, los predicadores contemporáneos enseñan que sólo basta con creer en Jesús para ser salvo, sin explicar puntualmente lo que significa “creer en Jesús”. Lastimosamente, la gran mayoría de potenciales conversos declaran haber aceptado a Cristo, pero siguen ignorando por completo que él vino a predicar el reino de Dios como el evangelio salvador. Estos supuestos conversos siguen perdidos porque no llegaron a aceptar el mensaje salvador que Cristo vino a anunciar y que él pidió que fuese creído y abrigado con mucha fe PARA LA SALVACIÓN (Lean Marcos 1:1,14,15; 16:15,16).

Cristo no es el evangelio

Ahora bien, muchos cristianos creen que Cristo es el evangelio (“el evangelio de Cristo” o “el evangelio sobre Cristo”), cuando en realidad Jesús vino, no a anunciarse a sí mismo, sino algo que él llamó “el reino de Dios”. Sin duda, ese reino involucra un rey, que es nuestro Señor Jesús. Pero Jesús, por sí sólo, NO ES EL EVANGELIO, Recordemos que él enseñó que SU MENSAJE era el evangelio del reino de Dios. San Pablo lo declaró muy bien cuando escribió lo siguiente: “Dios envió MENSAJE a los hijos de Israel, anunciando el evangelio de la paz (que trae el reino, Isa. 9:7) por medio de Jesucristo; éste es Señor de todos” (Hechos 10:36).

Debemos entender que Jesús no nos mandó creer que él es el evangelio salvador, y menos aún, que él mismo es Dios encarnado. Sin embargo, lo que él sí buscó es que la gente creyera en SU PALABRA, enseñanza o evangelio. El sentido real de “creer EN Cristo” sería “creer A Cristo (Su Palabra)”, es decir, creer en Su Mensaje o evangelio, que es el reino de Dios. La prueba de lo que decimos está en Marcos 1:15, donde Jesús dijo: “El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y CREED en el evangelio”. A los judíos incrédulos, Jesús les dijo: “Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho”. Juan 10:26. Como vemos, Jesús estaba interesado en que la gente creyera en su mensaje del reino, porque este mensaje del cielo redundaría en la salvación de los potenciales conversos.

Creer en sus Palabras

He aquí una serie de pasajes en donde Jesús dice que debemos creer en su Palabra:
Marcos 4:20: Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: los que oyen la PALABRA y la reciben, y dan fruto a treinta, a sesenta, y a ciento por uno.
Lucas 11:28: Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la PALABRA de Dios, y la guardan.
Juan 8:51: De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi PALABRA, nunca verá muerte.
Juan 14:23: Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi PALABRA guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.
Juan 15:7: Si permanecéis en mí, y mis PALABRAs permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
Juan 17:6: He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu PALABRA.
Juan 17:8: porque las PALABRAS que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Sin duda alguna el Reino de Dios (el evangelio de Cristo) es la Palabra de Dios que debemos creer y guardar en nuestros corazones. Jesús llamó a “la palabra”, “la palabra DEL REINO”. Vean el siguiente texto:

Mateo 13:19: Cuando alguno oye la PALABRA del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino.

Así que cuando le presentamos al potencial creyente “la palabra de Dios”, lo que estamos presentándole es precisamente el evangelio o palabra DEL REINO. Este evangelio del reino es poderoso, pues salva a todos aquellos que lo creen de todo corazón (Romanos 1:16). Pero muchos creen que predicar la Palabra es anunciar cualquier mensaje que nosotros creamos crucial de las Escrituras. Algunos podrán predicar el evangelio del perdón, el evangelio del amor de Dios, el “evangelio social”, el evangelio de la prosperidad”, el evangelio de la segunda venida, el evangelio de la justificación, etc, pero si ellos no se enfocan en el reino de Dios, de nada vale su predicación porque no están predicando el evangelio verdadero y único (Gál. 1:6-9). Estos predicadores simplemente han permutado el verdadero mensaje de Cristo, que es único e inamovible, por otros que parecen más “sonoros” y creíbles, justo al gusto del inquiridor. Aquí se trata de darle al potencial creyente lo que él quiere oír para atraerlo a la iglesia y hacerlo un miembro más del montón.

Lamentablemente, millones de “cristianos” han aceptado cualquier cosa como el evangelio salvador sin haberse tomado la molestia de averiguar si lo que han recibido como las Buenas Nuevas de salvación es la verdad o un craso error. Simplemente se confían del predicador y se dejan llevar por su carisma y locuacidad, o por su prestigio y reconocimiento “internacional”, y se olvidan de las Escrituras. Sin embargo, aunque sus “evangelios” se escuchen muy estimulantes y espirituales, éstos no tienen ninguna efectividad sanadora y salvadora a largo plazo.

El evangelio del Reino es un mensaje simple y claro

Cuando Jesús apareció en este mundo hace dos milenios, él NO vino a predicar un evangelio ininteligible u oculto a sus paisanos que los metería en un laberinto de ideas contradictorias. En realidad es todo lo contrario, pues él les habló clara y directamente sobre un tema que ellos ya conocían perfectamente. Por otro lado, no tendría sentido que Jesús pretendiese que sus paisanos creyeran en su mensaje del reino, si por otro lado él les estaba anunciando un mensaje arcano, enigmático o velado.

Como cristianos sabemos que Jesús comenzó su ministerio predicando lo siguiente: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mateo 4:17). Es decir, Jesús anunciaba algo que sus paisanos esperaban y entendían perfectamente, por lo que él no vio necesario tomarse la molestia ni el tiempo para explicarles eso que él llamaba ‘el reino de Dios’.

De modo que resulta extraño que algo que Jesús no complicó con elucubraciones complejas, sus supuestos seguidores de los últimos 17 siglos lo hayan enrevesado con especulaciones pueriles que no han hecho sino confundir más a los millones de potenciales conversos.

Desafortunadamente, hombres como Orígenes y Agustín de Hipona, por citar dos insignes teólogos, cambiaron radicalmente el sentido del reino, y trastocaron su noción primigenia con especulaciones alegóricas que no tienen un sustento bíblico sólido en absoluto.

¿Pero qué era el Reino de Dios para los paisanos de Jesús?

Esta es una pregunta necesaria e inevitable que todos los estudiantes de la Biblia deben formularse si quieren saber cuál era el concepto original del reino de Dios. Y es que el reino de Dios como mensaje del Señor no era algo nuevo para los judíos, por tanto son ellos los que deben decirnos qué era lo que ellos creían sobre el reino, y eso se consigue leyendo fundamentalmente los Escritos del Antiguo Testamento. Para cualquier Judío devoto, el reino de Dios era el reino que representó en primera instancia el rey David. En 1 Crónicas 28:5 se dice claramente que el reino de David era el reino de Dios. Dice así el verso en cuestión: “Y de entre todos mis hijos (porque Jehová me ha dado muchos hijos), eligió a mi hijo Salomón para que se siente en el trono del reino de Jehová sobre Israel”. Nótese que David dice que su trono es el trono del reino de Jehová. Por tanto, el evangelio del reino de Dios es el evangelio del reino de David que será restaurado en la parusía por un notable heredero del trono. Recordemos que el reino de David quedó suspendido desde el 587 AC, cuando el último rey davídico, Sedequías, fue depuesto de su trono por el rey Nabucodonosor. Desde esa fecha los Judíos no han tenido un rey judío que los gobierne, aunque ellos sabían que llegaría un día en que dicho reino davídico sería restaurado nuevamente por la fuerza de un descendiente real de David, llamado: “El Deseado de todas las Naciones”, “Aquel varón”, “El Príncipe”, “El hombre noble”, etc. Dice Ezequiel 21:25-27, así: “Y tú, profano e impío príncipe de Israel, cuyo día ha llegado ya, el tiempo de la consumación de la maldad, así ha dicho Jehová el Señor: Depón la tiara, quita la corona; esto no será más así; sea exaltado lo bajo, y humillado lo alto. A ruina, a ruina, a ruina lo reduciré, y esto no será más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo entregaré”. Esta es una sentencia divina contra el rey impío Sedequías, pero es también una promesa de restauración futura por medio de un varón designado por Dios que ya tiene el derecho de tomar el trono y el reino por sus justos méritos (
Hechos 2:36: “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho SEÑOR y Cristo”), es decir, le ha hecho ‘Señor Mesías’, el varón ideal para restaurar Su reino.

Los discípulos sabían perfectamente qué era el reino de Dios

Cuando Jesús estaba ya a punto de partir al cielo, después de haber estado privadamente con sus discípulos por 40 días hablándoles exclusivamente del reino de Dios (Hechos 1:3), éstos le preguntaron si dicho reino buscado y esperado por ellos sería restaurado a Israel en ese momento o tendrían que esperar aún más tiempo (ver Hechos 1:6), y Jesús, que los estaba escuchando atentamente, no se sorprende por lo que oye, ni les reprende por semejante interrogante, porque la pregunta, aunque a muchos no les guste, fue inteligente, oportuna y correcta. Y es que sus discípulos habían entendido perfectamente que el reino davídico tendría que ser restaurado a Israel de todos modos, ¡y cuanto más antes, mejor!

Así que el Reino de Dios es algo que deberá ser restaurado a Israel en algún momento en el futuro. Y cuando se habla de un reino restaurado, lo que se quiere decir es que ese reino existió en un lugar y pueblo definidos, que desapareció por la impiedad del último rey y su pueblo, y que debe volver a aparecer en el futuro exactamente en el mismo lugar y pueblo con un rey legítimo. Así pues, si el reino fue terrenal y político, entonces deberá ser restaurado como un reino terrenal y político, porque cualquier otra forma de presentación no sería igual al original, y por tanto, no podría hablarse de una verdadera restauración del reino original. Si restauro un jarrón resquebrajado de barro y de color negro, y termino presentando un jarrón de cristal amarillo trasparente, ¿podríamos decir que dicho jarrón ha sido restaurado fielmente? Si cualquier cosa restaurada no se parece al original, entonces no se ha hecho una verdadera restauración de esa cosa. Eso es obvio para cualquiera con dos dedos de frente. Pero esto es precisamente lo que muchos teólogos cristianos han hecho con el reino original. Sencillamente lo han cambiado por otro que no tiene las mismas características que el original. Ahora el reino es presentado en las iglesias como uno que es por naturaleza espiritual y celestial, y no teocrático y terreno como lo fue originalmente. Ahora los más de los cristianos creen que Cristo reina y reinará desde los cielos, o que Jesús gobierna en el corazón de los creyentes. Otros creen que el reino es la iglesia misma que reina en el mundo y ejerce su poder y autoridad sobre los pueblos a través de sus “ungidos”. Pero toda esta gama de creencias no se parecen en nada al reino original.

Un llamado urgente

Es hora de que todos los cristianos tomen conciencia del evangelio salvador que es el reino de Dios y lo acepten de todo corazón como el mensaje salvador que Cristo trajo por orden del Padre. Recuerden lo que Jesús dijo: “Es necesario que también a otras ciudades ANUNCIE EL EVANGELIO DEL REINO DE DIOS, porque PARA ESTO HE SIDO ENVIADO” (Lc. 4:43). Y también debemos predicar y bautizar a las personas sobre la base del reino de Dios ( ver Mateo 24:14; Hechos 8:12).

Es necesario conservar el significado original del reino de Dios tal como los Judíos lo creen aún hoy día. Para ellos, cualquier cosa que se predique como el reino que no se ajusta a sus expectativas mesiánicas, no es el auténtico evangelio. Recordemos que Jesús no vino a cambiar o a trastocar las prístinas promesas hechas a los padres Hebreos por Dios mismo, sino a CONFIRMARLAS (Ver Romanos 15:8). Y confirmar no es cambiar o mutar la promesa original.

En este blog encontrará todos mis escritos sobre el Reino que le podrán ayudar entender mejor el evangelio original no trastocado. Simplemente busque la palabra REINO en la columna de la izquierda…¡y listo!

Gracias por leer…. ¡y estaré a la espera de sus comentarios!

www.apologista.wordpress.com

jueves, 27 de mayo de 2010

LOS CLAUSTROS NO FORMAN SANTAS SINO PARANOICAS




Las Monjas de Loudun

Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

No hace mucho escuché en una entrevista que le hizo un afamado periodista peruano a una guapa joven monja de un claustro limeño, en la cual ella le confesaba a su interlocutor que se había hecho monja de clausura para llegar a ser una verdadera santa de la iglesia, es decir, una virtuosa y ejemplar hija de Dios. Realmente me sentí muy sorprendido por tal declaración, ya que yo jamás había leído en las Santas Escrituras que para llegar a ser un santo era necesario recluirse en cuatro paredes y vivir en una permanente contemplación o meditación. Debo decir, sin embargo, que a esta joven monjita se le veía feliz, aunque claro, todavía era para mí muy prematuro hacer un juicio sobre si su decisión fue acertada o no, pues ella aún tenía muy poco tiempo viviendo en dicho recinto hermético, donde le requerían vivir totalmente alejada de sus parientes, amigos e intereses “mundanales”.

En diferentes oportunidades yo había escuchado de monjas de clausura que no vivían tan felices que digamos, y recuerdo el caso en particular de una señora que ocasionalmente le dejaba recados a su hermana monja, donde escondía cassettes del afamado pianista Richard Clayderman, de quien la monja estaba platónicamente enamorada. Me imagino cómo estaría de atormentada aquella monjita sin poder escuchar personalmente a su galán platónico, sino sólo en la privacidad de su dormitorio, y a escondidas de las madres superioras por temor a los reproches. Sin duda, muchas monjitas deben estar viviendo ahora un martirio en la soledad de sus celdas, arrepentidas por momentos de haberse privado de tener su hogar propio como cualquier dama aspira debido a su propia naturaleza de mujer. Este sentir, si bien puede pasar desapercibido en los primeros años de la vida monacal, en la madurez puede volverse angustiante y hasta enloquecedor.

También recuerdo el día cuando me detuve para descansar dentro de un templo católico que lindaba con un claustro donde vivía un número regular de monjas en reclusión permanente. Lo que sucedió momentos después me hizo ver que la vida monacal no está lejos de ser inocua, y por el contrario, parece trastornar a muchos de sus acogidos en un mayor o menor grado. Resulta que mientras reposaba en una de sus bancas, de pronto salió corriendo una monjita gritando desaforadamente hacia la capilla, la cual estaba separada por una malla de madera, y pronunciando palabras tan obscenas que sólo podían salir de labios de una endemoniada, o de una paranoica, para ser más técnicos. Y pese a los esfuerzos de cinco personas del convento, éstas no lograban zafarla de la malla divisoria a la cual se había aferrado como un oso gris, hasta que por fin lograron sujetarla con fuerza y meterla al recinto con tremendo escándalo. Asustado me pregunté: ¿Qué le pasará a esta monjita tan necesita de los favores de un caballero fogoso? ¡Seguramente no soporta más el encierro y necesita urgentemente un esposo que la ponga en Fa, me dije! …Caray, después de ser testigo de tan vergonzoso suceso, me pregunté: ¿Se puede llegar a la santidad en estos siniestros claustros que parecen mazmorras?

Sin duda la santidad no se logra huyendo de la tierra para vivir sepultados bajo techos de ladrillo y cemento. La historia de la iglesia Católica está repleta de inmoralidades practicadas por monjas y monjes que decidieron dedicar sus vidas monásticas al Señor. Se sabe que claustros y conventos en la Europa medieval fueron antros del vicio y de la corrupción, hasta el punto que se hablaba de las monjas posesas de un convento completo de ursulinas de loudun, en Francia, en el siglo XVII. Así que ni los conventos ni los claustros se salvan de los ataques diabólicos, y no sirven para santificar a ningún devoto.

El santo está llamado para que su luz brille en el mundo y se haga notoria su distinción. ¿Pero puede lograrse esto si las monjas o monjes deciden vivir encerrados en cuatro paredes para meditar y rezar sin que nadie los vea jamás?¿No se dan cuenta las monjitas de clausura que encerradas de por vida como si fueran delincuentes imperdonables jamás podrán alumbrar el mundo con su luz? La luz se pone en lo más alto para que todos la vean y así alumbre a todos los hombres que viven en tinieblas espirituales. ¿Nos damos cuenta ahora de lo peligrosa e infructífera que es la vida monástica del catolicismo o la de cualquier monje o monja de cualquier otra religión del mundo?

miércoles, 26 de mayo de 2010

EL ESPÍRITU SANTO, LA FÍSICA CUÁNTICA Y EL “BIG BANG”


Mayo 26, 2010 – 4:05 pm
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Cuando Juan Carlos dice que los científicos de la física cuántica están más cerca de Dios que los del Vaticano, no le falta razón, es que la única respuesta posible ante el gran dilema que tienen planteado solo puede ser Dios, el Espíritu Santo que es la energía del Amor que llena todo el Universo conocido y no conocido.
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¿Cual es el gran dilema que se plantean los científicos actuales y que jamás podrán resolver sin poner a Dios en la ecuación?, pues después de haber llegado a la teoría de las cuerdas, que es la que mejor define la estructura del átomo, y da una respuesta lógica, científica a su propia existencia, concretamente de su núcleo, los quark, se encuentran con un problema que no tiene solución, ¿por qué las tres energías básicas de la materia no son iguales, y son como son, tan distintas?, éste es el gran problema de la física cuántica actual sin solución.
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Las energías que componen la esencia de la materia, las tres fuerzas básicas que la constituyen son, la fuerza de la gravedad, que permite que las cosas estén sujetas al suelo, y que se atraigan los cuerpos celestes, formando sus órbitas, la fuerza de cohesión, que hace que los electrones y los protones giren alrededor del núcleo del átomo, sin escaparse de las órbitas, y la fuerza nuclear que hace que los quark no se separen del núcleo. Sin estas tres fuerzas no existiría la materia, todo sería energía sin forma, todo sería luz, que es lo que había antes de la creación de la materia.
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Hasta aquí, normal, lo que no es normal y no tiene solución, es que si esas energías o fuerzas se formaron en el momento del Big Bang, creando a la vez la materia, el tiempo y el espacio, saliendo como afirma la ciencia de una manera aleatoria, sin nadie que dirigiera el acontecimiento del nacimiento del Universo, pues en vez de ser iguales esa tres fuerzas, que sería lo lógico, resulta que la de la gravedad es 10.000 veces más potente que la de cohesión, y la de cohesión, mil veces más fuerte que la nuclear, y eso no puede ser normal, ¡no puede ser una casualidad!.
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Y ¡están desconcertados!. No pueden avanzar, no tiene solución matemática ni física, y son tan listos pero a la vez tan cretinos, que se niegan a admitir que solo Dios es la respuesta, porque si las tres fuerzas se crean en el primer milisegundo de tiempo después del Big Band, ¡no pueden constituirse tan diferentes sin la intervención Divina!, lo que demuestra que el Verbo de Dios está detrás de la creación de la materia, solo puede existir así, y eso solo lo sabe Dios, no es una casualidad, es la causalidad de Dios, su Voluntad manifestada de crear materia para poder albergar luego vida, para seguir el proceso evolutivo y llegar al hombre, no como descendiente del mono, gran falsedad asumida por casi todo el mundo, sino al hombre como una creación de Dios a su imagen y semejanza, por eso nos dotó de inteligencia, que es un atributo de Dios, y del hombre en una infinitésima parte y le dio el don más importante, el de la espiritualidad, y es el hombre espiritual que hoy está en peligro de extinción.

Dejadme que os explique un poco lo del Big Bang, los científicos sostienen que antes del Big Bang no había materia, ni espacio ni tiempo, lo cual es cierto, solo había luz, la Luz del Espíritu Santo, ellos como no la comprenden le llaman “la nada”.
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Pero curiosamente, en esa nada, había una partícula de algo que no se sabe lo que es, que contenía toda la energía del universo a unas presiones y temperaturas infinitas y en un punto infinitamente pequeño. Fijaros a donde llega el maligno, que ellos ven más claro que dentro de la nada hubiera algo infinitamente pequeño, casi nada, que se acerca a “la nada” que es donde estaba esa partícula desconocida, (que ahora intentan crear sin éxito en el gran acelerador, y ya lo pueden probar, que nunca la podrán crear), una partícula que no saben lo que es, y que le acaban llamando la partícula de Dios, pero no quieren llegar a la aceptación de Dios, a la verdad, la única posible, que Dios ha dirigido esa creación, porque lo más importante, si esas tres fuerzas tuvieran proporciones diferentes, la materia, la vida y el hombre no hubieran sido posibles, solo esa ecuación era la correcta, y eso solo lo puede saber Dios y solo lo puede hacer Dios. ¿Punset, puede la ciencia demostrar que detrás de la creación del Universo no está Dios, que hizo lo único que se podía hacer?, y eso no puede ser fruto de la casualidad.
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Bueno pues esa partícula de Dios, en un momento dado, que tampoco tiene explicación, y Dios sí la da en el Génesis, Él creó la materia creando la partícula de Dios en su mente, y la energía, con Su Verbo, y el Amor del Espíritu Santo creó el resto hasta hoy.
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Pues el Big Bang es la partícula de Dios que explota y crea el tiempo, que no existía hasta ahora, necesario para la materia y especialmente para el espacio, que fijaros que es relativo al tiempo, esencial, el espacio, necesario para que la materia circule por algún sitio, y la materia en forma de energía, que se expande y choca entre si, fundiéndose sus núcleos y creando átomos, el ladrillo del universo, que se forman por las fuerzas de cohesión y la nuclear, y la de la gravedad, que también se forma en esa explosión gratuita, junto a la energía nuclear que da consistencia al átomo, y la de cohesión que posibilita su existencia al cerrar los campos gravitatorios de los electrones y protones en un universo pequeño, lleno de vacío, puro vacío.
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¿Hasta aquí, esta claro?, fijaos, un resumen, de ese punto vacío y pequeño donde todo está condensado, explota y sale por las buenas energía en forma casi infinita, y tres fuerzas la de la gravedad, la de cohesión y la nuclear, así, sin más. Pero no iguales al nacer, sino muy, pero muy diferentes, en una proporción única que posibilita la vida. Hasta aquí llega la ciencia, nada más. Pues esa materia creada de la nada, según los científicos, gracias a las fuerzas de la gravedad, la de cohesión y la nuclear, se van uniendo entre sí, y forman cuerpos celestes, y estrellas, y planetas, y bueno el resto ya lo sabéis, salvo lo del mono, lo demás todo es cierto, lo del mono es una invención del maligno para convertiros en seres des-espiritualizados, que es lo que ahora sois.
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El Universo así creado y conocido por la ciencia es infinito, y sostiene que es así porque no puede ser de otra manera, después de muchas pruebas y mucho tiempo, lo que hay es lo que tenía que ser, es lo que no se ha destruido por aquello, de prueba error o acierto. Lo que no se acertó no existe, y lo que existe ha superado la prueba del tiempo. Esta filosofía es la que hoy impera en la comunidad científica actual, y se lo creen.
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Es como si escogiéramos una obra de Mozart, cogiéramos todas sus partituras, les sacáramos todas las notas, una a una, las pusiéramos en un bombo, las mezcláramos bien, y luego al sacarlas aleatoriamente volviera la misma melodía, la misma obra, es imposible, pero ellos se lo creen, ¡sí se lo creen!, se creen que se puede formar la obra de Mozart de forma aleatoria, y quieren que os lo creáis, así la belleza de la creación, esa sublimidad de la belleza, en la naturaleza, en los animales, en las plantas, todo eso es una casualidad, dicen ellos, se ha formado aleatoriamente, y una ley del universo es que todo tiende al caos, lo evidente no lo ven, no ven la mano del Espíritu Santo detrás.
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Bueno para llegar a conocer esa creación, ese Big Bang, necesitan conocer algo de la estructura del átomo, y han hecho muchos progresos, casi logran conocer cómo se constituye el átomo, como también están cerca de crear vida, como también pretenden crear la partícula divina. El hombre quiere ser como Dios, pero nunca podrá, mientras, le niega, cierra los ojos ante lo evidente.
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Al estudiar lo infinitamente pequeño se han encontrado con la física cuántica, y ahora están más cerca de Dios que nunca, fijaros.
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Os voy a contar tres cualidades de la física cuántica, a ver si lo entendéis, porque ellos lo entienden, lo han comprobado científicamente.
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Una, una partícula cuántica puede estar y no estar en el mismo momento de tiempo y espacio.
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Dos, una partícula cuántica puede pasar por dos agujeros diferentes en el tiempo y en el espacio, a la vez.
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Tres, las partículas cuánticas son impredecibles, nunca siguen un patrón.
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Bueno, decidme, ¿no es más fácil aceptar a Dios que a esas tres condiciones, que son así?, si, la ciencia lo sabe, pero no acepta a Dios. Entonces, ¿también se crearon esas leyes universales en la explosión del Big Bang por casualidad?, ¿no es más correcto decir que el universo se creó con esas leyes, porque Dios lo dispuso así?, si no fuera así, la materia tampoco existiría, luego concluyendo, ¿no son ya muchas casualidades?
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El átomo es el ladrillo del Universo creado, se compone de un núcleo, y a su alrededor, fijaros bien, hay espacio vacío, alrededor del núcleo, como si de nuestro universo se tratara, giran electrones, y protones, y fotones, y muchas cosas más, pero es un espacio vacío. ¿Lo estáis entendiendo?, todo lo que vemos es falso, no existe, ni nuestra propia existencia existe, si no fuera por la voluntad de Dios de que seamos lo que somos, y que veamos y sintamos lo que sentimos y vemos, seríamos solo espacio vacío, la misma nada de la que salimos, que es lo que somos cuánticamente, y esto es ciencia, no fe.
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Pero dentro del núcleo del átomo, hay tres quark, la partícula de materia más pequeña que se conoce, y la pregunta es, ¿de donde reciben energía estos quark que forman el núcleo del átomo?, el ladrillo del universo, todo lo que existe en el plano físico está compuesto por átomos, y todos los átomos son iguales. ¿Hasta aquí lo habéis comprendido?, bueno, pues dentro de los quark hay unas “cuerdas” que vibran, (de ahí la teoria de las cuerdas), esa vibración también se creo de la nada, por casualidad, (y ya van demasiadas para no pensar que Dios es la única respuesta posible), esas cuerdas vibran también aleatoriamente, sin nadie que dirija esta sinfonía universal que es la creación, y que sin un director de orquesta especialmente bueno, no podría interpretar la actual sinfonía universal de belleza que disfrutamos ahora.
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Y lo más importante, si esas cuerdas no vibraran, se acabaría la materia al momento, se acabaría el universo en un instante, así de simple, luego, si no es Dios quien hace vibrar esas cuerdas con Su Verbo, y la energía del Espíritu Santo, ¿por qué vibran?, ¿otra casualidad?
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Si habéis llegado hasta aquí, y seguís sin aceptar a Dios en vuestros corazones, o al menos sin plantearos en serio esta cuestión, que debería de ser la más importante en vuestras vidas, es que ya estáis desespiritualizados totalmente, y nada se puede hacer ya por vosotros.
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Me gustaría que alguien le enviara una copia de este artículo a Eduard Punset, se lo dedico con cariño especial, casi todo lo que se de física cuántica, lo se gracias a él.
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Por cierto señor Punset, la pregunta correcta no es si podemos demostrar la existencia de Dios con estas preguntas, la pregunta correcta, y por tanto la única, es, ¿puede la ciencia demostrar que sea falso que solo Dios ha podido hacer las cosas así, o cree que alguien se pueda creer que es producto de la casualidad?
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