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sábado, 14 de marzo de 2009

12 RAZONES PARA NO ESPERAR UN RAPTO PRETRIBULACIONAL




De: ToughIssues.org

Por Darryl Eberhart
[…]

1. Como escritor Pre-Tribulacionista y líder, John Walvoord admite que no hay un solo versículo de la Escritura que por sí solo enseñe claramente el rapto Pretribulación.

2. Los pre-tribulacionistas fuerzan suposiciones en muchos versos cruciales de la Biblia – especialmente asumiendo que todas las referencias a los “santos” y a los “elegidos” (que están siendo perseguidos y martirizados durante “la tribulación” del tiempo del fin) deben referirse a “aquellos individuos que se salvan DESPUÉS de que el rapto pre-tribulación ha tenido lugar (Otra vez, ¿cómo se salvan todas estas personas durante “la tribulación” de los tiempos del fin si la “Iglesia” y el “refrenador” [i.e ., El Espíritu Santo según los pretribulacionistas] han sido removidos?)

3. No podemos encontrar una sola instancia en el Nuevo Testamento donde el Señor Jesucristo, el Apóstol Pablo, el Apóstol Pedro, o el Apóstol Juan hicieran alguna declaración en el sentido de que “la iglesia debe ser evacuada completamente del ”planeta Tierra“ siete años ANTES del comienzo del período de tribulación de los tiempos del fin. ¿No es esto un poco extraño si el punto de vista profético del Rapto pre tribulación es lo correcto?

4. A pesar de sacar varios textos fuera del CONTEXTO de los escritos de algunos padres primitivos de la iglesia, los Pre-tribulacionistas realmente NO PUEDEN ENCONTRAR ninguna enseñanza predominante y popular que apoye el punto de vista profético del rapto pre-tribulación en cualquier era de la historia de la Iglesia antes de los 1830s.

5. Muchos hombres eruditos de la fe cristiana, como John Bunyan, Charles Spurgeon, Charles Finney, John Knox, Juan Calvino, Martín Lutero, George Whitefield, etc., ¡fueron todos creyentes sólidos del post Tribulacionismo!

6. El Rapto pretribulación es un negocio rentable para los escritores pre-Tribulacionistas. No obstante, hay algunos pre Tribulacionistas que admitirán que el punto de vista profético del Rapto Tribulacional es todavía un punto de vista minoritario entre los estudiosos de la Biblia. ¿Cómo puede ser eso, podría usted preguntar, puesto que tantos libros de profecía favorecen el punto de vista “pre Tribulacional”? Eso es porque muchas de las principales casas publicadoras “cristianas” están, en la mayoría de los casos, CONTROLADAS por “cristianos liberales”. Los escritores Post-Tribulacionistas a menudo encuentran sumamente duro publicar sus libros por estas casas editoriales, porque el Rapto pre-Tribulacional “vende”. (Puede ser eso porque el rapto pre-Tribulacional atrae a una mentalidad “escapista? Es esa mentalidad de “¡Ciertamente no quiero estar aquí cuando el anticristo se presente!” El punto de vista del rapto pre-Tribulacional apela a nuestra “carne” – después de todo, ¿quién quiere afrontar la persecución?) También, Dr. Robert “Bob” Gundry dice que la mayor parte de los profesores en los colegios bíblicos que él conoce sostienen el punto de vista del rapto post Tribulacional. El agrega que algunos de los profesores en las universidades de la Biblia de la “Persuasión del rapto pre-Tribulacional” sostienen el punto de vista Post-Tribulacional, pero no pueden decirlo públicamente por miedo de perder sus posiciones! ¡Los estudiantes que abiertamente apoyan el rapto post-Tribulacional en estas “Universidades de la Biblia pre- Tribulacionistas” podrían no permitírseles graduarse!

7. ¡A pesar de que a muchos Pre-tribulacionistas les desagrada el autor Dave MacPherson, no han podido desmentir sus conclusiones bien documentadas que demuestran que los orígenes del rapto Pre Tribulacional se remotan a los 1830s – y no antes de ese tiempo! Tampoco los Pre- tribulacionistas han podido desmentir las conclusiones de MacPherson de que la inmensa mayoría de los padres antiguos de la iglesia enseñaron que la iglesia experimentaría “la tribulación de los tiempos del fin – y montones de tribulaciones a lo largo del camino hacia “la tribulación de los tiempos del fin”.

8. La enseñanza pública del Rapto pre-tribulacional se originó en las Islas Británicas durante los 1830s. (Los jesuitas hicieron alguna “creatividad futurista” en la arena profética muchos años antes de esa vez). La teoría Pre Tribulacional“ fue entonces “transportada” para América un poco más tarde, y fue popularizada por la “Biblia de Estudio de Scofield”.

9. ¡Para creer en el Rapto Pre-Tribulacional, uno debe ignorar varios versos cruciales de la Biblia que hablan directamente en contra del Rapto Pre-Tribulacional, como Juan 17:15, donde el Señor Jesucristo Mismo ora que el Padre NO saque a los creyentes FUERA del mundo – y 1 Tesalonicenses 4:16, 17 (que dice que los cristianos que vivan en el tiempo del regreso de Jesucristo no son tomados HASTA DESPUÉS de que” los muertos en Cristo son levantados primero)!

10. Creer en el rapto pre Tribulacional, me parece, va en contra del tema prevaleciente de esas porciones de la Biblia que se ocupan de la tribulación y la persecución. Ese tema prevaleciente es la “preservación EN MEDIO DE la tribulación” (¡Por favor recuerde la historia de Daniel en la guarida de los leones, y de Shadrach, Meshach, y Abed-Nego en el horno ardiente!)

11. Para creer en el Rapto Pre-Tribulacional, usted tiene que SUPONER QUE usted estará entre un “grupo muy selecto” de Cristianos que no tendrán que sufrir cosas horribles durante “la tribulación” de los tiempos del fin. Su “grupo selecto” excluye a aquellos millones de cristianos de siglos pasados que no fueron “evacuados en el aire” de su tribulación y sufrimiento, y los muchos individuos que se “salvaron” (i.e., “Renacidos”) durante “la tribulación” de los tiempos del fin, y que sufrirán martirio!

12. El punto de vista del Rapto pre Tribulacional, en la mayoría de los casos, parece producir FRUTO muy malo – es decir, parece tener “neutralizados” a muchos cristianos que viven hoy, causándoles a que se recuesten y no comban el mal. (Y eso es porque ellos no estarán aquí cuando las cosas se pongan realmente malas.) ¿Podría esta “doctrina” haber sido específicamente diseñada para “neutralizar” a los cristianos?



jueves, 12 de marzo de 2009

¿EN VERDAD VENDRÁ OTRA VEZ JESUCRISTO?



Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).


« Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: El Verbo de Dios» (Ap.19:11-13).


No cabe la menor duda, que en estos textos se describe el esplendoroso y asombroso regreso de Jesucristo a la Tierra por segunda vez para instalar su reinado majestuoso y que tendrá una duración de mil años, según Ap. 20. 4, 6. Este reinado se caracterizará por un gobierno de justicia, de santidad, de amor, de paz y de restitución terrenal. La segunda venida de Cristo, sin temor a equivocarnos, será literal. La Escritura no insinúa la alegorización de los versículos que tratan esta situación. Su espiritualización, sale sobrando por demás. Tan literal será su venida, cómo qué el sol es sol, y el mar es mar.

En el libro de los Hechos se relata el acontecimiento de la ascensión de Cristo hacia el cielo, en Betania (Lc.24:50), después de su resurrección. Aquí, hubo testigos presenciales de este suceso de milagroso poder. El libro de los Hechos muestra que durante el momento de tener los mencionados testigos los ojos puestos en el cielo, viendo la ascecención gloriosa del Señor, después de que una nube lo ocultó de sus ojo, aparecieron dos ángeles que revalidaron las palabras de Cristo con respecto a su retorno futuro al Planeta Tierra, en poder tremendo y visible para el ojo humano (véase también: Mr.13:26; Ap.1:7):

«Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo» (Hech. 1:9-11).


La Biblia afirma que Cristo volverá al Mundo nuevamente (Mt. 24:30-31). Su regreso está relacionado con el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento:

«Yo publicaré el decreto;Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú;Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones,Y como posesión tuya los confines de la tierra.Los quebrantarás con vara de hierro;Como vasija de alfarero los desmenuzarás» (Sal. 2:7-9).

«Después saldrá Jehová y peleará con aquellas naciones, como peleó en el día de la batalla. Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur» (Zac.14:3-4).


« Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto» (Is. 9:6-7).

«Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová. Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura» (Is.11:1-5).


« ¿Quién es éste que viene de Edom, de Bosra, con vestidos rojos? ¿éste hermoso en su vestido, que marcha en la grandeza de su poder? Yo, el que hablo en justicia, grande para salvar. ¿Por qué es rojo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? He pisado yo solo el lagar, y de los pueblos nadie había conmigo; los pisé con mi ira, y los hollé con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y manché todas mis ropas. Porque el día de la venganza está en mi corazón, y el año de mis redimidos ha llegado. Miré, y no había quien ayudara, y me maravillé que no hubiera quien sustentase; y me salvó mi brazo, y me sostuvo mi ira. Y con mi ira hollé los pueblos, y los embriagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre» (Is.63:1-6).

«Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido» (Dn. 7:13-14).


La Biblia, en el libro de las Revelaciones en el Nuevo Testamento dice con relación a Cristo, que: «todo ojo le verá»:

« He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén» (Ap. 1:7).


Cristo será visto en su retorno escatológico por todos los individuos que estén vivos en el Mundo, «Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días», en el tiempo de mayor conflicto y maldad experimentado por lo hombres, la gran tribulación final (Mt. 24:21, 29). Abarca en este cumplimiento tanto gentiles como judíos: «Los que le traspasaron», además, «todos los linajes de la tierra…». Cristo profetizo que él regresaría en una nube del cielo en poder y en gran gloria, y sin lugar a dudas, no hay razón para argumentar en contra del concepto literal que encierra esta predicción.

«Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria» (Lc.21:27).


Esta descripción del Cristo victorioso en su regreso (Ap. 1:7) aparece nuevamente en Ap. 14:14, 18-20; 19:1121; 20:7-10.

Amable lector: no se quede con la duda que trae confusión; lea bien el escrito y los textos bíblicos adjuntos para que comprenda con facilidad la verdad, si es que no la conoce tal como debe ser.

Dios les bendiga y lo guarde siempre.


“Y ESTE EVANGELIO—¿DE QUÉ?— SERÁ PREDICADO A TODAS LAS NACIONES COMO TESTIMONIO” (Mat. 24:14)


Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)


Millones de llamados cristianos dicen creer en el evangelio de Jesucristo, y no obstante, cuando uno les pregunta qué es eso que la Biblia llama “evangelio”, no saben qué responder. Esto resulta sorprendente, inaudito, y trágico. Sí, en la Biblia aparece la palabra “evangelio” como algo de uso común entre los cristianos del primer siglo. Los apóstoles se encargaron de hacerlo conocer a los judíos, y más adelante, los no judíos oirían de él también. Ellos se esmeraron en cumplir con la gran comisión dejada por Jesucristo antes de partir al cielo, la cual decía: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado.” (Marcos 16:15,16).

El verdadero Evangelio perdido de Jesús

Si mi amigo, millones de cristianos dicen haber creído en el evangelio de Cristo sin saber en qué consiste. Me permito preguntarle: ¿Qué es para usted el evangelio de Jesucristo? ¿Lo puede probar con la Biblia? Las opiniones personales en cuestiones de fe no son seguras si no están basadas en la Biblia. Esto debe entenderlo usted muy bien, pues puede terminar desviándose de la verdad que salva (Romanos 1:16). Pero Jesús fue muy claro cuando habló del evangelio y lo llamó claramente: “Este evangelio DEL REINO” (Mateo 14:14).

Un Evangelio Mutilado:

Otro grupo de cristianos, un poco más entendido, sostiene que el evangelio está definido claramente en 1 Corintios 15:1-6, donde San Pablo dice: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis... porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día según las Escrituras ; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a quinientos hermanos... después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mi”.

Aquí hay una interesante definición paulina de lo que es el evangelio de Jesucristo: Este es que Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado, y resucitó glorioso al tercer día, siendo visto por muchos testigos. Si, este es parte del evangelio de Jesucristo, pues no sólo Jesús anunció su muerte para la redención de los pecadores, y su resurrección gloriosa, sino también algo más antes que eso. En este punto muchos cristianos se pierden en lo etéreo.

El Evangelio Completo:

He aquí ahora la clara definición del verdadero evangelio de Jesucristo que millones aún ignoran, pero que usted ahora tiene el privilegio de conocer por primera vez en su vida. El que tiene oídos para oír, que oiga. En primer lugar, debemos comenzar diciendo que Jesús no inició su predicación anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. Veamos el Evangelio de San Marcos capítulo 1 y versos 1, 14 y 15. Aquí se lee lo siguiente: “Principio del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios...Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”.

Nótese que el principio del evangelio de Jesucristo no era su muerte, sepultura, y resurrección al tercer día, sino: ‘el Reino de Dios’. Sí, Jesús trajo su evangelio, el cual comenzaba con el anuncio del reino de Dios. De modo que el reino de Dios es parte del evangelio de Jesucristo. Ahora bien, si leemos nuevamente el Evangelio de Marcos capítulo 8 y verso 31, veremos que Jesús completa su evangelio anunciando su muerte, sepultura y resurrección al tercer día. El verso dice: “Y comenzó (Jesús) a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días”.

Entonces el evangelio completo de Jesucristo---sin mutilaciones--- es este: El anuncio del reino de Dios en la tierra; y la muerte, sepultura y resurrección de Cristo al tercer día para asegurarnos el ingreso a dicho reino por la fe. En buena cuenta, Jesús vino a ofrecernos algo maravilloso llamado “el reino de Dios”. Pero para participar de él, uno tiene que ser redimido por la muerte de Cristo en la cruz. Y la seguridad que se tiene de que todo lo prometido por Cristo será una realidad se confirmó con su propia resurrección de entre los muertos (1 Corintios 15:12-20). Si él resucitó para recibir un reino de su Padre (Lucas 19:12), entonces también nosotros resucitaremos para recibir dicho reino de Dios cuando Cristo vuelva nuevamente a este mundo en persona (Mateo 25:31,34). En resumen: Jesús trajo el “Qué” (la herencia del Reino de Dios) y el “Cómo” (por la fe en su muerte y resurrección al tercer día, y de lo que esto significa para todo pecador arrepentido). Entonces, el “QUÉ y el “CÓMO” constituyen el evangelio de Jesucristo. El “FIN” y el “MEDIO”.

La Definición Original del Evangelio del Reino de Dios:

En primer término, debemos de definir lo que quiere decir “evangelio”. Esta palabra viene del Griego “evangelon” que quiere decir: “Buenas Nuevas” o “Buenas Noticias”. De modo que Cristo fue el Portador de buenas noticias para un mundo sin esperanza y sin rumbo. Él predicó las buenas noticias del reino de Dios y también su muerte y resurrección al tercer día para nuestra redención, para hacer posible nuestra herencia de dicho reino.

Algunas religiones “cristianas” sostienen que el reino de Dios no es otra cosa que “Cristo reinando en nuestros corazones”. Otras conocidas iglesias o denominaciones cristianas sostienen que “el reino de Dios es la iglesia que Cristo fundó hace dos milenios”. No obstante, el reino de Dios no es ninguna de esas dos definiciones que se están propagando en el mundo cristiano. La Biblia enseña que un reino es un forma de gobierno como lo es el reino de Inglaterra, de España, de Jordania, etc. Este implica un rey o una monarquía, súbditos, leyes, y territorio. De modo que el reino de Dios es la monarquía de Dios, con un rey soberano, súbditos, leyes, y territorio.

En el Antiguo Testamento encontramos reyes y reinos. El reino de Babilonia, con su rey Nabuconodosor; el reino de Grecia, con su rey Alejandro el Grande; el reino de Persia, con su rey Ciro; el reino de Israel, con su rey David, sólo por citar los más importantes. Ahora bien, Israel tenía una monarquía real que formalmente comenzó con David. Este reino de David y de sus descendientes fue llamado: “el Reino de Dios” (1 Crónicas 28:5). Cuando David murió, su hijo Salomón lo reemplazó, y así sucesivamente, hasta que en el año 587 A.C, el rey de turno de Israel---Sedequías---fue derrocado por Nabuconodosor. Desde esa fecha, Israel no ha tenido más reyes. Pero el reino de Dios significará que Dios restaurará nuevamente la línea real de los reyes judíos en la persona de otro judío noble, descendiente de David (Ezequiel 21:25-27).

Sí, el reino de Yahweh (Jehová) será restaurado nuevamente en Israel a través de un descendiente de David, el rey (Hechos 1:6). ¿Quién podría ser ese personaje? La respuesta está en Mateo 1:1 que dice: “Libro de la genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham”. Aquí tenemos un hecho irrefutable, y es que Jesucristo desciende de un rey famosísimo de Israel. En buena cuenta, Jesús es de “sangre azul” y con el derecho legítimo de tomar nuevamente el territorio israelita, y el trono de su ancestro David. En efecto, en Lucas 1:31-33 leemos: “Y ahora concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”. Esto es clarísimo. Cristo reinará en el trono de su padre en la carne, David. Su territorio y sus súbditos serán Israel y los israelitas. Recuerde que Dios le cambió a Jacob de nombre. Ese nuevo nombre fue: Israel. Entonces Cristo reinará sobre la casa de Israel, y Jerusalén será la ciudad capital del reino de Cristo o también llamado: El Reino de Dios (Jeremías 3:17; Mateo 5:33-35). Los discípulos de Cristo sabían que su Maestro era aquel que restauraría el reino caído o suspendido del rey David. En Hechos 1:6 los discípulos le preguntaron a Jesús si ya era inminente la restauración del reino de Dios en Israel, a lo cual Jesús sólo se limitó a decirles que únicamente Dios sabía la fecha de esa crucial restauración del reino de David en Israel.
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martes, 10 de marzo de 2009

EL VÁSTAGO DE ISAÍ EN ISAÍAS 11: ¿QUIÉN ES?




Isaías 11, Un Vástago de Isaí

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová (Isaías 11:1-2).


Nosotros no entenderíamos esto si no nos remontamos al principio, porque Isaías estaba prediciendo que la descendencia real de David, de la cual provinieron todos los reyes de Israel, sería cortada como un árbol, permanecería inactiva, para luego ser restablecida. Este proceso daría comienzo cerca de 150 años después que Isaías escribió estos versículos, cuando el Señor pronunció una maldición de sangre sobre la descendencia de David, al decir que ninguno de los hijos de David volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). La descendencia languidecería, como el tronco de un árbol que ha sido cortado. Durante todo el tiempo del cautiverio babilónico, y por 500 años más, no hubo ningún rey en Israel. Pero un día un vástago retoñará, un Vástago que dará fruto. Puesto que Isaí era el padre de David y David no era el vástago, esta es una referencia al Mesías, el Hijo último de David.

Esto comprende tanto que tenemos que tomar un tiempo para entenderlo. Primero, el uso de la palabra Vástago, o Renuevo. En la Biblia en Inglés (KJV), la palabra Vástago (Branch) aparece en mayúscula, lo que significa que se refiere a una persona. En la Biblia encontramos cuatro referencias al Mesías como Vástago, o Renuevo, y cada una lleva consigo un modificativo especial. Jeremías 23:5 dice de un renuevo justo, un Rey. Zacarías menciona a “mi siervo el Renuevo” (Zacarías 3:8) y “el varón cuyo nombre es el Renuevo” (Zacarías 6:12). Finalmente, en el artículo anterior (Parte 2), vimos “el renuevo de Jehová” en Isaías 4:2.

Yo creo que fue Clarence Larkin el que primero descubrió que estos modificadores fueron una descripción de los cuatro estandartes que identificaban los campamentos de Israel, los cuales formaban cuatro grupos de tres tribus cada uno, y estaban situados alrededor del tabernáculo en el desierto dispuestos en cada uno de los cuatro puntos cardinales. En esos estandartes se veían las figuras de un león, el cual representaba al Rey Justo, de un buey que representaba al siervo, siendo el buey una bestia de carga, el rostro de un hombre la cual se explica por sí sola, y la de un águila la cual representa a Dios.

Pero aun hay más. Las representaciones de estos modificadores también se revelan en los cuatro rostros del querubín en Apocalipsis 4. Y aquí también representan los temas dominantes en los cuatro evangelios. Mateo les escribió a los judíos proclamando a Jesús como el Mesías de Israel, el León de Judá. Marcos lo mostró como el siervo obediente de Dios. Lucas lo describió como el Hijo del Hombre, y en Juan, Él es el Hijo de Dios.

Entonces, queda claro que el Renuevo es un título Mesiánico. El vástago, o renuevo, del tronco de Isaí es el Mesías, nacido de la Tribu de Judá de la descendencia de David.

Yo Prometo

Pero aquí hay algo todavía más asombroso. Recordemos que Dios le prometió a David que alguien de su familia reinaría en Israel para siempre. David quiso construir la casa de Dios, pero Dios no se lo permitió diciendo que se necesitaba de un hombre de paz y David era un hombre de guerra. Así fue como Dios escogió al hijo de David, Salomón, para que le construyera el Templo, y durante el reinado de Salomón, Israel disfrutó de una paz como nunca antes la había sentido (ni desde entonces). En cuando a David, Dios prometió construirle una “casa”, al hacer que su dinastía fuera perpetua. (1 Crónicas 17:1-14). Desde ese momento en adelante, un descendiente de David, a través de la descendencia de Salomón, se sentaría sobre el trono en Jerusalén, como Rey de Israel.

Pero ya para el tiempo del cautiverio babilónico, estos reyes eran tan malvados y tan rebeldes hacia Dios, que Él finalmente dijo “Suficiente”, y maldijo la descendencia real al pronunciar que ninguno de ellos volvería a reinar sobre Israel (Jeremías 22:28-30). El último rey legítimo de Israel fue Joaquín también conocido como Jeconías, el cual reinó durante tres meses solamente, en el año 598 a.C. ¿Estaba Dios rompiendo Su promesa a David?

Al anunciar el Mesías venidero, el ángel Gabriel le prometió a María que su hijo se sentaría en el trono de David, y que sería el primero en hacerlo desde que la maldición había sido pronunciada, y cuando lo hiciera sería para siempre (Lucas 1:32-33). Pero, entonces ¿cómo veríamos la descendencia maldecida de David? ¿Cómo es que Dios podía prometerle algo así a María?
Aquí Veremos Cómo Es Eso

Si comparamos las dos genealogías de Jesús en Mateo 1:1-17 y Lucas 3:23-28, nos damos cuenta que tanto María como José eran de la tribu de Judá y descendientes de David. José era descendiente de Salomón, que era la descendencia maldecida, mientras que la genealogía de María es a través del hermano de Salomón, Natán. Realmente, José y María eran primos, a pesar de la lejanía.

María no tenía ningún hermano, así que para poder mantener la tierra de su familia dentro de la herencia tribal, según la Ley, ella tenía que casarse con alguien que también era descendiente de David (Números 36:1-13). José llenaba los requisitos y perteneciendo a la descendencia real tenía un reclamo legítimo al trono, pero llevaba encima esa maldición. Entonces, ningún descendiente biológico de José jamás podría calificar legítimamente para llegar a ser rey de Israel, pero José podía asegurar el derecho de María para heredar la tierra del padre de ella.
Cuando María aceptó la oferta de matrimonio de José, ella también validó el reclamo al trono de Israel de su hijo aun no nacido. Su matrimonio colocó a Jesús en la sucesión real como el hijo legal de José, como Lucas lo muestra en su genealogía (Lucas 3:23), pero le permitió estar libre de la maldición ya que Él no era hijo biológico de José. Pero recordemos que Él era un descendiente biológico de David por medio de su madre y, por consiguiente, de “la casa y linaje de David”. Esto lo hizo el único hombre sobre la tierra, desde el año 600 a.C., que tenía un derecho legal al trono de David. Se necesitaba de un nacimiento virginal para hacerlo, pero Dios mantuvo Su promesa tanto a David como a María. El trono de David será ocupado para siempre, por el hijo de María.
Y, finalmente, en el versículo 2 vemos que el séptuplo Espíritu de Dios, que es una construcción del Espíritu Santo del Antiguo Testamento, y que vino a morar en Jesús al momento de Su bautismo (Mateo 3:16) le dio el poder sobre todos Sus milagros. Esto fue necesario porque la misión del Señor requería que viviera Su vida solamente en el poder humano. Para poder redimir a la descendencia perdida de Adán, Él tenía que ser el pariente-redentor de Adán. Por eso es que Lucas mostró a Jesús como el hijo del hombre, y trazó Su genealogía hasta Adán.
Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura (Isaías 11:3-5).

El fuerte contraste entre el Cordero de Dios y el León de Judá es evidente. El Salmo 2:8-9 confirma que Él regirá a las naciones con vara de hierro. Apocalipsis 19:15 concuerda y agrega que Él herirá a las naciones con la espada de Su boca.

Morará el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león y la bestia doméstica andarán juntos, y un niño los pastoreará. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá paja. Y el niño de pecho jugará sobre la cueva del áspid, y el recién destetado extenderá su mano sobre la caverna de la víbora. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como las aguas cubren el mar (Isaías 11:6-9).

Una vez que la Era Mesiánica comienza, la paz será su característica más descollante. En la Parte 1 de este estudio vimos que en el Reino Milenario las naciones ya no tomarán las armas unas contra las otras. Ahora vemos que la paz milenaria abarcará también a los animales del reino. En una parte futura veremos que la misma creación explotará en un cántico de gozo.

Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa. Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía, Elam, Sinar y Hamat, y en las costas del mar.

Y levantará pendón a las naciones, y juntará los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de Judá de los cuatro confines de la tierra. Y se disipará la envidia de Efraín, y los enemigos de Judá serán destruidos. Efraín no tendrá envidia de Judá, ni Judá afligirá a Efraín (Isaías 11:10-13).

La primera reunión de la nación se llevó a cabo después del cautiverio babilónico. La segunda reunión empezó oficialmente en el año 1948 y continúa en nuestros días, y se completará después de la batalla de Ezequiel 38. Y sabrán que yo soy Jehová su Dios, cuando después de haberlos llevado al cautiverio entre las naciones, los reúna sobre su tierra, sin dejar allí a ninguno de ellos (Ezequiel 39:28). Después de 2000 años, el pueblo de Dios habrá regresado a su tierra de la diáspora y será un solo reino de nuevo, por primera vez desde el año 900 a.C.
Sino que volarán sobre los hombros de los filisteos al occidente, saquearán también a los de oriente; Edom y Moab les servirán, y los hijos de Amón los obedecerán. Y secará Jehová la lengua del mar de Egipto; y levantará su mano con el poder de su espíritu sobre el río, y lo herirá en sus siete brazos, y hará que pasen por él con sandalias. Y habrá camino para el remanente de su pueblo, el que quedó de Asiria, de la manera que lo hubo para Israel el día que subió de la tierra de Egipto (Isaías 11:14-16).

El Capítulo 11 termina con otra promesa de que conforme se acerca el final de la era, la gente que erróneamente llamamos hoy día “palestinos”, dejarán de ser un problema para al pueblo de Dios ya que serán conquistados. Israel los dominará y los subyugará. Estos versículos lo más probable es que se refieran a la batalla del Salmo 83, la cual es quizás el próximo evento en el calendario profético.

El mar de Egipto es el Mar Rojo, y su golfo puede ser o el Golfo de Acaba o el Golfo de Eilat, los dos que forman las “orejas de conejo” en su parte norte. El poderoso Eufrates, frontera tradicional entre el Este y el Oeste, se convertirá en siete brazos. El camino para el remanente desde Asiria completa la idea de que ya no habrá más ninguna frontera natural que le impida al pueblo de Dios llegar a Su Ciudad Santa.






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EL REINO VIENE…¿ESTÁ USTED LISTO?

Vírgenes prudentes
Un mensaje del cielo para usted...

Viene un día brillante, un día lleno de paz, justicia, santidad y gozo sin igual. Dios enviará a Jesús de regreso a la tierra para componer las cosas. Sus seguidores serán resucitados para inmortalidad y asignados a posiciones de autoridad. Durante este tiempo, la tierra será restaurada en paraíso. Los desiertos florecerán, los patrones climatológicos se alterarán, la contaminación cesará, y el hambre será reemplazada por abundancia. Éste es el Reino de Dios. Como un camión Mack que acelera por la autopista, no hay quien detenga la llegada inminente del Reino. Dios no permitirá que algo impida Su plan para la tierra. La llegada del Reino es inevitable y viene pronto.

¿Está usted listo? Para llegar a estar listo, usted tiene que oír, entender, y aceptar estas nuevas sobre el Reino venidero. En adición a esto, aun existe un problema serio. Sus pecados. No se le permitirá la entrada al Reino a nadie que tenga pecados no perdonados. Pero Dios tiene una solución. La única manera en que sus pecados (no importa los que sean) pueden ser borrados es que usted crea que Jesús–el rey del Reino–murió por usted y que Dios lo levantó de los muertos. Declare a Jesús como su señor y salvador personal, y sea bautizado en su nombre. Comprométase a obedecer las palabras de su nuevo señor, Jesucristo. Cambie su vida rechazando el pecado y acogiendo una manera santa y recta de vivir en servicio amoroso al que murió por usted.




LA RESURRECCIÓN CORPORAL: ¿ALMA INMORTAL? ¡NO!


Por el Dr. Javier Rivas Martínez (MD).


«He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos; pero todos seremos trasformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al final de la trompeta, porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos trasformados» (1Co.15: 51-52).

La doctrina platónica que habla y sostiene la idea de un alma inmortal ha pervertido con constante hazaña a millares de personas débiles en la fe con arraigo notable desde la antigüedad hasta la fecha regularmente en un cristianismo fusionado con extraños e impuros fundamentos, dejando mucho que desear por su falta de veracidad, pervirtiendo a los individuos espiritualmente del mismo modo que lo ha hecho las confusas y desatinadas doctrinas de la “trinidad” y de la supuesta “deidad” de Cristo, doctrinas que fueron gestionadas por el “invento” católico romano en el lejano antaño y que se infiltró con sagacidad para afectar al que es llamado protestantismo, hasta la fecha.

El capítulo 5 de 2 a los Corintios ha sido utilizado de mala forma por ciertos “eruditos” para justificar el dogmatismo no inconcuso de la inmortalidad del alma, pasando por alto y con extraordinaria indiferencia su origen greco pagano. A continuación veremos que esta parte de la Biblia no aprueba por ningún lado tal y redundante mentira:

«Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos» (2 Co.5:1).

Para empezar, cuando Pablo habla de «nuestra morada terrestre», de «este tabernáculo», lo hace refiriéndose al cuerpo humano de los creyentes («el templo del espíritu santo»: 1 Co.3:16-17), porque a éstos va dirigida su hermosa y magna carta. «Nuestra morada terrestre», «este tabernáculo» (hë epigeios hëmon oika tou skënous). En otras palabras: «si nuestra terrena casa de la tienda (1 Co.15:40: «Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales»), «Si se deshace» (ean-kataluthëi, gr.), situación que indica: «el cuerpo corrompido», «uno desecho», «echado a perder», el que se encuentra o está biológicamente «descompuesto» por estragos de la muerte, pero vale decir que será «vivificado» en la primera resurrección (Rev. 20:5-6), en un acto de Dios exclusivo para los santos y de eterna repercusión:

«Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes» (1 Co.15:36).

«Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción» (1 Co.15:42).

«Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero».
Seguimos, así:

«Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos» (2 Co. 5:2-3).
Ahora, en 2 Co. 5: 2, dice: «Ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial» (to oikëtërion hëmön to ex ouranou ependusasthai, gr.). Significa, «poner sobre uno» (ependutës, gr.), como un traje de lino fino, una prenda de alta calidad, «Por cuanto no queremos ser desnudados» (epĥ höi ou thelomen ekdusasthai, gr.), «Por cuanto no deseamos quitarnos el vestido, sino encimárnoslo, echárnoslo encima». Esta es una alegoría de la trasformación del cuerpo mortal a uno incorruptible que denota el estreno de «una nueva vestimenta» espiritual o celestial, por su carácter, en la futura glorificación, en la resurrección de los muertos en Cristo, en la transformación de los cristianos que vivan cuando el Señor descienda del cielo para «arrebatarlos» en su segunda venida gloriosa, visible y en poder.

«Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (1 Ts.4:17).

«E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro» (Mt.24:29-31).

Hasta este instante de nuestro estudio, nada se alude acerca de un alma inmortal.
Continuemos:

«He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados…» (1 Co. 15:51).

«… en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados (1 Co.15:52).

«Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad (1 Co.15:53).

«Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria» (1 Co.15:54).

Es importante decir que la palabra griega «Oikëtërion» en 2 Co. 5:2 designa un cuerpo celestial no relacionado con espíritus incorpóreo ni tampoco con almas etéreas e inmortales como lo han creído no tan pocos en el “perímetro católico-protestante”. Cristo en su resurrección poseía un «cuerpo espiritual» muy diferente al mortal y terreno que cada hombre posee y que el Mesías de Dios una vez tuvo antes de ser levantado de entre los muertos por el Espíritu de Dios. Aunque fue trasformado físicamente por el poder de Dios, Cristo seguía siendo un ser humano en toda la extensión de la palabra, un hombre de «carne y huesos» pero bajo el influjo de la glorificación sobrenatural (mírese como prueba: Ef. 5:30; 1 Tim 2:5):

«Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos» (Lc. 24:36-43).

El capítulo 15 de 1 a los Corintios, hace énfasis en la resurrección de los muertos. Si la inmortalidad del alma fuese una doctrina veraz, es bien seguro que el apóstol Pablo la hubiese incluido ni más ni menos en este capítulo porque tendría un valor importante para los creyentes, pero vemos que no hay nada de ella en su contenido. La inmortalidad del creyente está relacionada en su gloriosa transformación física en el día postrero, como Marta lo pronunció ante el Señor antes de desatar a su hermano Lázaro de las cuerdas de la muerte y que tenía ya cuatro días de muerto (Jn. 11:7, 24). Marta en ningún tiempo tiene en cuenta en su expresión verbal algo que denote o visualice un alma inmortal:

«Porque es necesario (indispensable) que esto corruptible (el cuerpo humano y mortal del creyente) se vista de incorrupción (el cuepor humano del creyente glorificado), y esto mortal (el cuepor natural y mortal otra vez) se vista de inmortalidad (el cuerpo humano regenerado por el espíritu santo en la resurrección de los muertos en Cristo y en la transformación de los cristianos vivos cuando el Señor venga al mundo por segunda vez. Ver: 1 Co. 15: 53).

La Biblia afirma que en la manifestación de Jesucristo (Tit. 2:13) seremos «semejantes» a él. Tendremos carne y huesos como el Señor, estaremos en su misma condición corporal milagrosa, y hasta podremos comer alimentos como él lo hizo (Lc.24:43):

«Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es» (1 Jn. 3:2).

Y por su fuera muy poco, lea lo siguiente amable lector:

«Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria» (Col. 3:4).

Pregunto: ¿Dónde quedó “la dichosa e inmortal alma” en lo qué hasta entonces hemos estudiado?

Seguimos adelante con el tema:

«Así que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor» (2 Co.5:6-8).

«Entretanto que habitamos en el cuerpo»
(endëmountes en töi sömati, gr.). Nuevamente, otra referencia del cuerpo natural que tenemos todos los hombres, nuestra «morada», donde reside el «espíritu»: la mente, la psique, donde emergen nuestras emociones, nuestras conciencias, nuestras decisiones, nuestras tristezas y alegrías, donde se llevan a cabo luchas más terribles en nosotros (1 Co. 2:11; 1 Co. 6:17): «Uno entre su propio pueblo», que habita o está entre él (endëmëo, de endemos, gr.). «Habitar en la presencia del Señor» (endëmësai pros ton Kurion), y se comprende: alcanzar la meta de cualidades celestiales en el futuro mundo restituido, después de que sus sistemas en general hayan claudicado, en el día de la consumación de la salvación de los verdaderos creyentes, en el día de Señor Jesucristo cuando sea visto como el relámpago que resplandece al fulgurar (Lc.17: 24), en la Parusía, cuando glorifique a sus fervientes seguidores (Mr.13:26).
«Y más quisiéramos estar ausentes del cuerpo» (ekëdemos, gr., uno alejado del hogar, o sea, del cuerpo natural). Los cristianos genuinos anhelan en su resurrección, si han muerto, o si están vivos en Cristo, el glorioso cambio que los libertará de la hasta ahora inexorable muerte, de las desesperantes y deprimentes enfermedades que los azotaron con grande enjundia y cruel dolor, de los innumerables males y pesares que han experimentado en esta lóbrega y maligna Tierra. La Biblia no argumenta a favor de un alma inmortal que abandona el cuerpo para habitar en aquella alta y gloriosa esfera que solamente le pertenece a Dios. La herencia de los creyentes en Cristo, los mansos, es sin duda, terrenal y milenaria, sin excusas (Rev. 20:4, 6). La Biblia no refiere, léalo bien amable lector, que los creyentes sean herederos del Tercer Cielo (2 Co. 12:2). Las promesas de Dios para sus hijos se encuentran en la futura Tierra regenerada, no en el Tercer Cielo en que Jehová el Padre junto a su Hijo Jesucristo y sus miríadas de angélicas criaturas habita reinante en resplandeciente luz y santidad.

Para que no le quede la menor confusión, querido y amable lector, los siguientes textos corroboran lo antes escrito:

«Pero los mansos heredarán la tierra, y se recrearán con abundancia de paz» (Sal. 37:11).

«Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad» (Mt.5:5).
Para terminar:

«Estar ausentes del cuerpo», es, no estar en el mismo cuerpo de muerte y de pecado ya, de agobiantes y cansadas limitaciones que nos han llevado continuamente a fallar en muchos aspectos de nuestra vida, a realizar actos ofensivo contra Dios, contra el prójimo y contra uno mismo. «Estar ausentes del cuerpo», se comprende que: «Para que lo mortal sea –absorbido- por la vida (hina katapothëi to thnëton hupo tës zöës, gr.). Esto, no indica en lo absoluto, la vida –desprendida- del cuerpo humano, que se traduce en un alma consciente: para gloria eterna, o que le depara un sufrir constante e inextinguible. Esto, es una fabulosa y gran mentira.

Los cuerpos de los creyentes en Cristo sufrirán una maravillosa y bendita metamorfosis. Los que son de Cristo serán «vivificados» (véase 1 Co. 15:22) en un cuerpo inmortal. Únicamente así podrán tener acceso al Reino de Dios en la Tierra, serán aptos por este efecto o resultado portentoso.

Obviamente, un cuerpo natural no podría reinar nunca con Cristo un largo y literal milenio a causa de su perecedera y limitada condición biológica, por lo tanto, «es indispensable o necesario su total y gloriosa modificación».

En la Parusia, tanto los vivos como los que estén muertos en Cristo sufrirán el glorioso cambio corporal para vida eterna. Después, al terminar el milenio, los impíos serán «resucitados» para ser juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco. Al concluir este Juicio Judicial vendrá su lanzamiento en el Lago de Fuego que arde con Azufre, y así serán aniquilados por siempre jamás: No quedará de ellos «ni raíz ni rama» (Mal. 4:1; Rev. 20: 11-15).

Amén.




OTRO MIEMBRO DE “KORN” ENCUENTRA AL SEÑOR JESUCRISTO




“Fieldy dice que Jesucristo y la Biblia fueron su única rehabilitación”


(Laguna Hills, CA) – No más de cinco años atrás, Brian “Head” Welch, dejó la popular banda metálica pesada Korn cuando él alienó su vida al Señor y fue redimido de la adicción a las drogas.
Ahora, la palabra viene de otro miembro Korn, el bajo Reginald Arvizu (conocido como “Fieldy”) que – también en necesidad de rehabilitación de sus adicciones abrumadoras – ha venido a Jesús y encontró libertad de su adicción a la drogas. (La foto: Wikipedia)

Supuestamente él finalmente escuchó el último deseo de su moribundo padre renacido de que él volviera a Dios para encontrar la paz en su vida.

Deteniendo uso de droga en seco, Arvizu llama a su nueva vida “una cosa asombrosa y energética”. Según el informe AP, él dice que “Jesucristo y la Biblia fueron su única rehabilitación”.

La nueva memoria de Arvizu; ‘Obteniendo la Vida – Mi viaje de la Adicción, Fe, Recuperación y Korn’ fue puesto a la venta hoy 10 de marzo.

A diferencia de su colega Welch, Arvizu está todavía con la banda, y está trabajando en su último proyecto, pero con nuevos bríos para ganar adeptos para el Señor.

lunes, 9 de marzo de 2009

TIENEN LOS PASTORES AUTORIDAD SOBRE LA IGLESIA?

Foto: Carlos "Cash Money" Luna (nacido el Primero dinero del 65)




Por: Ricardo Puentes Melo


Lo que nos muestra la Biblia


PRIMERA PARTE

Una respuesta positiva a esta pregunta nos llevaría obligatoriamente a aceptar una diferencia en el pueblo de Dios y la existencia de clase clerical y legos. O, dicho en otras palabras, al responder positivamente la pregunta del título estaríamos dando por hecho que la iglesia de Cristo está dividida entre una clase sacerdotal (que dirige) y una clase de legos (pueblo, que obedece a la clase sacerdotal). Esto, queridos hermanos, es falso. Las Escrituras nos muestran que los pastores, ancianos, líderes, presbíteros, superintendentes, o cualquier otro título que se le dé a un hombre para investirlo de un nivel superior espiritual, es una interpretación incorrecta de la Palabra de Dios que va en contra del mensaje del Evangelio, como lo vamos a demostrar siempre teniendo como base la bendita Biblia, entendida como un todo y no –como hacen algunos- sacando textos de su contexto y del mensaje principal de las Sagradas Escrituras. Un precioso hermano, a quien admiro y respeto mucho, me envió las siguientes reflexiones acerca del tema de la autoridad, con relación al punto de vista que defiendo:

Por eso digo que enfrentamos un grave problema, que en realidad es un pecado. Pensemos que la rebelión fue el pecado por excelencia de Lucifer. (…)Ese mismo espíritu mentiroso y rebelde ha entrado subrepticiamente en la iglesia local, y muchos determinan qué está bien y qué está mal en función de su entendimiento, su sola conciencia, sus intereses o excusas diversas y relativas a la “paz que sienten”, etc. y no en función de lo que dice la Palabra de Dios. (…) Jesús no está aquí con nosotros como persona física, como venimos diciendo, ahora es el Espíritu Santo el que debe gobernar la Iglesia. Para ello, también cuenta con sus colaboradores. (énfasis mío) (….) En la iglesia local, el Señor ha levantado a hombres idóneos, a los cuales se les llama ancianos (presbiteros o episkopes en gr.) como administradores de Dios. Son los responsables ante Dios del buen funcionar en la iglesia local. (…)Veamos Tito 1: 7, 9; “Es necesario que el obispo (anciano) sea irreprensible como administrador de Dios…retenedor de la palabra fiel tal y como ha sido enseñada, para que pueda también exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” Si nos damos cuenta, en la iglesia local los ancianos, comúnmente llamados pastores, tienen la responsabilidad ante Dios de, entre otras cosas: 1) Ser retenedores de la Palabra. 2) Con ella exhortar y convencer a los que contradicen. Esto implica autoridad espiritual. Esa autoridad espiritual es siempre conforme a la Palabra de Cristo, y no conforme a opiniones o voluntades personalistas. Pero si es conforme a la Palabra de Cristo, entonces el poder no es el del pastor como hombre, sino el de la misma Palabra de Cristo. (…)”El que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió” (Lucas 10: 16) (Jesús definió una paridad importante: Si se desecha al que tiene la autoridad delegada por Cristo, se desecha al mismo Cristo.) (subrayado mío) (….) Por lo tanto, la Palabra enseña que los miembros de una congregación de Cristo, estén sujetos al pastor y ancianos de esa congregación, así como a los responsables delegados. Veremos que esa sujeción y obediencia a los ministros congregacionales, son siempre en cuanto a la autoridad de la misma Palabra de Cristo. El hermano cita Hebreos 13:17: “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” Y pasa a explicar este texto frase por frase, de una manera extraordinaria –como suele hacerlo- pero que en esta ocasión no comparto por no tener suficiente soporte Bíblico ni estar de acuerdo con el mensaje de Cristo al respecto.


Pero vamos por partes.


Contexto histórico y antecedentes de la epístola a los Hebreos

El libro de Hebreos, como todos sabemos, fue escrito antes de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. y tuvo como objetivo principal exhortar y alentar a los primeros cristianos –de origen judío- que esperaban vacilantes la Segunda Venida del Señor y que dudaban de si habían tomado la decisión correcta al convertirse a Cristo. Muchos estaban considerando seriamente regresar al judaísmo. Aunque esta carta estaba dirigida a los cristianos hebreos, no sobra recordar que sus enseñanzas también son aplicables a los cristianos gentiles. En la introducción a la carta a los Hebreos, el comentarista de The Expositor’s Greek Testament hace estas observaciones importantes: El objetivo del escritor (…) era desvelar el verdadero significado de Cristo y de Su obra, y de ese modo eliminar los escrúpulos, las vacilaciones y las suspicacias que rondaban las mentes de los cristianos judíos, turbando su fe, limitando su disfrute, y rebajando su vitalidad. (…) Rara vez, si acaso alguna, se ha emplazado a los hombres a que efectúen una transición de similar coyuntura y acompañada de tanta oscuridad. (…)Habiendo sido educado en una religión de la que había sido persuadido a creer que era de autoridad divina, se le pedía ahora al judío que considerase como anticuada una gran parte de su creencia. Acostumbrado a enorgullecerse de una historia marcada en ciertas etapas por visitas angélicas, voces divinas e intervenciones milagrosas, se le invita ahora a desplazar su fe desde instituciones y personas venerables a una Persona, una Persona en la cual la gloria terrenal brilla por su ausencia y en la que aquellos aparentemente mejor cualificados para juzgar no pudieron descubrir nada excepto la impostura que le mereció una muerte de malhechor. (…) Habiendo atesorado con extraordinario entusiasmo, como su herencia exclusiva, el Templo con todas sus asociaciones reverenciadas, su Dios residente, su altar, su majestuoso sacerdocio, su relación completa de ordenanzas, ahora el instinto de cristiano recién convertido lo obsesiona de que hay una carencia esencial en todos esos arreglos y de que para él son irrelevantes y obsoletos. (…) Para el judío, en unas palabras, Cristo debe haber creado tantos problemas como los que resolvió (…) muchos cristianos judíos deben haber pasado aquellos primeros días en una inquietud angustiosa, llamados a confiar en Jesús por todo lo que sabían de Su santidad y verdad y, no obstante, penosamente perplejos e impedidos de una confianza perfecta por la espiritualidad inesperada de la nueva religión, por el desprecio de sus antiguos correligionarios, por el abandono obligado de todos los adornos y la gloria externos, y por la aparente imposibilidad de encajar en un todo consistente la magnificencia de lo viejo y la exigüidad de lo nuevo. (Tomo IV. Pp 237-238).



Es evidente que lo “viejo” estaba lleno de magnificencia, pompa, esplendor… Todo lo que necesitaba de los sentidos físicos para poder ser apreciado. Ahora, bajo el Nuevo Pacto, era necesaria la fe, que no se basa en nuestros sentidos físicos, sino en las realidades seguras e invisibles, eternas de la palabra de Dios. Por fe andamos, no por vista (2 Cor. 5:7). Pablo contrasta la fe con la vista, la antepone. Igual hace el escritori de Hebreos: (fe) es la convicción (o evidencia segura) de lo que no se ve (Hebreos 11:1). Lo “viejo” echaba mano del mundo visible con el propósito de impresionar y atemorizar. Todo tenía ese objetivo: la majestuosidad del templo, la solemnidad de los coros, la enormidad en número de sus trabajadores, su atuendo ceremonial, la actividad de los sacerdotes y levitas cuando hacían de mediadores ante Dios a favor del pueblo. El pueblo de Israel creía que en el templo la presencia de Dios era especialmente evidente y, de esta manera, para acercarse a Él, acudían allí con ofrendas tangibles para celebrar las fiestas sagradas que tenían lugar tres veces al año. Nada… Nada de esto estaba presente en la nueva fe cristiana. No había edificios, no había coros solemnes con individuos especialmente preparados para ello, tampoco había trabajadores en el templo porque no había templos cristianos sino que se reunían en hogares privados comunes y corrientes; la fe cristiana no necesitaba tampoco esas fiestas especiales tres veces al año, no había rituales ni clase sacerdotal, ni altares ni sacrificios materiales; tampoco se necesitaba en la fe cristiana ningún símbolo especial. Incluso en la celebración de la cena del Señor, se empleaban cosas extremadamente corrientes: pan y vino, normales en todas las mesas de creyentes y gentiles. Definitivamente, como dice el comentarista arriba citado, era la “exigüidad de lo nuevo”.


Los cristianos hebreos tuvieron que aprender que el servicio a Dios, su adoración, no dependía de asistir a ningún “sitio sagrado” especial ni necesitaba de una “clase sacerdotal” nombrada por Dios para que lo gobernara en los asuntos espirituales. Tuvieron que aprender también que el reunirse no era un acto especialmente “religioso” más que otros aspectos de su vida cotidiana como el comer en familia, asistir a los enfermos o visitar a los hermanos en desgracia. Las reuniones de esos cristianos tenían como objetivo el amor fraternal, el animarse unos a otros (Hebreos 10:25) para edificación mutua, evidenciando que había una relación de familia bajo la jefatura del Hijo de Dios –no de ningún hombre-, donde todos los reunidos eran iguales ante Dios, sin rangos espirituales. Lamentablemente, muchos de esos cristianos hebreos estaban regresando a las cosas “viejas”, a las cosas que necesitaban de los sentidos físicos, como la pompa, la clase separada sacerdotal de “siervos o ministros de Dios” con vestidos y funciones especiales; empezaron a necesitar de nuevo los edificios especiales sagrados, los altares visibles, los coros y todas las demás cosas que impresionaban la vista y los demás sentidos físicos. La “solemnidad” de los nuevos lugares especiales sagrados encontró nicho en las emociones de los creyentes quienes “sentían” algo especial cada vez que llegaban a estos edificios “sagrados” del cristianismo. Tal como lo vemos hoy. De igual manera, la Cena del Señor, que estaba caracterizada por la informalidad y el compañerismo cristiano cálido en un ambiente de familia, se fue convirtiendo en una ceremonia revestida por la religiosidad de lo “viejo”. Como sucede hasta hoy en muchas iglesias “cristianas”, quien administra el “sacramento” es el pastor, ministro, reverendo, o como quiera ser llamado pero que no es otra cosa que un oficiante separado del laicado, con presunto derecho divino para “administrar el sacramento” a la iglesia. Nada más alejado de la “exigüidad de lo nuevo”, de la guía del Espíritu Santo, por fe y no por vista.



Los cristianos permitieron poco a poco que hombres –una nueva clase sacerdotal- se colocaran como mediadores entre ellos y Dios y regresaron a la comodidad de lo “viejo” en virtud de considerarse justos por seguir instrucciones de la nueva clase sacerdotal y asistir regularmente a los servicios religiosos. El pertenecer como “miembros” a un sistema religioso les dio –todavía lo hace- un sentimiento de seguridad y justicia. Dejaron de apreciar el inmenso valor espiritual del regalo que Dios estaba haciendo bajo el Nuevo Pacto, regresaron a la seguridad que les daba la gloria externa de lo “viejo” y despreciaron los deseos de Dios para darle importancia a lo que ellos consideraban como correcto. Pablo nos lo dice: Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios. (Romanos 10:3)



Muchos pastores cristianos intentan que la grey regrese a lo “viejo” estableciendo su propio punto de vista de lo que es agradable a Dios, sin tener en cuenta las palabras del profeta: Y todas nuestras justicias (son) como trapo de inmundicia. (Isaías 64:6) La palabra es clara. No importa lo que nos parece justo a nosotros; no interesa qué tan “espiritual” pueda parecer cierto arreglo en la iglesia. Si no se ciñe a la palabra de Dios, no son más que trapos de inmundicia. Así, pues, los cristianos estaban regresando a la guía y dirección que les imponían seres humanos –bien o mal intencionados- olvidando que Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:14) Y: Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. (Gálatas 5:18) Es decir, la ley, “lo viejo” con toda su pompa, sus ceremonias, su clase sacerdotal, sus coros, sus edificios especiales sagrados, sus altares visibles, sus ofrendas visibles, su distinción entre clero y laicado, todo eso quedó abolido por el sacrificio de nuestro Señor. Los cristianos debían de ahí en adelante permitir la guía invisible del Espíritu Santo, y el aceptar ese guía invisible mostraba que eran hijos de Dios. Todo lo que les daba sentido seguridad: templos sagrados, clase sacerdotal, altares visibles, etc., fue hecho obsoleto mediante el sacrificio bendito de Cristo. Las rutinas religiosas y las personas que antes reverenciaban como sus sacerdotes, sumando las cosas visibles ya descritas, se habían evidenciado como tremendamente deficientes y conducentes a error fatal. Después de que Pedro habló a los judíos todavía incrédulos, acerca de la clase sacerdotal que había repudiado a Cristo empujando al laicado a repudiarlo también; y después de que les dijo que ya no necesitaban esa estructura religiosa porque el Espiritu Santo sería el guía particular de cada individuo, los oyentes dijeron compungidos: “Varones hermanos, ¿qué haremos..?” (Hechos 2:37)



Aunque es evidente que hoy en día no existe una clase sacerdotal “cristiana” que rechace de plano a Cristo, cada uno de nosotros debe decidir si obedece a Dios o a los hombres, si acepta la jefatura de los pastores, sacerdotes o ministros “cristianos”, por considerarlo más conveniente y práctico, o se coloca bajo el mando directo de Jesucristo. Cada uno de nosotros debe decidir si acepta sin cuestionar ni verificar las instrucciones de los pastores o, por el contrario, escudriñan las Escrituras para ver si la exhortación tiene fundamento bíblico, siguiendo el ejemplo de los cristianos de Berea quienes no se atemorizaron ni reverenciaron la investidura apostólica de Pablo cuya autoridad –él sí que la tenía– le había sido dada directamente por Jesucristo. Pablo no se ofendió con ese proceder ni reclamó su legítima autoridad apostólica sino que, por el contrario, llamó “nobles” a estos cristianos.



Igual que los hebreos a quienes fue dirigida la carta, a muchos cristianos de hoy en día se les hace difícil aceptar esta verdad bíblica. No pueden entender cómo es posible seguir la guía del Espíritu Santo sin necesidad de un “intérprete” o “mediador” humano.”; igual que los primeros cristianos hebreos, muchos cristianos de hoy encuentran sumamente complicado aceptar un servicio sagrado sin necesidad de “edificios sagrados”, coros especiales, personal de la iglesia dividido –como en la antigüedad precristiana- en diversos oficios dentro del “templo de Dios”, ujieres, diáconos, líderes, pastores, profetas, apóstoles y todo ese complicado cuerpo “ministerial” que niega la simplicidad y sencillez del verdadero cristianismo y su apelación a la fe que encuentra su fuerza y poder en lo que no se puede ver, en lo eterno; en contraste, la mayoría de “cristianos” de hoy encuentran más conveniente seguir siendo guiados por vista y no por fe, contradiciendo el mandato divino.



Una diferencia entre el viejo pacto de la Ley y el Nuevo pacto de la gracia, es que la ley de Dios está ahora escrita en los corazones de quienes voluntariamente se acogen bajo la “ley de la gracia” o “ley de la libertad”. Y esto permite que cualquier persona, no solamente una clase sacerdotal especial (llámense pastores, ministros, ancianos, etc., cuyos significados veremos más adelante), pueda ofrecerse ELLA MISMA como ofrenda viva en servicio a Dios, en adoración a Él, de tal manera que su vida entera sea de adoración a Dios y no limitar este servicio a ciertas actividades o lugares, sólo cuando se va a la iglesia-edificio dejando de ofrecerse como sacrificio vivo el resto del tiempo. Pablo, en su carta a los Romanos, en el capítulo doce habla de un abanico extenso de actividades que son consideradas por el apóstol como parte de “ofrecerse en sacrificio vivo”, y que abarca expresiones de afecto, humildad, amabilidad, vivir en paz no solo dentro de la comunidad cristiana sino con todo el mundo. Cuando el apóstol Pablo define cómo se ofrece esa “ofrenda viva”, no menciona en ningún lugar la asistencia a los cultos, el servicio en alguna sede institucional religiosa, la participación en los coros, o la especial deferencia con alguna clase sacerdotal. Pablo nos dice que sirvamos al Señor orando, compartiendo para los hermanos en necesidad, sirviendo a los otros miembros del cuerpo cuya única cabeza es Cristo. No podemos, pues, esgrimir argumentos de ignorancia acerca de tales cosas porque ya contamos con la advertencia del apóstol Pablo: Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. (Col 2:8) Conforme a esta advertencia del apóstol Pablo contra el engaño, y retomando la advertencia del amado hermano que me hizo llegar sus reflexiones acerca del tema, con una advertencia bien intencionada: “enfrentamos un grave problema, que en realidad es un pecado. Pensemos que la rebelión fue el pecado por excelencia de Lucifer”, vamos pues a seguir la guía del Espíritu Santo, mediante la palabra de Dios para escuchar atentamente lo que el Señor nos quiere decir respecto al tema; asumamos la actitud de Cornelio:Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que el Señor te ha mandado. (Hechos 10:33)¿Es pecado de rebeldía no obedecer ni someterse a los pastores o ancianos de la iglesia..?



Ese es, creo yo, el punto central del asunto. El hermano que me envió sus reflexiones asegura que sí es pecado esa desobediencia y que es un asunto grave de rebeldía. Dice también que “es el Espíritu Santo el que debe gobernar la Iglesia. Para ello, también cuenta con sus colaboradores”. Arguye el hermano que tales colaboradores son los pastores y que al ser delegados por Dios para “administrar” sus bienes, eso implica ya, de por sí, una autoridad espiritual. Escribe una frase el hermano que resume su posición frente al tema:



Jesús definió una paridad importante: Si se desecha al que tiene la autoridad delegada por Cristo, se desecha al mismo Cristo.


Lamentablemente, no tengo más remedio que estar en desacuerdo con este querido hermano de quien, entre otras cosas, he aprendido muchísimo y me ha guiado con sabiduría hacia el conocimiento de Cristo. Pero tampoco puedo ignorar que esto que asegura es totalmente contrario al espíritu cristiano. Es, en cambio, la misma actitud mostrada por los escritores cristianos del siglo II cuando, y tal como el apóstol Pablo había predicho, algunos ancianos perdieron gradualmente la dirección de la pauta establecida por nuestro Señor para regular todas las relaciones cristianas. En vez de dar pleno énfasis a la única autoridad de Dios y Cristo, estos ancianos comenzaron a enfatizar cada vez más su propia autoridad recordando, por supuesto, y tal como me recuerda mi querido hermano, que esa autoridad provenía de Dios y de Cristo. Muertos los apóstoles, entonces, se empezó a manifestar sutilmente el hombre de iniquidad. En las Homilías Clementinas se dice lo siguiente a un superintendente: Y su trabajo consiste en clarificar lo que es apropiado, lo que deben seguir y no desobedecer los hermanos. Por tanto, la sumisión habrá de salvarlos, pero la desobediencia les acarreará el castigo del Señor, ya que al presidente [el superintendente presidente] se le ha confiado el lugar de Cristo. Por lo que, en efecto, el honor u honra mostrados al presidente se consideran como dirigidos a Cristo y, mediante Cristo, a Dios. Y lo que he dicho es que esos hermanos no pueden ignorar el peligro en el que incurren al desobedecerle, ya que quien desobedece sus órdenes a Cristo desobedece, y quien desobedece a Cristo ofende a Dios.Es indiscutible que el desobedecer a un superintendente que pregona ocupar el lugar de Cristo, era una orden del “obispo” que cualquier cristiano estaría obligado a desobedecer. Nadie puede ocupar el lugar de Cristo. Incluso, si tales órdenes del “obispo” no fueran frontalmente contrarias a la Escritura, esas órdenes –según la Biblia- pueden ser cuestionadas como instrucciones que, sin embargo, sobrepasan lo que especifica la Sagrada Escritura y, por tanto, pueden someterse si así lo prefiere el cristiano, a lo que su juicio personal y su propia conciencia le dicten. Esa injerencia del autoritarismo –tanto en esa época como ahora-, es un intento para recubrir a los humanos imperfectos con el honor que tan sólo pertenece al Maestro perfecto, nuestro único Salvador Jesucristo.



Lo que menciona mi querido hermano, pues, no es de ninguna manera un razonamiento nuevo. Una llamada similar a la obediencia implícita en la congregación y a un respeto reverencial hacia la autoridad humana se encuentra también en los escritos de Ignacio de Antioquía, a principios del siglo segundo, en los que utiliza los siguientes términos: Por nuestra parte debemos recibir a cualquiera a quien el Maestro de la casa envió para estar al frente de sus domésticos, como lo haríamos con El que le envió. Está claro, pues, que hemos de tener al obispo (el superintendente único) en la misma estima en la que tendríamos al Señor mismo. (¡Vaya si se extralimita don Ignacio..!) Ignacio, al equiparar la obediencia al obispo [o superintendente] -siendo él “obispo de Antioquía”- a los presbíteros [ancianos] y a los diáconos con la obediencia a Cristo, “quien los ha nombrado” (nunca se nos dice cómo), consecuentemente está diciendo que el desobedecerlos constituye también una `desobediencia a Cristo Jesús’. Ignacio no deja lugar a una posible motivación correcta, a una eventual desobediencia a los hombres para obedecer a Dios, cuando dice: “Quien no rinde obediencia a sus superiores se muestra autosuficiente, pendenciero y arrogante.” O, en palabras de mi querido hermano: quien no obedece a un pastor, se muestra”rebelde” y peca contra Dios mismo. ¿La Biblia apoya esta enseñanza..? No, de ninguna manera. Es una enseñanza de muchas iglesias “cristianas”, especialmente de Asambleas de Dios, (de donde procede este hermano) que la autoridad es un principio divino (lo cual es cierto) y que todo aquel que tiene autoridad está bajo autoridad (también es cierto). Lo que tuercen deliberadamente u ocultan por desconocimiento es que la única autoridad del cristiano es Cristo, no hombre alguno. Esa es la única autoridad que debe reconocer todo cristiano. La autoridad que se adquiere es sobre el pecado y sobre Satanás, no sobre otros cristianos; y tal autoridad procede de Jesús cuando obedecemos sus mandamientos.No es cierto que Jesús delegue a cierta clase sacerdotal (o pastoral según el caso) para ejercer como autoridad espiritual sobre otra clase de cristianos legos. El hermano cita 1 Corintios 4:1 para apoyar su punto:


“Téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4: 1)



¿A quién se refería Pablo..? ¿A alguna clase sacerdotal especial..? ¿A los pastores, ancianos, líderes o superintendentes..? No. Pablo se refería a TODOS los cristianos, a todos nosotros que somos ministros o siervos del Señor. Sus palabras estaban dirigidas a quienes hemos nacido de nuevo y somos hijos de Dios con derecho a “administrar” sus misterios. “A vosotros se os ha concedido el conocer los misterios del Reino de Dios, pero a los demás, sólo a través de parábolas, de modo que “viendo no vean y oyendo no entiendan”. (Lucas 8:10) Esa responsabilidad no es otra que la de predicar la salvación mediante la fe en la muerte de nuestro Señor en la cruz, su sepultura y su resurrección al tercer día. La administración de estos “misterios” no debe colocarnos en posición de superioridad respecto a otros hombres, ni siquiera de los incrédulos, como nos muestra el capítulo 3 de la carta a los Corintios. El hermano avanza en sus reflexiones asegurando correctamente que el Espíritu Santo puede hablar (incluso a los pastores) a través de cualquier hermano cristiano: “no importa cual sea su don o ministerio; si lleva cuarenta años en el Evangelio, o si sólo dos semanas; si es pastor o si es “simple” oveja. Todo ello nos mantiene humildes.” Cuando el hermano dice que escuchar a cualquier hermano sea un pastor o una “simple” oveja, “nos mantiene humildes”, presumo que se refiere a los pastores que muestran humildad cuando el Espíritu Santo les habla por medio de una “simple” oveja. Esto lo ratifica el hermano citando a Tito 1:7-9:Es necesario que el obispo (anciano) sea irreprensible como administrador de Dios…retenedor de la palabra fiel tal y como ha sido enseñada, para que pueda también exhortar con sana enseñanza y convencer a los que contradicen” (Énfasis suyo) Y agrega: Si nos damos cuenta, en la iglesia local los ancianos, comúnmente llamados pastores, tienen la responsabilidad ante Dios de, entre otras cosas: 1) Ser retenedores de la Palabra.2) Con ella exhortar y convencer a los que contradicen. Esto implica autoridad espiritual.
çEn realidad, no es exacto lo que el hermano menciona aquí, que los “ancianos” eran comúnmente llamados “pastores”. La palabra griega para “anciano” es “presbíteros”, mientras que la palabra griega para “pastor” es Poimén. Ambos términos designan diferentes funciones o servicios. Y vamos a ver qué significado tenían según el sentido con que fueron escritas.


FIN DE LA PRIMERA PARTE


¿TIENEN LOS PASTORES AUTORIDAD SOBRE LA IGLESIA (SEGUNDA PARTE)



Antes de entrar de lleno al tema, es necesario recalcar lo dicho antes, que cada cristiano del primer siglo mantenía una relación personal con Dios a través de Jesucristo, el Sumo Sacerdote, sin la mediación innecesaria de otra persona humana. Cada cristiano, incluso las “simples” ovejas eran parte integrante del sacerdocio real. En realidad, nunca existió en la mente de estos cristianos primeros nada semejante a categorías como ovejas “simples”, o legos, y ovejas “especiales” o pastores.



Es muy cierto que los ancianos cristianos tenían autoridad bíblica. Pero era una autoridad para exhortar, enseñar y reprender. Esta autoridad era para emplearla en el servicio a otros, no para tenerlos subordinados bajo ningún punto de vista. Un cristiano podía libremente desobedecer a un anciano si las instrucciones de este siervo fueran contrarias a la Escritura o, aún no siendo contrarias, si la conciencia del reprendido así se lo dictaba. Un hijo de Dios, una persona que ha nacido de nuevo, es guiada por el Espíritu Santo. Si tal guía es genuina, jamás se opondrá a la enseñanza y a las directrices bíblicas.



La autoridad de los ancianos era usada para apoyar, aconsejar, incluso reprender, pero jamás para dominarlos o someterlos esgrimiendo amenazas ni exigiendo la misma obediencia que a Cristo. Cuando surgía el error escritural, los ancianos lo refutaban con argumentos bíblicos, a través de la persuasión, sin intimidación ni la tiranía de la autoridad. Aún con todo, si los argumentos no convencían al hermano, éste estaba en libertad de actuar guiado por su conciencia. Evidentemente, en una iglesia guiada por el Espíritu Santo –repito- no ocurrirán estos enfrentamientos sin fin, sino que las partes en disputa, bajo la guía del Espíritu de Dios llegarán a conclusiones que favorezcan la obra del Señor. Es decir, los ancianos –que eran personas de mayor edad y no una especie de “cargo” o posición”- usaban la autoridad de la Palabra para aconsejar a un hermano sin exigir nunca obediencia a ellos sino a la Palabra. De igual manera, el exhortado tenía la libertad de defender su posición y de asumir una actitud de acuerdo a su consciencia. No por esto era tachado de pecador o rebelde. Claro, si el asunto no envolvía un tema claramente doctrinal estipulado específicamente en las Escrituras.



Al abordar el tema de la autoridad y, en general, cualquier texto referente a las relaciones que deben existir entre los cristianos, siempre debemos tener presente la máxima de nuestro gran Maestro: “Porque uno solo es vuestro Maestro; y vosotros sois todos hermanos”. (Mateo 23:8)Con esto claro, que todos somos hermanos y que nuestro único cabeza es Cristo, razón por la cual no estamos obligados a obediencia a otro hermano, analicemos el texto de Hebreos 13:17:



“Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y no lamentándose, cosa que no os traería ventaja alguna”.
Es de anotar que el texto no dice que hay que obedecer a los “pastores” (Poimén en griego) ni a los ancianos (presbíteros, en griego). La palabra usada aquí es una forma verbal que denota más una acción que un cargo (literalmente “quienes guían” “quienes los estiman”)



Sea cual sea la palabra, dando por hecho que sea “dirigentes”¿Implica eso automáticamente una virtual sumisión hacia personas que llevan la delantera? De ninguna manera, puesto que el mandato de Cristo no se limitaba sólo a la prohibición de ser llamados “líderes”, sino que estaba en contra de que alguien asumiera la posición o el oficio de líder, llevando a la práctica ese tipo de control autoritario. Y autoritario significa reclamar obediencia a sí mismo, así sea bajo la excusa de que “yo sólo ordeno lo que está en las Escrituras”. Nada puede ser usado como pretexto para exigir hacia nosotros ni siquiera un mínimo de obediencia invistiéndonos de una inexistente autoridad espiritual que Cristo jamás delegó a ningún hombre. (excepto a sus apóstoles en esa dispensación especial, pero ni aún ellos tenían derecho a reclamar obediencia)



De la palabra griega (peithomai) que se traduce como “ser obediente” u “obedecer” , el Theological Dictionary of the New Testament (Abridget Edition) dice:
Esta palabra asume acepciones tales como `confiar’, `estar convencido’, `creer’, `seguir’ e incluso `obedecer’.



La acepción “obedecer” es tan sólo una de las varias traducciones posibles de la palabra usada (peithomai) y en este caso se alista en último lugar. Otras traducciones, como la Reina-Valera 2000, y la SSE vierten esta palabra como “escuchar”.De hecho, el escritor inspirado de Hebreos, en el versículo 7 del mismo capítulo 13 deja en claro que quienes “toman la delantera” no habrían de transmitir su propio punto de vista, ni interpretaciones ni mandamientos, sino la “palabra de Dios”El comentarista bíblico Albert Barnes, dice que la expresión “quienes toman la delantera” (o “jefes” en otras traducciones) tiene el sentido de “guías”, o maestros que actúan dirigiendo las ovejas hacia Cristo no hacia sí mismos. Si esa guía se acomoda a las enseñanzas de Cristo, una respuesta positiva sería lo pertinente y el camino correcto en cuanto que representaría la sumisión a sus enseñanzas. Incluso en asuntos no tratados especificamente por las Escrituras, dice Barnes, el cristiano habría de cooperar libremente mientras ese consentimiento no rebasara los dictados de la conciencia propia.



Pero nada hay que indique una sumisión automática, servil e incuestionable, como la que existe hacia una autoridad superior con el derecho a exigir obediencia, con la capacidad de amenaza de exclusión sobre cualquiera que no le obedezca, o con el peligro de que: Si se desecha al que tiene la autoridad delegada por Cristo, se desecha al mismo Cristo.



Alberto Ribera, ex sacerdote jesuita de alto rango, gran conocedor de la historia de la iglesia y asesinado por denunciar y desenmascarar la Orden jesuítica y sus maquinaciones para corromper la iglesia de Cristo, menciona que: “Los `primeros Padres’ (de la iglesia) seguían la mayor parte del antiguo sistema babilónico, además de la teología judía y la filosofía griega. Pervirtiendo la mayoría de las enseñanzas de Cristo y Sus apóstoles, prepararon el camino para la maquinaria católica romana que se iniciaría. Con fervor atacaron a la Biblia y la corrompieron añadiéndole y quitándole palabras. [...] A través de los años, los jesuitas lograron tomar ese poder (el de los pastores protestantes) para ponerlo en manos de las sedes denominacionales, y ahora han empujado a casi todas las denominaciones protestantes hacia los brazos del Vaticano“. (La Historia Secreta de los Jesuitas, pp. 8,9).



Evidentemente, la obediencia debida hacia las Escrituras, fue desviada hacia los hombres –incluso pastores y ancianos cristianos- y esto ha favorecido a la Iglesia Católica, la Gran Ramera, para la consolidación de una iglesia universal que será controlada por el Anticristo mediante el Falso Profeta.



Otro comentarista nos dice que: “El significado básico del término griego utilizado (peithomai) implica que el consentimiento voluntario otorgado por la persona cristiana surge como resultado de tener `confianza’ primero, de estar `convencido’ y `creer’ en lo que proviene de esos hermanos cristianos, y sobre esa base él o ella responden positivamente. Como hermanos y hermanas cristianos, han entrado en una asociación voluntaria de creyentes, y a lo que se incita es a una respuesta libre y de buena gana, sobre la base de trato amable, ya que así se llevarán a cabo los trabajos de pastoreo de esos hombres con mayor gozo, y hacerlo de otra manera no reportaría ventajas para aquellos mismos a quienes se sirve. No se realiza como consecuencia de una obligación que la “autoridad” de una organización tenga el derecho a exigir de ellos.”



Así que la respuesta a nuestro subtítulo: ¿Pastores, están sobre la grey..? no puede ser más que un rotundo No.



La autoridad, desde el punto de vista del evangelio de Cristo.



Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas, con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿o quién es el que te ha dado esta autoridad? (Lucas 20:1,2)



La autoridad era un asunto fundamental del cual nacía el conflicto entre Jesús y los líderes religiosos de su día. La clase sacerdotal entendía que la autoridad residía en ellos mismos y se extendía hacia aquellos en quienes ellos la delegaban; exactamente igual a como sucede en la inmensa mayoría de las iglesias “cristianas” de hoy. Igual que en el tiempo de Jesús, la clase sacerdotal “cristiana” reclama para sí una autoridad divina para nombrar otros “pastores” y “ancianos” que al ser nombrados se colocan sobre el resto de cristianos en una relación “especial” con Jesucristo. La mayoría de las denominaciones de hoy no aceptan a nadie que se llame a sí mismo “pastor” si no demuestra con credenciales o carnets lo que dice ser. Asambleas de Dios, por citar un ejemplo conocido, carnetiza a sus pastores y demás “líderes” con diferentes tipos de credenciales según el rango que ocupen en la aristocracia espiritual. Alegan en Asambleas de Dios que “nadie puede tener autoridad si no está bajo autoridad” torciendo esta enseñanza para validar la dinastía sacerdotal a la que sólo llegan ciertos privilegiados anulando de un brochazo el sacrificio de Cristo quien al morir permitió que TODOS fuéramos parte del sacerdocio real. En Asambleas de Dios y la gran mayoría de denominaciones que proceden o pertenecen a este concilio se enseña que nadie tiene derecho a enseñar la palabra si no se ha pasado por su escalera de éxito “subiendo” las posiciones necesarias hasta el pastorado local o la “superintendencia” regional, nacional o continental. Igual sucede en las denominaciones pequeñas. Un cristiano maduro que llega a una de estas “iglesias” a servir, es instado a que enseñe sus credenciales y recomendaciones pastorales. Nada de esto sería necesario si se aceptara la guía del Espíritu Santo quien es el único que confiere autoridad, quien recomienda y quien nombra sin necesidad de expedir carnés de cristiano. ¿Cómo saber si alguien es cristiano o es un infiltrado..? Fácil, dejándose guíar por el Espíritu Santo, no entendiendo esto como esperar a recibir una revelación extrasensorial y milagrosa (que puede ocurrir) sino por medio de su bendita palabra. El Espíritu Santo y la Biblia nunca se contradicen.



Las autoridades religiosas del tiempo de Jesús veían en él una amenaza para la estructura de su autoridad. Para ellos Jesús no era más que un intruso, un maestro no carnetizado, ni autorizado, una persona religiosamente sediciosa, alguien que minaba su posición ante la gente, un “aparecido” que no les había solicitado permiso a ellos para enseñar siguiendo el conducto regular establecido. Sus enseñanzas eran heréticas y peligrosas, ya que no se amoldaba a las normas establecidas por los líderes religiosos, las interpretaciones elaboradas por los maestros para la comunidad del pueblo del pacto de la ley mosaica.



Desde entonces, la cuestión de la autoridad espiritual ha surgido una y otra vez. Increíblemente, quienes un día habían resistido valerosamente a la “tiranía de la autoridad”, señala un comentarista, “con frecuencia ellos mismos han sido seducidos después por la llamada a lo que parecía “práctico” desde el punto de vista humano, o por las oportunidades de dominio sobre otros que se presentaron”. Quienes una vez conocieron a Cristo y avanzaron en su conocimiento y fe, cuando tuvieron posibilidades de ejercer control sobre otros –ya sea debido a su conocimiento avanzado u otra cosa- no desperdiciaron esta oportunidad de vanagloriarse y recibir una “merecida” honra. Cuando esto sucede, la verdad es reemplazada por razonamientos engañosos y por apariencias de algo plausible. La conciencia deja paso a la conveniencia. La integridad es sustituida por el pragmatismo y por el punto de vista de que el fin justifica los medios. Qué triste.



La pregunta es, en concreto y de nuevo, ¿existe algún tipo de autoridad humana legítima en la iglesia..? Claro que existe. Pero no entendiendo la “autoridad” como un permiso para controlar, bajo ningún pretexto y en ningún grado, a otro hermano en la fe. La autoridad es y será siempre de la Palabra, sin que esto signifique –como algunos lo pretenden- que la bendita Palabra, de algún modo especial y confuso, entregue su autoridad a alguna persona para que ésta la ejerza sobre otros seres humanos. La autoridad de la Palabra nunca es delegada. El único papel que debe ejercer un ministro (servidor, que todos lo somos) es el de citar la Palabra a un pecador o discípulo, y la autoridad de ésta actuará sobre quien lo permita. De esta manera, se cumple perfectamente el principio básico de que TODOS podemos y debemos exhortarnos unos a otros.



Vigilad, hermanos, para que ninguno de vosotros tenga un corazón malvado y sin fe que le haga apostatar del Dios vivo; al contrario, exhortaos mutuamente todos los días, mientras perdura aquel “hoy”, para que nadie se endurezca por la seducción del pecado. (Hebreos 3:12-13)



De igual manera, todos debemos someternos a nuestros hermanos cristianos: Someteos unos a otros en el temor de Dios. (Efesios 5:21) Obviamente, siempre en el temor a Dios, no al hombre.



El someterse, el obedecernos unos a otros, no significa que cada uno tenga, a su vez, el derecho legal y divino de ejercer dominio sobre otros. Esta también es una premisa jesuita para obtener el control sobre todo hombre y organización de cualquier tipo, incluso religiosa. Edmond Paris, otro mártir que denunció la satánica Orden de los Jesuitas, nos dice que la disciplina eclesiástica y el concepto de subordinación son importantes para los objetivos de Satanás; y que “sólo hay que leer esos textos (de Ignacio de Loyola) para percibir el carácter extremo, si no monstruoso, de la sujeción del alma y del espíritu que se impone a los jesuitas haciéndolos instrumentos dóciles en las manos de sus superiores; y peor aún, convirtiéndolos desde el principio en enemigos naturales de toda clase de libertad. (…) No solo la voluntad sino el razonamiento y los escrúpulos morales deben sacrificarse para dar lugar a la virtud primordial de la obediencia.. (Loyola) declaró: `incluso si Dios les diera un animal sin raciocinio como señor, no vacilarán en obedecerle como amo y guía, porque Dios ordenó que así fuera’ (…) tal obediencia requiere que se sacrifique la voluntad y el criterio propio.“. (La Historia Secreta de los Jesuitas, pp. 28,29) La misma excusa que utilizan, sin prueba alguna, la mayoría de pastores y ancianos “cristianos”, que Dios ordenó la sujeción a ellos, es usada como argumento contundente y de obligatorio cumplimiento entre los jesuitas. Sintómatico.



Aunque uno, como cristiano, no debe obediencia a ningún hombre, evitando obvios peligros de apostasía, un cristiano en uso de su libertad cristiana, aceptará de buena gana una exhortación que tenga base bíblica sólida; y esta exhortación no dependerá del ropaje de “autoridad espiritual” de hombre alguno sino de la bendita palabra de Dios, razón más que suficiente para obedecer la invitación. Aún con todo, cada persona es libre y personalmente responsable ante Dios –y sólo ante Él- de si obedece o no. Nadie tiene el derecho de juzgar sobre otro hermano si éste es guiado por su consciencia y el asunto no es claramente probado en las Escrituras. Nadie tiene derecho a exigir obediencia sobre otro hermano.



Pongamos un ejemplo concreto: Yo, Ricardo Puentes, supongo que tengo conocimiento suficiente de las Escrituras para entender que no debo aceptar más guía que la del Espíritu Santo. Sabiendo esto, busco apoyar a otras personas que, aunque llevan varios años “en Cristo”, no lo conocen ni han nacido de nuevo; y empiezo a enseñarles los rudimentos básicos del cristianismo –rudimentos sin los cuales es absolutamente imposible avanzar hacia la perfección en Cristo. Mi hasta entonces “pastor” cree que estoy subvirtiendo la autoridad y me llama “rebelde” echándome fuera de lo que él llama “su” iglesia, ignorando conscientemente que las enseñanzas que predico tienen fundamento bíblico y entonces el pastor previene a los hermanos que yo no tengo “carnet” ni autorización de Asambleas de Dios para enseñar. El pastor en cuestión no utiliza la Biblia para refutar lo que digo sino que esgrime su “autoridad” entregada a él por otro pastor de Asambleas de Dios. Saca sus credenciales y carnets y yo, para evitar conflictos mayores me voy de “su” iglesia advirtiéndole que cumpliré sus deseos de no acercarme –por iniciativa propia- a ninguna de las ovejas bajo su “mando” pero que siempre estaré dispuesto a obedecer primero a Dios antes que a los hombres, así estos tengan carnets o credenciales de pastor. Le digo que si alguna persona me busca o me la encuentro en la calle e inicia ella la conversación, estaré dispuesto a compartir el mensaje del evangelio con ella. Al poco tiempo algunas personas nos visitan a mi esposa y a mí, buscando tan solo que escuchemos sus problemas y angustias. No solo las escuchamos sino que les damos consejo basado en la Biblia y usando únicamente la autoridad de la Palabra. Comenzamos la instrucción de los rudimentos de la doctrina cristiana sin necesidad de que yo tenga un carnet que me dé permiso para ello. ¿Tengo autoridad para enseñar…? Claro que sí. Si todo lo que enseño está basado en la Biblia y si acepto la guía del Espíritu Santo para ello. ¿Necesito que algún tipo de autoridad humana me delegue su autoridad para enseñar, exhortar y ayudar a otros hermanos cristianos..? No, de ninguna manera. Nadie la necesita.Mirando el asunto desde el otro punto de vista, desde la perspectiva de las personas a quienes estoy enseñando, ¿tengo yo autoridad sobre ellos..? ¡Jamás permita el Señor esto..! Sería un insulto al sacrificio de Cristo. Todos los días oro y le pido al Señor que no permita que yo me enseñoree sobre mis hermanos más débiles, sino que cumpla con la gran Comisión, cual es enseñarles lo que dice la Biblia, aconsejarles en sus problemas no con base en mi entendimiento sino con la Escritura y conducirlos paciente y laboriosamente hacia Cristo. Cuando cada nueva oveja llegue a la estatura de Cristo, a su conocimiento pleno, mi labor como “guía” cesa inmediatamente. Esta oveja ya no necesita de ser guiada porque ya ha encontrado a Cristo y debe dejarse llevar por la guía invisible del Espíritu Santo, quien, además, lo ha guiado desde el comienzo haciendo que el creyente evalúe cada enseñanza y dándole la medida de fe necesaria para avanzar de gloria en gloria, tal y como promete la bendita palabra. Por esa razón, una persona que ha nacido de nuevo, que ha aceptado la guía del Espíritu Santo, que ha aceptado el sacrificio de Cristo como su único medio de salvación, ya pertenece a la iglesia de Cristo. No es necesario que se inscriba como “miembro” en alguna denominación ni que reciba una certificación escrita de ninguna “autoridad” humana, para que Cristo ya la vea como parte de su iglesia. Evidentemente, este ser nacido de nuevo debe buscar reunirse con otros compañeros de creencia pero jamás, por ningún motivo, debe permitir ser esclavizado por otros hombres, así estos esgriman una “autoridad espiritual”. Si debe sacrificar su libertad cristiana en aras del compañerismo cristiano, la persona debe decidir por sí misma preguntándose qué haría Jesús en esas circunstancias y qué enseña el ejemplo neotestamentario al respecto.
Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo. (Efesios 4:14-15)



El objetivo de cada maestro, pastor, evangelista, etc., no es el de constituir una pirámide de autoridad ni conformar una especie de cuerpo sacerdotal. Cada término de estos (pastor, maestro, evangelista) designa una función, no un cargo. Es decir, yo no puedo ser “nombrado” pastor, maestro, etc., sino que, ejerciendo una de esas funciones, o cualquier otra al servicio de otros cristianos, (que es la única manera de ejercerlas) cumplo con la orden de Cristo para cada uno de nosotros: la de servir.Entonces, ¿cuál es el objetivo, la meta, de nuestro servicio como pastores, maestros, etc..? Que sea la misma palabra la que nos conteste:



Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. (Efesios 4:11-13)



Ahí esta la razón de pastorear, evangelizar y enseñar: Para que todos lleguemos a la unidad de fe y del conocimiento de Cristo; para que todos consigamos la estatura de la plenitud de Cristo.



La función de un pastor no es pretender que cada cristiano recién convertido esté perpetuamente bajo su “cobertura”, sino que cada uno crezca hasta alcanzar la madurez.



¿Quiere decir esto, por ende, que una vez alcanzada la madurez, yo no necesito consejo de otros cristianos..? No. Cada uno de nosotros, como lo requiere Cristo, está para apoyar y ser apoyado, para aconsejar y ser aconsejado, para exhortar y ser exhortado. Eso es cristianismo en acción. Nadie debe gloriarse de su “espiritualidad” o conocimientos bíblicos. Antes bien, como dice el apóstol inspirado, hay que estar permanentemente alerta para no caer.



Esa es la clase de autoridad que apoya la Biblia. No es una autoridad sustentada en la persona o su posición en el rango sacerdotal; la autoridad no descansa sobre la persona y sí sobre la Escritura; la función de la persona es guiar hacia la autoridad bíblica sin exigir un derecho –que no existe- a ninguna recompensa por hacer lo que está obligado a hacer, ni reclamar un honor que no le corresponde y que sólo es debido al Gran Pastor, Maestro y Salvador, nuestro Señor.



Así que, el asunto está en la clase de autoridad, su finalidad y qué limites tiene.


Entendiendo que TODOS somos iguales y que no tenemos derecho a reclamar obediencia de otros hermanos, hallamos sentido a la enseñanza de Jesús de que la iglesia es una familia cuya cabeza es él mismo. Cualquier cosa que afecte esa relación de hermandad no puede ser genuinamente cristiana. Cualesquiera títulos o posiciones oficiales que, de por sí, coloquen a alguien en un nivel espiritual diferente al de los demás o que de alguna manera llegue a entrometerse en el exclusivo derecho del Hijo de Dios como Amo y Maestro de sus seguidores, es -fuera de cualquier duda- una desviación perversa del espíritu del cristianismo. Cualquiera que reclame un honor u autoridad sobre sus hermanos, está desviándose de la verdad; el ejemplo de los apóstoles no le apoya… la Biblia no le apoya.



Por otro lado ¿Qué hay en cuanto a lo que encontramos en las Escrituras Cristianas sobre denominaciones, tales como “pastor”, “maestro”, “profeta”, “anciano”, y demás? Un comentarista bíblico dice que: “Era evidente que todas eran referidas, no a cargos o posiciones oficiales en una estructura de autoridad, sino a los servicios que habían de prestarse a la comunidad de hermanos, se trataba de cualidades y habilidades personales puestas al servicio de otros. La autorización para que dichas personas ejercieran esos servicios no los constituía en cabezas espirituales sobre sus hermanos”. Y la razón, queridos hermanos, es porque “Cristo es la cabeza de todo varón”, no hombre alguno.Esos servicios, las cualidades y las habilidades estaban orientadas hacia la ayuda de las personas en su “crecimiento” como cristianos maduros, no para que permanecieran mental y espiritualmente como bebés, constantemente necesitados de la asistencia de otros para pensar, para tomar de sus decisiones, y ser así fácilmente llevados de una enseñanza a otra. Habían de ser como niños en su relación con Dios y Jesucristo, pero no con respecto a los hombres. El propósito de asociarse en congregación era el de facilitar su crecimiento como “personas maduras”, capaces de tomar sus propias decisiones, hombres y mujeres “plenamente adultos” que correctamente no admiten otro cabeza espiritual que a Cristo. Ninguno de los que enseña a otros deben intentar hacer pensar a los discípulos que están en deuda con él; ni pretender que los demás obedezcan sus sugerencias o guías ni hacer que quienes no lo hagan se sientan irrespetuosos, desobedientes, rebeldes o cualquier otra cosa que no tiene, de ninguna manera, base bíblica:



¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. (1Cor.3:5-7)


El escritor inspirado lo dice: Sólo somos servidores (o ministros) por medio de los cuales otras personas creen. Ni el que planta es algo, ni el que riega. Sólo Dios. Amén.Pablo, escribiendo a Timoteo, describió la comunidad cristiana en términos de una relación familiar. (1Timoteo 5:1,2). Los hermanos que eran ancianos en edad y en experiencia cristiana podrían desempeñar correctamente un papel similar al de un hermano mayor dentro de la familia. Como ejemplo ilustrativo, si faltaba el cabeza de una familia, sus hijos mayores podían encargarse de hacer cumplir las instrucciones de ese cabeza de familia, exhortar al apego a las instrucciones dadas por el padre. Pero los hijos mayores JAMÁS podrían actuar como si en realidad fueran ellos el cabeza de familia, como si a ellos correspondiera el establecer las normas de conducta para la familia más allá de lo que hubiera establecido y encomendado el cabeza legal de la misma. Tampoco podrían, por ende, esperar, sugerir o exigir el reconocimiento y la sumisión que apropiadamente correspondía tan sólo al cabeza de la familia. De modo que así debería ser en la familia o casa cristiana, que tiene a Cristo como su Cabeza y Dueño, regida mediante las instrucciones dadas por él mismo, ya fuera directamente o a través de los apóstoles que eligió.


Pastores y ancianos… ¿Están sobre la grey..?


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