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sábado, 7 de febrero de 2009

¿ESTÁ LA FRASE “VENGA TU REINO” EN SUS PRECES?




Por Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Por casi dos milenios los cristianos han repetido la oración del “Padre Nuestro”, la cual fue enseñada por Jesucristo mismo a sus discípulos. Una de sus partes dice: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” (Mateo 6:10). Tal vez usted mismo ha coreado esta oración muchísimas veces, ¿pero se ha detenido a pensar por un instante qué significa eso que Jesús llamó: ‘el reino’? Además, ¿qué está pidiendo usted cuando ora: “Venga tu reino. Hágase tu voluntad…así también en la tierra”? Es hora de que usted despierte de su indiferencia espiritual y medite en este asunto con la mayor seriedad posible. Orar sin saber o sin comprender lo que se está pidiendo es la mayor disparate que un ser humano pensante e inteligente pueda cometer. Millones de cristianos están orando que venga el reino de Dios a la tierra a fin de que se haga la voluntad del Creador en el mundo así como se hace en el cielo. No obstante, estos orantes no saben de qué se trata eso que Jesús llama “tu reino”. Esto es increíble, sorprendente, e Inaudito.

Ahora bien, Jesús les dijo a sus discípulos que debían buscar y pedir por la venida del reino de Dios a la tierra sin primero haberles dado una explicación o una definición detallada de lo que éste era. Pero esto no es sorprendente en absoluto, pues sus oyentes ya sabían lo que era ese reino de Dios por las Escrituras Hebreas, es decir, por el llamado Antiguo Testamento.

El Reino y los Judíos

Pero antes de continuar con este estudio bíblico quiero manifestar que los más grandes teólogos católicos y protestantes están de acuerdo de que el tema central de todo el mensaje de Cristo es el Reino de Dios. Usted encontrará el reino de Dios en los libros de los Profetas, en los Salmos, y en los libros históricos como Samuel, Reyes, y Crónicas. De modo que los Judíos estaban muy bien familiarizados con la frase “el reino de Yahweh (Elohim)” (1 Crónicas 28:5). Por eso es que usted nunca encontrará en el Nuevo Testamento una explicación detallada o poco detallada del reino de Dios, pues no era necesario que Jesús lo definiera, o cualquiera de sus discípulos. Y Jamás leerá en la Biblia de alguien que preguntara a Jesús sobre la naturaleza del reino de Dios, es decir, si éste sería real o imaginario; espiritual o literal; terrenal o celestial; temporal o eterno; presente o futuro; etc. Los Judíos ya tenían bien definida la naturaleza de aquel reino mesiánico esperado desde hace muchos siglos antes, que Jesús no se molestó en definir dicha naturaleza nuevamente a sus paisanos. De modo que si usted quiere saber qué es eso que la Biblia llama “El Reino de Dios”, tiene que averiguarlo en la misma Biblia, comenzando con el Antiguo Testamento. No obstante, este estudio le ofrecerá un resumen de lo que es el Reino de Dios y usted lo podrá complementar con sus lecturas personales de la Biblia.

Pues bien, algunos alegarán que Jesús dio una explicación muy particular de la naturaleza del reino de Dios en sus famosas “Parábolas del Reino”. También es cierto que Jesús habló “secretamente” o “misteriosamente” a sus detractores en sus Parábolas del Reino, pero no fue así para con sus fieles discípulos (Mateo 13:10-17). ¿Pero fueron sus parábolas una nueva forma de entender el reino de Dios? ¿Cambiaron las parábolas de Jesús la esencia misma del reino tradicional judío? ¡De ninguna manera! Pues Cristo vino “a confirmar (no cambiar) las promesas hechas a los padres” (Romanos 15:8).

Las Parábolas del Reino, en el Evangelio de Lucas (capítulos 13-19), presentan las condiciones éticas y espirituales exigidas por Dios para ingresar o participar de ese reino esperado por los Judíos. Los judíos pensaban que por la ley ellos podían ganar la aprobación de Dios. Creían que haciendo el bien a la luz de los Diez Mandamientos serían salvos y entrarían en el reino. Pero Jesús enseña muy claramente en sus parábolas que el reino de Dios exige arrepentimiento, como ocurre en la parábola del hijo pródigo. Jesús enseñó también que se requiere un “nuevo nacimiento” a través del agua y del Espíritu para ver y entrar en él (Juan 3:3,5). Aquí se incluye el bautismo para el perdón de los pecados, y el recibimiento del Espíritu Santo. Para otros este “nuevo nacimiento” significa el “renacimiento en la resurrección” para obtener el cuerpo inmortal y glorioso con el cual entraremos al reino (1 Corintios 15:50). En la Parábola de la Gran Cena Jesús enseña que su reino estará conformado por los pobres de la tierra. En cambio, los ricos petulantes quedarán excluidos. En fin, Jesús estuvo enseñando permanentemente sobre su reino y poniendo las condiciones para participar de él activamente.

¿Qué es el Reino de Dios?

En primer término, debemos decir que el reino de Dios es un asunto que tiene que ver con la voluntad de Dios para con esta tierra. ¿Recuerda la oración del Padre Nuestro? Dice entre otras cosas:”Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Notemos que Dios quiere que se haga Su voluntad en la tierra como se hace en el cielo. Es decir, en el cielo se está haciendo la voluntad de Dios, ¡Pero no en la tierra! Por eso tenemos que seguir pidiendo que se haga la voluntad de Dios en la tierra a través de ese algo llamado: “REINO DE DIOS”. El Reino de Dios en la tierra significará que la voluntad de Dios finalmente se estará haciendo en nuestro mundo. ¡Piénselo seriamente!

¿Podría alguien decir que este mundo caótico y malvado refleja el carácter y la voluntad de Dios? ¿Son las guerras, las pestes, las hambres, los odios, las desigualdades, la contaminación ambiental, el desempleo, los hogares destruidos, los gobiernos corruptos, las violencias, los crímenes, y cosas como éstas, Su Voluntad para nuestro mundo? No, ciertamente. Hoy no se está haciendo la voluntad de Dios en la tierra como se hace en el cielo. Dios es un Dios de paz y no de confusión (1 Corintios 14:33). Hoy no hay paz en la tierra sino confusión total, y así no es Dios. Dios es un Dios que ama la paz, la justicia, la rectitud, la ley y el orden.

Habiendo comprendido que aún no se está haciendo la voluntad de Dios en la tierra, podemos concluir que todavía no ha venido el reino de Dios a la tierra. Cuando por fin venga el Reino de Dios, se hará completamente lo que Dios dice y quiere para la sociedad humana. Los hombres tendrán que vivir de acuerdo a la voluntad de Dios, de lo contrario no podrán sobrevivir en su reino, y quedarán excluidos eternamente y… ¡Serán aniquilados para siempre! (Zacarías 14:17)(Salmos 37:9-11,20,22,34,38).

Hoy en día los hombres están destruyendo la creación de Dios: la tierra, los mares, los lagos, los alimentos, la atmósfera, la fauna silvestre, la flora, etc. Hoy existe la “lluvia ácida”, “el efecto invernadero”, los polos se derriten, se presentan graves inundaciones, tornados, huracanes, terremotos, sequías, plagas, enfermedades, etc. Todo esto por culpa del mismo hombre y de su “ciencia”. En Apocalipsis 11:18 hay una seria advertencia de parte del Altísimo, porque le estamos provocando y ofendiendo con nuestros actos malvados. Dice el mencionado pasaje apocalíptico: “…y tu ira ha venido…y de destruir a los que destruyen la tierra.”

El reino de Dios pondrá fin a los destructores de la tierra, a todos aquellos que no han amado a Dios y Su creación. Los reinos (gobiernos) de este mundo darán paso al reino de Dios. Este Reino fue también previsto por el profeta Daniel en los capítulos 2 y 7. Allí el profeta ve que el reino de Dios desplaza y hasta destruye todos los gobiernos de la tierra, y él se vuelve único y poderoso sobre toda la tierra. El profeta vislumbra un reino o gobierno que ejerce su poder mundialmente (Daniel 2:44). ¡Habrá solo un gobierno y también un solo gobernante mundial! ¿Se imagina usted un mundo con un solo gobierno y un solo gobernante mundial? ¡Terminarían las rivalidades y discordias entres los pueblos! Hoy estamos divididos por fronteras, idiomas, religiones, sistemas políticos, sociales y económicos totalmente diferentes unos de otros. En el reino de Dios todo ello desaparecerá y habrá, por fin, una religión, un Dios, un idioma, un soberano o gobernante, un solo sistema de gobierno, y todo ello se traducirá en una paz con justicia verdadera en la tierra. Los ejércitos habrán desaparecido por completo, y los armamentos bélicos (Isaías 2:1-4;9:6,7).

Así como los reinos de Inglaterra, Francia, España, Italia, Portugal, etc, ejercieron, y algunos aún ejercen su poder en sus ciudadanos, así también el reino de Dios ejercerá su poder mundial y teocrático cuando Cristo regrese por segunda vez a la tierra como rey. (Mateo 25:31,34). Parece increíble, pero usted podrá leerlo en una Biblia Católica y Protestante por igual. Y si usted es Católico, entonces tiene que leerlo en su Biblia…¡y creerlo! Esto no es un asunto de “las sectas” sino de Dios.

El Patriarca Abraham y el Reino

¿Por qué mencionar a un antiguo patriarca en el tema del reino? Muy simple, pues Abraham recibió una promesa extraordinaria de Dios que daría origen a un extraordinario reino futuro en la tierra. ¿Cómo? En Génesis 13:14-15 Dios le dice a Abraham lo siguiente: “…Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y hacia el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves la daré a ti y a tu descendencia para siempre”. En Génesis 15:18 Dios le vuelve a decir a Abraham: “En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates”.

Notemos que Dios le hizo un pacto al anciano patriarca Abraham en el sentido de que le daría un lugar o una tierra que se encuentra desde el río de Egipto (Nilo) hasta el río grande, el Eufrates. Si uno observa estos límites se dará cuenta que se hallan en el Medio Oriente, en lo que es ahora parte de Siria, Líbano, e Israel Moderno. Ahora adviértase también que esta “Tierra Prometida” sería igualmente para la descendencia o simiente de Abraham. Recordemos que Abraham luego recibió la promesa de Dios de que tendría un hijo de su anciana esposa Sara. Con el tiempo Abraham tuvo su descendiente según la promesa, y se le llamó Isaac. Luego Isaac tuvo su hijo Jacob y Esaú, y de Jacob nacieron 12 hijos, de los cuales uno continuó con la promesa, Judá. Con el correr de los siglos, de la familia de Judá, nace Jesucristo.

Jesucristo, por tanto, es la simiente o descendencia de Abraham. Ahora veamos los que dice San Pablo sobre Abraham y la simiente, Jesucristo. “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: A las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.” (Gálatas 3:16,29). Notemos que la simiente de Abraham es una sola: El Señor Jesucristo. Cristo tendrá la herencia de la tierra entera, siendo su residencia permanente, la tierra prometida, Israel. Sí, Jesús será el heredero de la tierra prometida para siempre. Además, notemos que los que son de Cristo (Su Iglesia), tendrán también herencia con el Mesías de la tierra prometida. Eso lo dice San Pablo, no quien escribe este estudio. Por tanto, si la tierra de Israel será la sede del reino de Cristo, ¿por qué enseña el catolicismo y el protestantismo, en su mayoría, que nuestro paradero final y eterno será el cielo? ¡No lo entendemos aún!

El Rey David y el Reino

Dios inauguró su reino con Saúl. Este fue el primer rey de la línea de Judá que reinó en Jerusalén. Desgraciadamente este rey fue infiel a Dios, razón por la cual Dios lo destituyó reemplazándolo por un pastorcito de ovejas llamado David. David tuvo dos hijos importantes, Salomón y Natán. De Salomón desciende José, el esposo de María, madre de Jesús. En cambio María desciende de Natán, lo cual la hace a ella también descendiente de David. La promesa era que de la descendencia de la mujer (María) nacería la simiente que aplastaría la cabeza a la serpiente, Satanás (Génesis 3:15). Jesús, por tanto, al ser descendiente de Abraham y de David, es el heredero del reino de David que se reestablecerá en la tierra prometida. Recordemos que el reino de David era el Reino de Dios (1 Crónicas 28:5). Jesús, por lo tanto, es de sangre azul y heredero potencial de su reino. Pero: ¿Hay un reino judío en Israel hoy? No, ¡por ahora!

Se sabe que el último rey descendiente de David fue Sedequías, que fue derrocado por el rey babilónico Nabuconodosor en 586 A.C. Sedequías fue un rey desobediente que llevó al pueblo de Dios a la idolatría. Su castigo fue el destierro y el asesinato de todos sus hijos. El pueblo judío fue llevado preso y esclavo a Babilonia por 70 años. Desde esa fecha de 586 a.C, Israel no ha tenido más reyes de la línea de David. Pero Dios había profetizado por intermedio de Ezequiel el profeta, que algún día el reino de David sería restaurado en la persona de un descendiente suyo (Leer Ezequiel 21:25-27). Usted, amigo, debe leer en su Biblia todos los pasajes que le citamos para que constate la veracidad de nuestras afirmaciones.

Pero el Apóstol Pedro nos da más luz acerca de quién puede tratarse ese descendiente del rey David que reanudará la línea real en Israel en un futuro no lejano. Él dijo lo siguiente cuando hizo una apología de Jesucristo en el primer concilio en Jerusalén: “Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono.” (Hechos 2:29,30). Es claro entonces que aquel que tiene el derecho de sentarse en el trono del reino de David, el cual es llamado también ‘El reino de Dios’, es el Mesías Jesús. Repetimos: El reino de David que está suspendido en el tiempo será RESTAURADO EN ISRAEL EN LA PERSONA DE CRISTO. ¡Jesucristo será el nuevo rey en Israel cuando él regrese a la tierra! Así como hay hoy un reino en Jordania, así también habrá un reino en Israel muy pronto. Nada es imposible para Dios, aunque a usted le parezca una utopía.

El Gobierno Mundial de Jesucristo

Jesús dijo: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria. Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venida benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” (Mateo 25:31,34).

Su dominio (el de Jesucristo) será mundial, pues también el profeta David nos dice: “Dominará de mar a mar, y desde el río hasta los confines de la tierra.” (Salmos 72:8). Sí, el poder del Mesías escogido será total, pues regirá a los pueblos con mano firme y segura, y con la bendición de Dios el Padre (Apocalipsis 2:26,27). Pero, ¿cree usted en este mensaje del cielo? ¿Le parece una historieta más? ¿Un mito tal vez o una utopía de poetas? Muchos aún se resisten a creer, pues han sido instruidos de manera diferente. La gran mayoría de “cristianos” se les ha hecho creer que si son “buenos” irán al cielo para estar con Dios y todos los santos. A éstos les parece raro que les prediquemos una esperanza terrenal, cuando ya no pueden creer más en las promesas de un “mejor orden económico, político y social en la tierra”. Escapar de este mundo decadente y confuso es la mejor alternativa. Nos ilusiona pensar que estaremos en otra dimensión o en otro plano existencial, lo cual estaría bien para los que se drogan. Estos “escapan” temporalmente y artificialmente de sus problemas cotidianos, pero luego caen en una mayor desesperación y desilusión. Pero “tocar el arpa” en el cielo por una eternidad igualmente resultaría tedioso e improductivo. La promesa de un mundo nuevo y justo eso sí tiene sentido, pues estamos llamados a colaborar con Jesús en la reestructuración de la nueva sociedad que él implantará con su iglesia (2 Pedro 3:13,14; Miqueas 4:1-4).

Usted puede cambiar su vida y gozar de una magnífica esperanza de vida eterna en el reino de Jesucristo. Sólo tiene que arrepentirse de sus pecados y ser bautizado bajo agua en el nombre de Jesucristo para recibir su sellamiento como hijo de Dios. Luego usted experimentará una nueva vida de fe en Cristo y sus promesas. Su vida tiene propósito si cree en Cristo y en Su Evangelio del Reino (Marcos 1:14,15). Evangelio significa “Buenas Noticias”, de modo que Cristo vino a traernos buenas noticias de un nuevo orden mundial bajo su reino.

El problema del ser humano es generalmente la falta de fe. Jesús ya había pronosticado que antes de su regreso a la tierra no hallaría fe en él y en su evangelio (Leer Lucas 18:8). Por eso no nos extraña que nuestro anuncio no sea bien recibido por la mayoría de personas. El problema es su falta de fe en las Palabras de Dios. Jesús se topó con muchos hombres faltos de fe en muchas ocasiones. Pero usted puede creer si dispone su corazón a la verdad bíblica.

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¿VA A SER EL CIELO NUESTRA CASA ETERNA?—¡LO QUE LA TRADICIÓN HA OBSCURECIDO!




Una de las doctrinas centrales del cristianismo es la enseñanza de que los creyentes pasarán la eternidad en el cielo. Los numerosos himnos han sido escritos sobre aquellas “calles divinas de oro” por las que andaremos en la vida futura. Junto con el concepto Trinitariano de la Deidad, la doctrina de ir al cielo es una de las creencias fundamentales del cristianismo tradicional.

Sin embargo, no hay ninguna semejante doctrina enseñada en el Antiguo Testamento. Esta enseñanza está basada exclusivamente en pasajes del Nuevo de Testamento. Los Evangelios Sinópticos declaran que nuestro tesoro estará en el cielo:

Mateo 6:19 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”.

Mateo 19:21 “Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”.


Marcos 10:21 “Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz”.

Lucas 18:22 “Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme”.
Otros pasajes hablan de nuestra recompensa que está en el cielo:


Mateo 5:11,12 “Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros”.

Lucas 6:20-23: “Y alzando los ojos hacia sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis. Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas”.

A los discípulos se les dijo que sus nombres estaban escritos en el cielo:


Lucas 10:19-20: He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

Hebreos 12: 22-23 “sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial, a la compañía de muchos millares de ángeles, a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos”.


El apóstol Pablo declare que los creyentes eran ciudadanos del cielo:

Filipenses 3:20,21: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”.

Pablo también, de acuerdo con los Evangelios Sinópticos, escribió que los creyentes tienen “una esperanza en el cielo,” “una posesión duradera” reservada como un tesoro para ellos en el cielo:


Colosenses 1:3-5: “Siempre orando por vosotros, damos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, habiendo oído de vuestra fe en Cristo Jesús, y del amor que tenéis a todos los santos, a causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual ya habéis oído por la palabra verdadera del evangelio”

Heb. 10:32-34: “Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos”.


1 Timoteo 6:17-19: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eternal”.

El apóstol Pedro, de acuerdo con el autor de Hebreos, muestra que los creyentes tienen “una herencia incorruptible” reservada para ellos en el cielo:


1 Pedro 1:3-5: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”.

Un escrutinio de estas Escrituras muestra que el foco del Nuevo Testamento está principalmente en la RECOMPENSA de los creyentes, que es el TESORO que ellos han reservado para ellos en el cielo. En II Corintios, Pablo habla expresamente de la naturaleza de esta recompensa:


2 Cor. 5:1-4: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida”.

En este pasaje, Pablo habla figuradamente de la vida en este cuerpo carnal (”nuestra casa terrenal”). Él dice a los Corintios que ellos tienen “un edificio de Dios” en el cielo que los espera después de que su cuerpo carnal muera. Él habla ansiosamente de ser vestido con su cuerpo espiritual, aquella “residencia que es del cielo.” Él declara que aquellos creyentes en la carne gimen en el esfuerzo penoso, esperando ponerse su cuerpo espiritual incorruptible en la resurrección. Es este cuerpo espiritual e inmortal que es el tesoro o la recompensa que espera a los creyentes en la resurrección.


En una carta anterior, Pablo les dijo a los Corintios que “carne y sangre” NO pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción”:

1 Cor. 15:50-53: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción. He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad”.


La enseñanza de Pablo es clara para aquellos que pueden ver por encima de las tradiciones de los hombres. La recompensa reservada en el cielo para creyentes no es una residencia en el cielo mismo, sino mejor dicho un cuerpo espiritual incorruptible que los creyentes tendrán después de la resurrección.

La Biblia nunca explícitamente declara que los creyentes serán tomados al cielo para pasar la eternidad allí. De hecho, Pablo expresamente nos dice dónde pasarán los creyentes la eternidad en la su primera carta a los Tesalonicenses:


1 Tes. 4:13-17: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor”.

Pablo claramente declara que después del regreso del Mesías, cuando los muertos son resucitados, aquellos que están “en Cristo” siempre “estarán con el Señor.” Jesús mismo prometió volver y tomar a los creyentes a donde él estaría:


Juan 14:1-3: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Sí, en el cielo Dios mora en su santo templo, y ese Santo templo es visto bajar a la tierra en Apocalipsis 21 para que esté entre los hombres. Es decir, la morada de Dios, su tabernáculo estará en medio de los hombres y Dios morará con sus fieles en sus moradas. Nótese que Jesús dice que dónde él está (en Jerusalén) estaremos nosotros también con él.


Una razón por la que los Cristianos han abrazado el cielo como su lugar de morada eterna es porque ellos no estudian el Antiguo Testamento bastante para saber lo que éste enseña sobre el reino próximo de Dios (llamado “el reino de los cielos” por Mateo). Si los creyentes siempre deberán “estar con el Señor” después de su regreso, ¿dónde muestra la Biblia que estará el Mesías entonces? Vamos ahora a dedicar el resto de este estudio para responder esta pregunta.

Empecemos con las propias palabras del Mesías, encontradas en el Sermón al Monte:

Mateo 5:2-9 “Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo: Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”

Muchas personas interpretan la frase “reino de los cielos” como un reino que está EN el cielo. Pero esto no es lo que Mateo (el único autor de un Evangelio que usa la locución “el reino de los cielos”) tuvo la intención de comunicar por su uso de la frase.


El Evangelio de Mateo fue escrito a los Judíos. A causa de su deseo de no tomar el nombre de Dios en vano (Exo. 20:7), los Judíos a menudo usaban términos que fueron entendidos como sinónimos de Dios (es decir, “el Poder” - Mateo 26:64; Marcos 14:62; “cielo”-Lucas 15:1 en vez de Su nombre. Por lo tanto, en las escrituras de Mateo, “el reino de Dios” es más a menudo referido como “el reino de los cielos.”

Jesús declaró que el “pobre en espíritu” (Mat. 5:3) y aquellos “perseguidos a causa de la justicia” (Mat. 5) van a recibir “el reino de los cielos.” Sin embargo, los mansos van “a heredar la tierra” (Mat. 5:5). ¿Habrá dos recompensas DIFERENTES por estos grupos de personas? ¿O estos dos son realmente el mismo?


Un poco más tarde en el Sermón al Monte, Jesús enseñó a sus discípulos a cómo orar. El principio de esta oración, que es familiar a casi cada creyente, contiene el entendimiento de nuestro destino eterno:

Mateo 6:9,10: “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra”.

El reino de Dios (”o el reino de los cielos”) estará aquí en la tierra. Jesús enseñó a sus discípulos a orar para que venga este reino, de modo que la voluntad de Dios pudiera ser hecha aquí en la tierra, como se hace ahora en el cielo.

Para mostrar concluyentemente que “el reino de los cielos” y el Mesías estarán en la tierra, debemos examinar las profecías de Antiguo Testamento. Éstas nos dirán claramente dónde los creyentes disfrutarán de su recompensa “divina”. Comencemos con una profecía del libro de Zacarías:


Zacarías 8:2-8: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé a Sion con gran celo, y con gran ira la celé. Así dice Jehová: Yo he restaurado a Sion, y moraré en medio de Jerusalén; y Jerusalén se llamará Ciudad de la Verdad, y el monte de Jehová de los ejércitos, Monte de Santidad. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún han de morar ancianos y ancianas en las calles de Jerusalén, cada cual con bordón en su mano por la multitud de los días. Y las calles de la ciudad estarán llenas de muchachos y muchachas que jugarán en ellas. Así dice Jehová de los ejércitos: Si esto parecerá maravilloso a los ojos del remanente de este pueblo en aquellos días, ¿también será maravilloso delante de mis ojos? dice Jehová de los ejércitos. Así ha dicho Jehová de los ejércitos: He aquí, yo salvo a mi pueblo de la tierra del oriente, y de la tierra donde se pone el sol; y los traeré, y habitarán en medio de Jerusalén; y me serán por pueblo, y yo seré a ellos por Dios en verdad y en justicia”.

Zacarías claramente registra que el Mesías (a quien dieron el nombre de su Padre-Juan 17:11) volverá a Jerusalén y morará allí en medio de Israel. Esto es afirmado repetidas veces en el Tanakh, como muestran las profecías siguientes:


Zacarías 2:4-12: “y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella. Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová. Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén.

Miqueas 4:1-8: “Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. Y él juzgará entre muchos pueblos, y corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus espadas para azadones, y sus lanzas para hoces; no alzará espada nación contra nación, ni se ensayarán más para la guerra. Y se sentará cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá quien los amedrente; porque la boca de Jehová de los ejércitos lo ha hablado. Aunque todos los pueblos anden cada uno en el nombre de su dios, nosotros con todo andaremos en el nombre de Jehová nuestro Dios eternamente y para siempre. En aquel día, dice Jehová, juntaré la que cojea, y recogeré la descarriada, y a la que afligí; y pondré a la coja como remanente, y a la descarriada como nación robusta; y Jehová reinará sobre ellos en el monte de Sion desde ahora y para siempre. Y tú, oh torre del rebaño, fortaleza de la hija de Sion, hasta ti vendrá el señorío primero, el reino de la hija de Jerusalén”.


Joel 3:16-21: “Y Jehová rugirá desde Sion, y dará su voz desde Jerusalén, y temblarán los cielos y la tierra; pero Jehová será la esperanza de su pueblo, y la fortaleza de los hijos de Israel. Y conoceréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que habito en Sion, mi santo monte; y Jerusalén será santa, y extraños no pasarán más por ella. Sucederá en aquel tiempo, que los montes destilarán mosto, y los collados fluirán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán aguas; y saldrá una fuente de la casa de Jehová, y regará el valle de Sitim. Egipto será destruido, y Edom será vuelto en desierto asolado, por la injuria hecha a los hijos de Judá; porque derramaron en su tierra sangre inocente. Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusalén por generación y generación. Y limpiaré la sangre de los que no había limpiado; y Jehová morará en Sion”.

Isaías 24:17-23: “Terror, foso y red sobre ti, oh morador de la tierra. Y acontecerá que el que huyere de la voz del terror caerá en el foso; y el que saliere de en medio del foso será preso en la red; porque de lo alto se abrirán ventanas, y temblarán los cimientos de la tierra. Será quebrantada del todo la tierra, enteramente desmenuzada será la tierra, en gran manera será la tierra conmovida. Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará. Acontecerá en aquel día, que Jehová castigará al ejército de los cielos en lo alto, y a los reyes de la tierra sobre la tierra. Y serán amontonados como se amontona a los encarcelados en mazmorra, y en prisión quedarán encerrados, y serán castigados después de muchos días. La luna se avergonzará, y el sol se confundirá, cuando Jehová de los ejércitos reine en el monte de Sion y en Jerusalén, y delante de sus ancianos sea glorioso”.


Isaías 21:1-6: “En aquel día dirás: Cantaré a ti, oh Jehová; pues aunque te enojaste contra mí, tu indignación se apartó, y me has consolado. He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí. Sacaréis con gozo aguas de las fuentes de la salvación. Y diréis en aquel día: Cantad a Jehová, aclamad su nombre, haced célebres en los pueblos sus obras, recordad que su nombre es engrandecido. Cantad salmos a Jehová, porque ha hecho cosas magníficas; sea sabido esto por toda la tierra. Regocíjate y canta, oh moradora de Sion; porque grande es en medio de ti el Santo de Israel”.

Salmos 12:1-12 “¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, Y príncipes consultarán unidos Contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, Y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, Y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi rey Sobre Sion, mi santo monte. Yo publicaré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, Y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; Como vasija de alfarero los desmenuzarás. Ahora, pues, oh reyes, sed prudentes; Admitid amonestación, jueces de la tierra. Servid a Jehová con temor, Y alegraos con temblor. Honrad al Hijo, para que no se enoje, y perezcáis en el camino; Pues se inflama de pronto su ira. Bienaventurados todos los que en él confían”.


Una multitud de profecías del Antiguo Testamento hablan de la nueva reunión de los israelitas en la Tierra Santa bajo el reinado del rey Mesías. Está claro que Jesús estará aquí en la tierra gobernando sobre las naciones desde Jerusalén.

Según Pablo, debemos estar para siempre con el Señor cuando él aparezca. Si es así, entonces también estaremos aquí en la tierra, gobernando con él como reyes y sacerdotes (Rev 1:6). Isaías habla de lo que haremos entonces:


Isaías 1:24-27: “Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, me vengaré de mis adversarios; y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza. Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel. Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia”.

Isaías 30:18-21: “Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque Jehová es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él. Ciertamente el pueblo morará en Sion, en Jerusalén; nunca más llorarás; el que tiene misericordia se apiadará de ti; al oír la voz de tu clamor te responderá. Bien que os dará el Señor pan de congoja y agua de angustia, con todo, tus maestros nunca más te serán quitados, sino que tus ojos verán a tus maestros. Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda”.


Los santos resucitados con cuerpos de espíritu incorruptibles servirán como maestros, consejeros, y jueces para aquellos que viven en el reino mesiánico de Dios. Como muestra la parábola de Jesús de las diez minas (Luke 19:12-27), el Mesías recompensará a sus siervos cuando él vuelva con posiciones de autoridad dentro del reino de Dios basado en lo que reprodujeron del Espíritu Santo dado a ellos. Se les dará la responsabilidad de conducir y enseñar, como las palabras de Isaías nos muestran.

No iremos al cielo. Al final del reinado de 1,000 años del Mesías, el cielo vendrá a la tierra:

Apo. 21:1-4: “1 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”.

Un tiempo vendrá, después del reinado del Mesías en la tierra, que Dios mismo bajará del cielo. Él morará entonces en la nueva tierra entre la humanidad. La tierra, la versión corriente y la nueva tierra que vendrá después del Milenio, siempre será la casa de humanidad.


Bryan T. Huie

El 25 de mayo de 2004

Revisado: el 14 de marzo de 2008

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EL MILENIO DE JESUCRISTO: ¡LO QUE EL SEÑOR TIENE RESERVADO PARA USTED Y SU FAMILIA!




Cuando oras el Padrenuestro, ¿te has parado alguna vez a pensar en la parte que dice: «Venga Tu Reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el Cielo»? (Lucas 11:2) Nosotros que amamos y conocemos al Señor ya tenemos el Cielo en nuestros corazones —gracias a Dios—, pero ¿acaso hay Cielo en la tierra hoy en día? ¡No! ¡Lo que abunda es confusión, egoísmo, infelicidad, guerra y luchas por doquier, un Infierno!

¡Pero un día, dentro de poco, el Señor acabará con todo el Infierno que hay actualmente en la tierra y establecerá Su propio Reino de paz, bondad, justicia, misericordia y amor! Entonces Su Reino no sólo estará en nuestros corazones, ¡sino todo alrededor nuestro! ¡El Reino de Dios vendrá de verdad aquí a la tierra, con todo su poder y gloria! ¡Y entonces sí será por fin «en la tierra como en el Cielo»!


Pero antes de que se establezca en la Tierra el maravilloso Reino de Jesús, tienen que ocurrir toda una serie de cosas: En primer lugar, tiene que subir al poder un dirigente mundial malvado, el Anticristo, con su reino del Diablo. La última parte de su reinado será un período turbulento llamado la Gran Tribulación (Mateo 24:21), durante el cual el Anticristo y sus fuerzas lucharán contra los hijos de Dios. ¡Nosotros, sin embargo, seguiremos anunciando el Evangelio y obrando grandes milagros para defendernos de él y de sus malignas fuerzas rojas que odian a Cristo! (Apocalipsis 13:7; 11:3-5)


Luego volverá Jesús «sobre las nubes del Cielo, con poder y gran gloria» (Mateo 24:30), para resucitar y arrebatar a todos Sus hijos, y todos nos reuniremos con él para celebrar la magnífica cena de las bodas del Cordero en el Cielo, en tanto la gente impía y anticristo de la tierra sufre la pavorosa Ira de Dios! (Apocalipsis 19:7-9; 16:todo)


Al final, bajo el mando de su dirigente endemoniado, el Anticristo, estas gentes se reunirán para tratar de aplastar a todos sus oponentes, ¡países y religiones enteros que se habrán negado a adorar al Anticristo o a recibir su Marca de la Bestia! (Léase Daniel 11:21-44, que describe las guerras que libra contra sus adversarios.) Mas cuando las fuerzas del Anticristo ya crean que están a punto de ganar, Jesucristo y sus ángeles regresan para ganar la mayor guerra que se haya librado en toda la historia: ¡la Batalla de Armagedón! (Apocalipsis 16:14,16; 17:14; 19:11-15.)


En esta gigantesca Batalla de Armagedón, las fuerzas de Jesucristo vencerán y obtendrán una gloriosa victoria sobre las fuerzas del Diablo y de su hombre-Diablo, el Anticristo, y sobre todo su reino malvado! ¡Ni una sola de las personas que se hayan integrado al reino del Anticristo, siendo herradas con la Marca de la Bestia, sobrevivirá ni podrá disfrutar del Reino de Cristo que se establecerá seguidamente en la tierra! (Apocalipasis 19:19-21) Será entonces, después de esta gran batalla, que nosotros, los santos de Dios, juntamente con nuestro Rey, Jesucristo, tomaremos este mundo y estableceremos el Reino de Dios en la Tierra, para dirigirla y gobernarla como hubiera debido hacerse si el hombre hubiera obedecido a Dios! (Apocalipsis 5:10; 20:4)


Este sorprendente periodo del Reino de Dios en la tierra se denomina el «Milenio», que significa 1.000 años, ya que es exactamente la duración que tendrá, ¡1.000 años! La Biblia dice que durante el Milenio, todos los que fueron resucitados para reunirse con Jesús en el momento de Su Segunda Venida serán muy bienaventurados, ¡pues «serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años!» (Apocalipsis 20:5-7)


¡Durante todos los 1.000 años que durará el Milenio, el Diablo estará encadenado, preso en la cárcel de Dios, el abismo sin fondo! ¡Durante mil años, ya no podrá molestarnos ni conducir a los demás ángeles caídos y espíritus malignos de una punta a otra de la tierra para hostigar a la humanidad! (Véase Apocalipsis 20:1-3.)


¡Jesús entonces regirá y reinará en persona, y nosotros le ayudaremos y regiremos y reinaremos con él! ¡Reinará de punta a punta, y nosotros, Sus hijos, ya no seremos la pobre minoría perseguida que somos hoy en día! ¡En compañía de los cristianos de todos los siglos, que habrán resucitado, seremos millones, miles de millones, y gobernaremos junto a Jesús a la gente buena que haya sobrevivido. Ésta será gente que, sin ser salva, habrá resistido al Anticristo y se habrá negado a aceptar su Marca, ¡motivo por el cual Dios, en Su misericordia, les habrá permitido salir con vida del reino del Anticristo, y hasta sobrevivir al periodo siguiente, la Ira de Dios y la Batalla de Armagedón! Son los bienaventurados que dice la Biblia, en Daniel 12:12, que entrarán con vida en el Milenio.


Toda la gente mala que rechazó el Evangelio y recibió la Marca de la Bestia habrá quedado destruida en la Batalla de Armagedón. No obstante, ¡serán millones los que sigan con vida y entren en el Reino Milenario de Jesucristo, en el que tendrán ocasión de oír y llegar a conocer la Verdad, durante el gobierno y reinado amoroso de Jesús en persona, asistido por nosotros, Sus seguidores resucitados! ¡En esa época multitudes se convertirán a Jesús!


¡Bajo el supremo y poderoso gobierno y reinado de Cristo y de los Hijos de Dios no habrá guerras, y el mundo será gobernado equitativamente, con justicia, libertad, paz, abundancia y felicidad para todos! La Biblia dice: «Volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; ¡no alzará espada nación contra nación, ni se adiestrarán más para la guerra!» (Isaías 2:4)


¡Imagínate, no habrá más guerras! ¡No habrá más armas de los impíos, ni luchas horrorosas, ni bombardeos, ni matanzas, como hay en el mundo actual de los hombres! ¡En ese entonces —cuando Jesús sea Rey y nosotros Su fuerza policial que haga observar la ley— convertirán sus armas de guerra en instrumentos de paz! ¡ASES!


¡Durante el Milenio, todos nosotros, los hijos de Dios salvos, tendremos cuerpos nuevos, poderosos y sobrenaturales, cuerpos de resurrección! Pero los demás habitantes del mundo, los bienaventurados que hayan sobrevivido a la Ira de Dios y la Batalla de Armagedón, y hayan entrado con vida en el Milenio, seguirán viviendo en sus cuerpos naturales. ¡O sea que para esas personas, la vida en muchos aspectos seguirá como de costumbre! Muchos vivirán casi como viven ahora: Tendrán que seguir cultivando la tierra, confeccionando ropa y viviendo en un mundo normal y natural, ¡el mismo mundo en el que viven en la actualidad! ¡La diferencia está en que habrán sido eliminadas todas las grandes ciudades, la industrialización y la contaminación! ¡Todo el mundo llevará una vida mucho más natural, en contacto con la tierra, tal como Dios quería que vivieran los hombres!


Un cambio importante será que la maldición que cayó sobre el hombre y la tierra a causa de los pecados de éste será parcialmente levantada, ¡de tal modo que la vida en general mejorará muchísimo, gracias al Señor! La tierra será casi como era en tiempos de Adán y Eva en el Edén, antes que pecaran, antes que Dios tuviera que poner maldiciones para castigarlos. (Véase Génesis 2:8-15; 3:17-19.)


¡En ese entonces, nosotros que hoy en día amamos a Jesús, seremos como superhombres, como los ángeles de Dios! ¡Estaremos dotados de nuevos cuerpos milagrosos que nunca se lastimarán ni se cansarán, se debilitarán ni se enfermarán! Y hasta las gentes normales y terrenales sobre las que regiremos, y que todavía poseerán cuerpos carnales, naturales, sufrirán muchas menos dolencias y enfermedades. ¡Dice que cualquiera que muera a los 100 años de edad será considerado un niño! (V. Isaías 65:20.) La gente volverá a vivir cientos y cientos de años, como antes del Diluvio, ¡cuando hubo quienes vivieron casi mil años! (Génesis 5:27)


La Biblia dice que no sólo el hombre, sino la Creación entera será liberada de la mayor parte de la maldición, y que todo será mucho mejor que en la actualidad (Romanos 8:19-21). Dice incluso que «vivirá el lobo con el cordero, y el leopardo con el cabrito se acostará; el becerro y el león andarán juntos, ¡y un niño los pastoreará! La vaca y la osa pacerán juntas, sus crías se echarán juntas; y el león como el buey comerá hierba. ¡El niño de pecho jugará sobre la cueva de la serpiente venenosa, y el niño pequeño extenderá su mano sobre la caverna de la víbora!» (Isaías 11:6-8)


Hoy en día nunca se ve que un lobo se acueste con un cordero, ¿no es cierto? ¡A menos que el cordero esté en la panza del lobo! Ni que un leopardo se acueste con un cabrito. ¡Si se acuesta con una cabra es porque la lleva dentro! ¿Y un becerro y un león juntos? ¡Normalmente el león lo despedaza y se lo traga! ¡Ni se ha oído jamás que un niño los pastoree a todos! Pero vendrá la época en que volverá a haber paz entre el Hombre y los animales, y podremos llamarlos por nombre y se nos acercarán corriendo juguetonamente como si fueran animales domésticos, ¡lo mismo que hacen hoy en día los perros y gatos!


¡Los animales que hoy son carnívoros ya no comerán sino plantas, hortalizas y frutas, y no se harán daño entre sí, ni nos harán daño a nosotros! ¡Estupendo!, ¿verdad? ¡Y el hombre tampoco consumirá carne animal! «¡Pues nada hará mal ni dañará en todo Mi santo Reino!» (Isaías 11:9)
¿Y sabes cómo viajarán durante el Milenio las personas normales, terrenales? ¡A caballo, en camello, en burro, en carretas, buques de vela y así por el estilo! ¡Porque sólo quedará lo que Dios creó y dio al hombre para utilizar, las creaciones de Dios y los inventos del hombre que sean buenos, los cuales fueron suficiente para el mundo durante casi seis mil años, mientras no se conocía nada más!


¡Imagínate! ¡No habrá más autos apestosos ni camiones que arrojen humo y gases y que maten gente, ni ninguna de esas grandes y apestosas fábricas que tanto contaminan el aire! ¡No habrá máquinas ruines ni motores destructivos con todo su humo, ni petróleo, ni contaminación, ni armas malévolas! ¡El mundo volverá a utilizar los medios de transporte animal, los carruajes y calesas! ¡Entonces sí que apreciarán a los animales! ¡Quizá para transportar cargas muy grandes y pesadas de materiales, alimentos y demás llegarán a emplear buques de vela, impulsados por los vientos y brisas puros creados por Dios!


¿Por qué crees que el Señor establecerá en la tierra Su gobierno de 1.000 años sobre los hombres normales y naturales? Puede que en parte sea para dar una oportunidad de salvarse a los que entren con vida en el Milenio, quienes en realidad nunca habrán escuchado el Evangelio ni llegado a conocer al Señor aquí en esta vida, sobre todo a muchos niños y jóvenes que nunca habrán tenido ocasión, como también a muchos nativos de las selvas más espesas y de los lugares de difícil acceso, y de países cuyas leyes impiden la prédica del Evangelio, que no habrán oído nunca el mensaje. ¡Así todos tendrán oportunidad de ver, oír y conocer al Señor! Durante el Milenio, ¡las Buenas Nuevas de la Salvación llegarán a todo el mundo! «¡Pues la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, como las aguas cubren el mar!» (Habacuc 2:14) Y ¿cómo cubren las aguas el mar? ¡Completamente!


Durante el Milenio, a la gente le resultará mucho más fácil creer en Jesús y recibirle, ¡porque lo podrán ver con sus propios ojos, podrán presenciar Su gran poder y tendrán evidencia de que existe! En vez de creer en el Señor y aceptarlo por fe como hacemos hoy en día, entonces se dará a las personas la oportunidad de creer después de haber llegado a ver el Reino de Dios y de Cristo en la tierra, y a Sus santos ostentando el poder y dirigiendo el mundo. Pero tal como le pasó a Tomás, el discípulo de la Biblia que dudó, ¡no serán tan bienaventurados como nosotros que ahora creemos, aceptamos y obedecemos puramente por fe, sin ver! (V. Juan 20:29.)


El Milenio muy probablemente será la época en que Dios dará una primera oportunidad a muchas personas que no la habrán tenido antes. ¡Todo el mundo en la tierra presenciará el glorioso poder del Señor y Su Reino, y entonces todo el mundo creerá! La Biblia dice: «No enseñará más ninguno a su prójimo y a su hermano, diciendo: `Conoce al Señor`; porque todos Me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande» (Jeremías 31:34).


¡En esa época ya no será necesario que digamos: «conoce al Señor», porque todo el mundo le verá y todos le conocerán. Sin embargo, no le conocerán tan bien como nosotros, pues nosotros ya le conocemos en esta vida y ya estamos aprendiendo a amarle, y a vivir con él y servirle. ¡Creo, pues, que parte de nuestro trabajo consistirá sin duda en educarlos e instruirlos en los caminos del Señor!


¡Aunque ya no habrá incrédulos, lamentablemente todavía habrá gente que no Lo acepte, los que se nieguen a recibirle! Pese a que verán con sus propios ojos el poder de Dios, al pueblo de Dios, el Reino de Dios y al Hijo de Dios gobernar personalmente la tierra, ¡todavía habrá algunos impíos a los que no les gustará, y que se negarán a someterse a nuestra amorosa autoridad!



¿Te imaginas? Todos los habitantes de la tierra tendrán ocasión de aprender a hacer el bien bajo el gobierno del propio Jesucristo, y gracias a nuestra administración amorosa y celestial, contarán con todas las ventajas posibles. Así y todo, algunos, obstinados y pertinaces, todavía se rebelarán. En Isaías 26:10 dice: «¡Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud (el Reino Milenario de Cristo sobre la tierra) seguirá obrando mal, y se negará a mirar la majestad del Señor!»


De hecho, al final del Milenio Dios pondrá a prueba a todas las personas de la tierra para ver quién le ha recibido de verdad y quién le ha rechazado. ¡Durante un breve espacio de tiempo dejará salir al Diablo de su prisión, y todos los rebeldes le volverán a seguir, y juntos tratarán de luchar contra todas las personas buenas de la tierra que hayan recibido a Jesús y Su Reino! ¡Pero Dios se enojará tanto con ellos que se deshará de todos ellos de una vez para siempre y consumirá toda la superficie de la tierra en un gran diluvio de fuego llamado «La Batalla de Gog y Magog»! (Apocalipsis 20:7-9; 2Pedro 3:7,10)


Todos los que hayan recibido a Jesús se salvarán y crearán una Tierra Nueva (Apocalipsis 21:1; 2Pedro 3:12,13.) De modo que entre otras cosas el Milenio servirá para tamizar, para seleccionar o separar a los buenos de los malos. Así, cuando al final del Milenio se celebre el «Juicio ante el Gran Trono Blanco», ya habrán tomado una decisión y se verá claramente si se merecen el Cielo o el Infierno (V. nuestro artículo titulado «El Cielo, el Infierno y entremedio», página 783).


Como durante el Milenio mucha gente seguirá siendo supremamente obstinada y reacia a cambiar, todavía desobedecerán, aun cuando no esté el Diablo. ¡Por eso la Biblia dice que tendremos que regir sobre ellos con vara de hierro! (Apocalipsis 2:27; 19:15) Será un régimen impuesto por la fuerza sobre los rebeldes y desobedientes, un gobierno fuerte y férreo. ¡Tendrá que ser así, de lo contrario muchos no obedecerían!


Gracias al Señor, estaremos dotados de grandes poderes sobrenaturales que nos facilitarán la tarea de regir sobre ellos, ¡poderes como los que habrás visto quizá en las películas de fantasía científica! ¡Bastará con una mirada, un pensamiento o una señal con el dedo para paralizarlos, hacerlos retroceder, impedir que hagan el mal o destruirlos totalmente! ¡Y ellos no nos podrán tocar a nosotros ni hacernos el menor daño!


¡Seremos como los ángeles de Dios, es decir que podremos aparecer y desaparecer a voluntad, volar de un lugar a otro a la velocidad del pensamiento y llevar la vara del poder divino, con la cual seremos capaces, si es preciso, de castigar a los rebeldes y enemigos de Dios con un rayo del Altísimo! ¡Habrá, pues, muy poca delicuencia o maldad, y nada de disturbios y guerras! ¡Reinará una paz total bajo el gobierno del Señor, en el cual tú y yo seremos Sus superhombres, dotados de superpoderes!


El reinado milenario de Jesucristo será perfecto, un gobierno perfecto, con gobernantes ungidos, ¡entre otros tú! ¡Tú serás de los que gobiernen! ¡El Señor dijo que te daría el gobierno de muchas ciudades! ¡Podrás gobernar una ciudad, o todo un país, o un continente entero, según tu capacidad, conforme a la preparación que hayas recibido y conforme a la fidelidad y obediencia que le estés demostrando al Señor ahora mismo en este mundo!


¡Jesús dijo que «el que sea fiel en lo muy poco, será fiel también en lo mucho»! (Lucas 16:10) Hasta llegó a decir: «Por cuanto en lo poco has sido fiel, ¡recibirás el gobierno de diez ciudades!» (Lucas 19:17,19) ¡Gobernaremos ciudades de verdad, ciudades físicas del mundo, países, naciones y continentes, y educaremos e instruiremos a seres humanos de carne y hueso, como lo somos nosotros en el momento actual! ¡Será todo muy real, todo sucederá en la práctica!


Hoy en día, sin embargo, el Señor por lo visto tiene tan pocos cristianos que entreguen toda su vida por él, que lo dejen todo por Jesús y que realmente le amen y solo deseen hacer lo que él quiere, ¡que creo que le va a costar bastante encontrar suficientes personas para ocupar todos los puestos que habrá! Gracias a Dios que se podrá valer de todos los fieles que han pasado a mejor vida anteriormente —los millones de cristianos de otras épocas que se consagraron enteramente al Señor y que estarán allí con nosotros—, así como de la gente buena de la tierra.


¡Habrá todo tipo de grados, clases y categorías entre los mismos cristianos! ¡Estoy seguro de que a los grandes profetas, apóstoles y héroes de la Biblia y de la historia, que fueron muy fieles al Señor durante su vida en la tierra, se les confiarán muchos puestos importantes en la otra vida! ¡Ahora bien, la posición exacta que tendremos cada uno y lo que se nos confíe dependerá en gran parte de los fieles que seamos al Señor y al trabajo que nos haya encomendado a cada uno en estos momentos, en este mundo!


¡Ahora mismo nos estamos preparando para cuando gobernemos la tierra! Mas para ello, ¡tenemos primero que aprender a gobernarnos a nosotros mismos! En este momento Dios nos está haciendo ensayar y practicar para cuando llegue la hora de la verdad; y lo bien que lo hagamos en el futuro dependerá en gran medida de cómo lo hagamos ahora.


¡Recuerda, pues, que todo lo que te están enseñando y lo que estás haciendo ahora, las decisiones que estás tomando ahora y lo que estás aprendiendo, forman parte de la instrucción y preparación que hoy en día estás recibiendo aquí en este mundo, a fin de que después le puedas ser de gran utilidad al Señor allá en el nuevo mundo! De lo contrario, buena parte de lo que hacemos actualmente sería una completa pérdida de tiempo, salvo por lo poco que logramos realizar aquí, ¡que no es mucho comparado con lo que haremos entonces! ¡A ver, pues, si hacemos un esfuerzo por captar las lecciones que nos enseña la vida hoy en día y por aprender hoy mismo a ser siervos del Señor fieles y obedientes para que en el futuro —en el hermoso Reino Milenario de Dios sobre la tierra— él nos otorgue y nos confíe un puesto especial en que podamos ser una bendición y útiles a él y a los demás! ¡Allí tú y yo regiremos y reinaremos junto con nuestro Rey de reyes, Jesús!


¿Tú también te estás preparando ahora para gobernar con él cuando venga?


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¿CÓMO ES NUESTRA RECOMPENSA EN EL CIELO? ( Mateo 5:12)






Rod Hyndman




Mateo 5:12, dice:


“Regocíjense y alégrense porque su recompensa es grande en los cielos, pues así persiguieron los profetas antes de ustedes de la misma manera”.

Suponga usted que tengo un regalo para mi hija y yo le digo a ella: “¡Feliz Cumpleaños hijita! Tengo un regalo para ti en el comedor!”

Con esta declaración yo podría estar diciéndole a mi hija cualquiera de estas dos cosas:
Que ella debería ir al comedor para recibir su regalo, o sino, que yo voy a ir al comedor para tomarlo y entregárselo personalmente a ella en la sala de la casa.

De modo semejante, hay dos formas posibles que nuestra recompensa puede estar en cielo: Que los justos pueden ir al cielo para obtenerla, o que la recompensa viene del cielo a la tierra para todos los justos.

Sin duda alguna todo parece indicar que la segunda posibilidad es la verdadera. Esta convicción es dejada en claro en los siguientes pasajes:

La recompensa está reservada en el cielo (1 Pedro 1:4). “Entonces cuando el Pastor Principal aparezca, vosotros recibiréis la corona de gloria que nunca se desvanece. (1 Pedro 5:4).
Pues el Hijo del Hombre vendrá con sus ángeles en la gloria de su Padre, y luego él recompensará a cada persona según lo que haya hecho. (Mateo 16:27).
Vea también a
1 Juan 5:11 Cf.. Colosenses 3:2-4 y Apo. 22:12 _

¿Entendieron hijos míos la idea? ¡Espero que sí!

¡Así que dejemos de lado de una vez por todas el mito de la partida al cielo de los salvos!

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¿A DÓNDE FUERON LLEVADOS ENOC Y ELÍAS?



11:13, en lo referente a Abel, Enoc, Noé, Abraham, Isaac y Jacob y Sara, dice que todos estos murieron en fe, no habiendo recibido las promesas”. Todos ellos murieron y deben esperar su recompensa en la resurrección cuando Cristo regrese. La palabra “trasladado” en el G¿Qué acerca de Enoc y Elías, aquellos hombres justos del Antiguo Testamento? Cuando murieron, ¿fueron ellos al cielo donde Dios está? No, no lo hicieron. Juan 3:13 quiere decir lo que dice. La palabra de Dios nunca se contradice. Gén 5:21-24 habla sobre Enoc, quien caminó con Dios” y él no estaba; Pues Dios lo tomó”. No dice que Dios llevó a Enoc al Cielo. Heb. 11:5 dice que Dios trasladó a Enoc a fin de que él no debiese ver la muerte. Sabemos de Judas 14-15 que los sermones poderosos predicados Enoc en un tiempo taimado y adverso poco antes del diluvio. ¿No murió Enoc? ¿Fue tomado él directamente para el Cielo? No, porque hebreos riego significa “movido para otro lugar”. La misma palabra griega para “trasladado” aquí es usada en Hechos 7:16 como “llevado encima,” en lo referente a transferir el cadáver de Jacob a Siquem. Porque la predicación de Enoc estaba ganando oposición y él era propenso a morir en esa edad de violencia Gén. 6:11, Dios le tomó, y él no debía ser encontrado, Gén 5:24. El Todopoderoso tomó a Enoc físicamente para otro lugar, exactamente como está descrito en Hechos 7:16.

2 Reyes 2:11 describe una carroza de fuego que vino y llevó a Elías en un ciclón al cielo. Algunos suponen que éste es el “cielo” donde el trono de Dios está ubicado. Realmente la Biblia habla de tres cielos, 2 Corintios 12:2. El primer cielo es donde la atmósfera y las nubes se localizan, de desde dónde viene la lluvia, e.g., Gén. 7:11. El segundo cielo es el espacio exterior, hogar de los planetas y las estrellas, e.g., Sal 8:3. Y el tercer Cielo está donde está ubicado el trono de Dios, e.g., Sal. 11:4. Un ciclón llevó a Elías al cielo, según la dirección de Dios. Obviamente fue el primer cielo, pues sólo en la atmósfera puede un ciclón ser operativo. Dios llevó a Elías a otro lugar para que terminara sus días, su oficio siendo transferido a Elías, 2 Reyes 2:12-15. Note que los hijos de los Profetas supieron que Dios iba a quitar a Elías de entre ellos, versos 1, 3, 5. Después de que él fuera sacado, enviaron a un grupo de rescate de 50 hombres, pero en 3 días no lo pudieron encontrar, Versos 16-17. ¡No supieron nada de Elías yendo para el tercer Cielo!


Elías fue tomado al cielo durante el reinado de Josafat, Rey de Judá. Sin embargo, años más tarde, una carta de Elías llegó al hijo malvado de Josafat, el Rey Joram, avisándole de una muerte horrible porque él no había caminado en los caminos de su padre Josafat, II Crónicas 21:12-15. Compare 2 Reyes 3:1, 1 Reyes 22:42, y 2 Reyes 8:16 y es inescapable: Dios utilizó a Elías una vez más antes de que él muriera. Esto ha dejado perplejos a los comentaristas de la Biblia como Adam Clarke. ¡Pero la verdad es simple y la podemos recibir! Dios llevó a Elías a otro lugar en la tierra. Ningún hombre ha ascendido en el Cielo donde está el trono de Dios.

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