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sábado, 20 de diciembre de 2008

LA VICTORIA DE LOS CREYENTES


Por David Macias isaza
maciasdavid@hotmail.com


LA FE QUE VENCE AL MUNDO

“Porque todo aquello que es nacido de Dios vence al mundo: y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe.” (1 Juan 5:4)


Es difícil actualmente encontrar personas que tengan un entendimiento acorde con la sana doctrina, de lo que realmente significa la fe bíblica, incluso en el medio de los así llamados “cristianos”. Y es que para ser honestos, hay que conocer muy bien lo que las escrituras dicen para poder tener un concepto claro y verdadero de lo que los escritores bíblicos quisieron decirnos por la palabra “fe”. No basta con conocer unos cuantos versículos aislados, es necesario entender el mensaje completo del evangelio del reino de Dios y nacer de Dios, pues las buenas noticias sobre el reino de Dios encierran el significado de la palabra fe, ellas nos aclaran la definición del escritor del libro de los hebreos:

La fe es la certidumbre de lo que se espera, la convicción de alcanzar lo que no se ve.
(Hebreos 11:1)

La fe es algo mas profundo que la esperanza. La fe abraza la esperanza y le da sustento. Podríamos decir que la fe es la sustancia de la esperanza. Pero ¿Qué esperaban los primeros cristianos? ¿De cuál esperanza se nos está hablando en las escrituras? Muchos argumentarían que cualquier cosa que uno esté esperando requiere de fe para mantenerse, y eso en parte es cierto; pero cuando leemos las escrituras nos damos cuenta que todos los escritores bíblicos concuerdan con una misma y única esperanza: El reino venidero de Dios. Todos los libros desde el Génesis hasta el Apocalipsis, e inclusive muchos considerados apócrifos centran su discurso en éste singular concepto. Pocos cristianos de hoy concuerdan con la definición que la Biblia nos da de éste concepto.

¿Qué es el Reino de Dios?

Es triste la ignorancia que existe en la actualidad acerca de lo que significa ésta frase, en la que se basa toda la fe bíblica, según aparece definida en las escrituras. Esto se debe en parte al analfabetismo bíblico ya que pocos cristianos leen concienzudamente las escrituras, y otra gran parte porque la avaricia y la sed de poder (los afanes del mundo) han ahogado el mensaje de ésta preciosa esperanza, que es la verdadera enseñanza que lleva a una vida recta dedicada a Dios, de la que hablan todos los apóstoles en sus cartas. Esto no es extraño ya que Jesús el Mesías anunció que esto sucedería y quedó registrado en el evangelio según Marcos. Miremos un ejemplo cuando Jesús compara el mensaje del Reino de Dios con unas semillas:

Otras son las sembradas entre espinas. Estos son quienes han escuchado la palabra, y las preocupaciones de este mundo, el engaño de la riqueza, y los deseos por otras cosas entran a sofocar la palabra, y se vuelve infértil. Las que fueron sembrados en tierra buena: aquellos que cuando escuchan la palabra, la aceptan, y dan fruto, algunos treinta veces, otros sesenta veces, y algunos cien veces.» (Marcos 4:18-20)

Jesús dice que la palabra o mensaje del Reino de Dios solo puede ser entendida por la gente que la escucha y la acepta con un corazón noble. Jesús compara la palabra o mensaje del Reino de Dios con una semilla que un campesino siembra. La gente de su época no lo entendía bien, pero él quería enseñarles que no todas las personas aceptan y creen la palabra (mensaje) de Dios acerca de un reino venidero. Muchas personas están ofuscadas consiguiendo ilusiones, riquezas que nunca podrán disfrutar y que no se llevarán a la tumba y por esto no logran entender lo que Jesús enseña. Ni siquiera los discípulos pudieron entender bien ésta parábola, ellos le preguntaron a Jesús, y él nos dejó la siguiente explicación:

Cuando estaba sólo, aquellos que estaban a su alrededor con los doce le preguntaron sobre las parábolas. Jesús les dijo, «A ustedes se les dan los misterios del Reino de Dios, pero para quienes están afuera, todo se hace en parábolas, porque `viendo pueden ver, y no percibir; y oyendo pueden oír, y no entender; a menos que cambiaran, y sus pecados les serían perdonados.´» (Marcos 4:10-12)

Sí mi querido lector, es necesario que las personas se arrepientan para que puedan recibir el perdón de sus pecados, de su avaricia, su egoísmo y así poder llegar a entender la verdad sobre el futuro y bendito Reino de Dios, de otra forma el mensaje seguirá estando rodeado por el velo del misterio. Por ésta razón hoy en día se ven predicadores millonarios, que hacen del evangelio un mercado, y creen que la fe es un negocio para hacer dinero. Por causa de ellos muchas personas ya no quieren escuchar nada de Dios ni aceptar las buenas noticias de la era que viene, que es el camino de la verdad; esto no es extraño ya que Pedro advirtió sobre esto en una de sus cartas:

Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus caminos perniciosos, y por causa de ellos el camino de la verdad será blasfemado; y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas, sobre los cuales la condenación ya de largo tiempo no se tarda, y su perdición no se duerme. (2 Pedro 2:1-3)

Aquellos estafadores, mercachifles de la fe, son peores que los fariseos: ni entran al Reino, ni dejan entrar. Ellos no enseñan ni predican las buenas noticias que enseñaba Jesús, ellos no predican el reino de Dios como está registrado en la Biblia, puesto que ni siquiera lo pueden entender, el engaño de las riquezas no les permite esperar un reino celestial ideal, la comodidad y el confort de ésta época les ha embotado la mente y les ha cauterizado el entendimiento, por su avaricia (idolatría) Dios los ha entregado a una mente reprobada para que piensen que están muy bien y que nada les va a suceder, ellos creen que ya están reinando en vida con Cristo y que ya son ricos y no tienen necesidad de nada, despreciando la verdadera enseñanza de arrepentimiento que predicó el Mesías hace poco mas de dos mil años. Estos falsos maestros de la prosperidad enseñan un evangelio mutilado y trastocado. Ellos dicen que al morir se va al cielo, que se pueden hacer nuevos pactos con Dios usando dinero, que la humanidad está atada a “maldiciones generacionales” o hereditarias y muchas otras aberraciones anticristianas y antibíblicas. En la época de los apóstoles también hubo falsos maestros, ellos los denunciaron en su tiempo y sentenciaron que la condenación de ellos ya está escrita y no se tarda. Los apóstoles escribieron mucho acerca de éste tema, pues en sus tiempos ya se veía toda esta cizaña creciendo entre el trigo precioso de Dios.

Y escribe al ángel de la iglesia de los LAODICENSES: Estas cosas dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios: Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Quisiera fueses frío o caliente! mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de nada; y no conoces que tú eres un desventurado, y miserable, y pobre, y ciego, y desnudo. Yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para que seas cubierto, y no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como también yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. (Apocalipsis 3:14-22)

¿Cómo heredamos el reino de Dios?

Muchas otras citas nos hablan del tema, y en todas está el llamado al arrepentimiento, a volver al verdadero camino. Es interesante que éste mensaje fue escrito para la iglesia, para “creyentes” que supuestamente ya conocían la verdad, pero aparentemente se habían olvidado, pues el Espíritu de Dios que está en el Cristo les pide que cambien, para que puedan participar del reino venidero, para que puedan sentarse en el trono del Mesías cuando venga, así como el Mesías ha vencido y se le ha dado un lugar a la diestra de Dios. El reino de Dios era algo que los Judíos de la época de Jesús comprendían muy bien, ya que los profetas lo habían descrito con mucho detalle. Por esta razón no hay explicaciones extensas en los evangelios sobre el tema, ya que los evangelios fueron escritos para los judíos principalmente, y su propósito era contarles a los hebreos que su esperado Mesías ya había venido por primera vez a enseñar la forma para heredar el Reino de Dios y que volvería nuevamente a establecerlo con los que escucharan y creyeran el mensaje, arrepintiéndose y dedicándose a hacer la voluntad de Dios. Cuando Jesús comenzó su predicación el solo decía lo siguiente:

Después que Juan fue detenido, Jesús llegó a Galilea, anunciando la Buena Nueva de el Reino de Dios y diciendo, «¡El tiempo se ha completado, y el Reino de Dios está cerca! Arrepiéntanse y crean en la Buena Nueva.» (Marcos 1:14-15)

Que curioso que la predicación de Jesús era siempre la misma: ¡Arrepiéntanse y crean! ¡Que lejos de esta predicación están la mayoría de supuestas congregaciones cristianas actualmente! ¿Cuándo fue la última vez que escuchó este mensaje en alguna predicación? Éste debería ser el mensaje de todas las predicaciones en todas las reuniones, puesto que realmente no necesitamos más, pero hoy en día, cada que alguien comienza a hablar de arrepentimiento y del Reino venidero de Justicia, a todos les da dolor de cabeza y les pican los oídos. Definitivamente no quieren aceptar esta sencilla verdad que es la base para la salvación. En otra oportunidad Jesús declaró:

Cuando amaneció salió y fue a un lugar inhabitado, y las multitudes lo buscaban, y llegaron donde Él. Lo querían retener, para que no se fuera lejos de ellos. Pero Él les dijo, «Debo predicar la buena nueva del Reino de Dios en otras ciudades también. Porque por esa razón he sido enviado.» (Lucas 4:42-43).

En la Biblia no encontraremos un mensaje diferente, Jesús fue bautizado por Juan y por el Espíritu de Dios para ser enviado a anunciar las buenas noticias del Reino de Dios. Ésta es la verdadera razón por la que vino Jesús y la que muchos aún ignoran. Jesús declaró en una ocasión que solo una cosa es necesaria en esta vida para ser salvo, y ésta es por supuesto, creer en el Reino venidero. Algo milagroso ocurre en una persona que cree en el reino venidero: ¡el arrepentimiento continuo!

Y respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, estás afanada y turbada con muchas cosas: Pero una cosa es necesaria; y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada. (Lucas 10:41-42).

Tampoco La preocupación por muchas cosas y el afán dejan a una persona entender la verdad sobre el reino de Dios así como las personas que tienen puesto su corazón en las riquezas, y no son capaces de desprenderse de ellas, podrán entrar con facilidad en dicho Reino:

Y cuando Jesús, oyó esto, le dijo: Aún te falta una cosa: Vende todo lo que tienes, y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. Entonces él, al oír esto, se puso muy triste, porque era muy rico. Y viendo Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. Y los que oyeron esto, dijeron: ¿Quién, entonces, podrá ser salvo? Y Él les dijo: Lo que es imposible para los hombres, posible es para Dios. (Lucas 18:22-27)

Los discípulos de Jesús entendieron muy bien que entrar en el Reino de Dios, es precisamente la salvación que vino a ofrecer el Mesías, de la que hablan los profetas en la escritura, a lo largo de toda ella. Además compara la entrada de un rico al Reino de Dios con la entrada de un camello por el ojo de una aguja, cabe decir que una aguja en este contexto no es la aguja con las que se realizan costuras, sino que las ciudades antiguas eran todas amuralladas y sus puertas eran llamadas agujas, eran puertas por las que pasaba un hombre, pero difícilmente podía pasar un camello, esto era así para mantener a los animales fuera de las ciudades, para mantener el aseo.

«Entonces no se afanen, diciendo, ` ¿Que comeremos?,´ o `¿Qué beberemos?´ o `¿Con que nos vestiremos?´ Pues los gentiles buscan todas estas cosas, pero su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todo esto. Busquen primero el Reino de Dios, y su justicia; y todas estás cosas también les serán dadas por añadidura. Así que no se afanen por el mañana, pues el mañana se afanará por las cosas de si mismo. Son suficientes los males propios de cada día . (Mateo 6:31-34)

El poder de entender las buenas noticias del reino de Dios

Pues no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo aquel que crea; primero para los Judios, y también para los griegos. (Romanos 1:16)

Buscar el reino y su justicia es entender de que se trata dicho mensaje y vivir de acuerdo a él, es estar concientes de que un día volverá el Mesías y juzgará con justicia la tierra, dándole a cada cual lo que merece su obra. Cuando una persona pone toda su esperanza en el reino venidero ocurre en ella un cambio definitivo. Ésta persona no querrá volver a pecar o estar separado de Dios, puesto que sabe que en ese bendito reino no entrará nada impuro, sino solo los que hacen la voluntad de Dios.

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. (Mateo 7:21)

El Reino de Dios también era llamado reino de los cielos, porque algunos judíos evitaban decir el nombre de Dios, ya que los antiguos consideraban su nombre muy Santo y no querían usarlo nunca en vano; pero la definición correcta sería: El Reino de YHWH. Que bueno que hoy se tuviera al menos un poco del respeto que antes se tuvo por el nombre de Dios, con tantos predicadores que hablan de Dios para ganar dinero. Miren lo que les continúa diciendo Jesús:

Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad. (Mateo 7:22-23)

Aquél día se refiere a el día de la prousía o segunda venida de Jesucristo, cuando él vendrá a darle a cada uno lo que merece y a inaugurar el Reino de Dios, del cual él es su máximo representante y su rey elegido.

La Predicación de los Apóstoles fue siempre el Reino de Dios

Y Pablo, se quedó dos años enteros en su casa de alquiler, y recibía a todos los que a él venían, predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, con toda confianza y sin impedimento (Hechos 28:30-31)

Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba y testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero algunos no creían. (Hechos 28:23-24)

Muchos cristianos hoy en día argumentan que el mensaje del evangelio se trata de predicar a Cristo crucificado, ya que el apóstol Pablo escribió en una carta lo siguiente:

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, ante cuyos ojos Jesucristo fue ya descrito entre vosotros como crucificado? (Gálatas 3:1)

Esto lo escribió Pablo a una iglesia que estaba volviendo a la ley de Moisés y a practicar la señal de la circuncisión. Pablo les había enseñado que no necesitaban ésta señal para ser creyentes ya que con la crucifixión de Cristo, los creyentes estamos juntamente crucificados y ya no vivimos para la carne, pues hemos recibido el Espíritu Santo de Dios y no necesitamos una señal para confirmar el pacto, pues estamos sellados con el Espíritu Santo de la promesa, la presencia de Dios morando en nosotros es señal suficiente de que le pertenecemos y no necesitamos mas de las obras que exigía la ley de Moisés.

Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley. (Romanos 3:28)

Es importante aclarar la diferencia que hay entre la ley de Moisés y los mandamientos de Dios, tema que está ampliado en mi estudio: “Los mandamientos de Dios, la ley de Moisés y la Gracia de Jesucristo”. En ésta cita de Romanos, Pablo se refiere a la ley de Moisés, que ha sido “perfeccionada” por la gracia de Jesucristo, pero existen también las obras de la fe como veremos mas adelante.

Muchos cristianos creen que el evangelio de Jesucristo se limita a su crucifixión, muerte y resurrección. Estos “cristianos” parecen ignorar que mucho antes de ser crucificado, Jesús venía con un mensaje que predicar: El reino venidero de Dios. No estoy diciendo con esto que la crucifixión, muerte, sepultura, resurrección y ascensión de Cristo carecen de importancia, ¡no! ¡por supuesto que no! ¡Todo lo contrario! Lo que sucede es que en las escrituras, el centro del evangelio no es la pasión, muerte, resurrección y ascensión de Cristo, sino ¡el reino de Dios! Estos hechos si son una parte muy importante de las buenas noticias, pues no solo comprueban que Jesús de Nazareth es el Mesías esperado, anunciado por los profetas, sino que además fue cumplido el sacrificio expiatorio por el pecado, por esta razón y sólo por ésta razón es que Dios no toma en cuenta los pecados de los que creen que Jesús es el Cristo, y como no toma en cuenta nuestros pecados, nos sumerge en su Espíritu Santo. La resurrección de Cristo es además la prueba de que la verdadera esperanza del creyente es la resurrección de entre los muertos y no el “tener un lugar en el cielo después de morir”, como muchos falsos maestros suponen y predican. Todas las cartas apostólicas centran su tema en la parousía (la segunda venida de Jesucristo) puesto que es en ese momento que se producirá la resurrección. Jesús declaró lo siguiente:

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. (Juan 6:44)

El apóstol Pablo no lo contradice, sino que también parece creer lo mismo:

En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. (1 Corintios 15:52-53)

¿Cómo pues afirman algunos que los muertos aún viven, o que están con Cristo en el cielo? A los Tesalonisenses Pablo también les escribió del tema:

Mas no quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual, os decimos esto por palabra del Señor; que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
(1 Tesalonisenses 4:13-16)

La resurrección es la verdadera esperanza del cristiano

La bendita esperanza que tenemos los cristianos es la resurrección en el día final, es decir, el día que venga el Cristo por segunda vez a salvar a los que le esperan; pero también ése día será un día de juicio para los que no creen en él y viven para el pecado, es decir, los que viven para sí mismos en ésta vida.

Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria; y todas las naciones serán reunidas delante de Él; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:31-34).

Cuando el hijo del hombre venga en su gloria vendrá a juzgar y a darle el reino a quienes, por su esfuerzo y perseverancia, lo ganaron. Ésta invitación a participar del reino de Dios, o lo que es lo mismo, ser salvo, tiene requisitos que se deben cumplir para poderlo recibir.

“ No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 7:21)

Muchas personas creen que la salvación es un regalo de Dios que no exige ninguna condición para adquirirla, pero ésta afirmación está lejos de la enseñanza que presenta la Biblia:

“el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero GLORIA y HONRA y PAZ a todo el que hace lo BUENO, al judío primeramente y también al griego” (Romanos 2:6-10)

La salvación se recibe como un premio, como un galardón, como una medalla o un trofeo a la perseverancia en las buenas obras. Por esto Pablo dice también a Timoteo:

Te mando delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que testificó la buena profesión delante de Poncio Pilato, que guardes este mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo: La cual a su tiempo mostrará el Bendito y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores; el único que tiene inmortalidad, y habita en luz inaccesible; a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A Él sea honra y poder sempiterno. Amén.
(1 Timoteo 6:13-16)

Todas las cartas apostólicas apuntan a una sola esperanza: La segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. En ésta venida se inaugurará el reino de Dios esperado. Dios es el Bendito y solo soberano, Rey de reyes y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad y aquel a quien nadie ha visto jamás, él es el único que sabe cuando será hecho esto. Cuando Dios manifieste a Jesucristo como rey, todas las cosas serán restauradas, y el Mesías se sentará en su trono de gloria en Jerusalén, para gobernar a todas las naciones de la tierra junto con sus seguidores que merecen la vida eterna y el reino.

¿Cuando vendrá el reino de Dios?

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y Él les dijo: No toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad. (Hechos 1:6-7)

Sólo Dios sabe cuando vendrá el reino de Dios.

Y les dijo: ¡Con cuánto anhelo he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no comeré más de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios (Lucas 22:15-16)

porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. (Lucas 22:18)

Jesús se está despidiendo pero les dice a sus discípulos que no beberá vino otra vez ni comerá la pascua hasta que venga el Reino de Dios, por supuesto ese reino bendito aún no ha llegado, pero esto son buenas noticias para nosotros que tenemos la oportunidad de poner nuestra esperanza en éste reino de justicia y no poner nuestra esperanza en ilusiones como el dinero o las riquezas engañosas de este siglo malo, de éste mundo maligno. Por esto Pablo le recomienda a Timoteo acerca de los ricos:

A los ricos de este mundo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas inciertas, sino en el Dios vivo, quien nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, generosos, que con facilidad comuniquen; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir; que echen mano de la vida eterna.
(1 Timoteo 6:17-19)

A los ricos Pablo les manda que pongan su esperanza en el Reino venidero y no en las riquezas pasajeras de éste mundo, puesto que cuando se inaugure el Reino, los pobres y humildes heredarán la tierra y el Mesías repartirá las naciones entre sus elegidos.

¿Qué debo hacer para heredar el reino de Dios?

Bienaventurados los mansos; porque ellos heredarán la tierra. (Mateo 5:5)

Pocos parecen creer ésta promesa que Dios nos dió a través de Jesús el Cristo, pocos parecen entender que ése bendito reino esperado será en esta misma tierra que heredaremos si perseveramos en la mansedumbre, dejándonos guiar y gobernar por Dios y haciendo sólo su voluntad. En ésta frase se resume toda la esperanza cristiana. Dios espera que nuestra fe produzca frutos de arrepentimiento, obras que muestren que realmente creemos lo que Dios ha dicho.

Y al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las naciones; y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como también yo he recibido de mi Padre. (Apocalipsis 2:26-27)

Es interesante que dice “al que venciere”, esto quiere decir que la vida del creyente es una lucha donde hay que vencer y perseverar hasta el fin, para poder alcanzar la salvación. Jesús recibió autoridad sobre las naciones, aunque aún no la esté ejerciendo (pero la ejercerá) y promete darnos la misma autoridad que él recibió de Dios.

Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha escogido Dios a los pobres de este mundo, ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?
(Santiago 2:5)

Dios premia a los que son ricos en fe y actúan de acuerdo a ella. ¡Que diferente nos habla la escritura comparándola con los actuales predicadores de abundancia y “super fe”! La fe bíblica es realmente muy distinta a lo que hoy muchos creen y enseñan.

Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? (Santiago 2:14)

Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. (Santiago 2:17)

La verdadera fe lleva consigo una acción consecuente. Todas las escrituras declaran esto mismo. Una fe que no se demuestra con hechos, no es la verdadera fe. Creer en el evangelio no es algo telepático o mental, no es algo abstracto sino demostrable, práctico y evidente. Dios mismo nos extiende su invitación personalmente:

Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho es. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré de la fuente del agua de vida gratuitamente. El que venciere, heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Mas los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras, y todos los mentirosos, tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda. (Apocalipsis 21:5-8)

El lector sensato notará que la invitación de Dios acarrea un requisito para poder recibirla, también verá la lista de personas que no podrán tener parte en resurrección y el reino de Dios; y si es honesto, verá que en alguna de éstas definiciones encajamos todos los mortales. ¿Qué pues? ¿Cómo ser salvo? La respuesta es sencilla: ¡Arrepiéntase, cambie su forma de pensar y de vivir! y ¡crean en las buenas noticias! También tenemos esta promesa:

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a Él mentiroso, y su palabra no está en nosotros.
(1 Juan 1:8-10)

Si confesamos nuestros pecados ahora mismo, delante del Dios eterno que está en todas partes y todo lo ve, seremos también limpios de maldad, puesto que quien confiesa su pecado, declara que no ama al pecado y que no quiere vivir esclavo del pecado. Ésta es la forma de vencer el pecado que nos presenta la escritura y éste camino lleva a la vida eterna. La confesión y el arrepentimiento deben ser pues constantes hasta el fin, para poder vencer y participar del reino y debemos ser fuertes y luchar con todas las fuerzas para no complacer los deseos perversos de nuestra naturaleza pecaminosa. Orando y fortaleciendo el espíritu para que los malos deseos no se enseñoreen en nuestro interior. Debemos dejar de alimentar los malos deseos y malos hábitos, malas compañías y dejar de frecuentar malos sitios, debemos dejar las malas conversaciones, los vicios y adicciones y poner nuestra mirada en las cosas que están reservadas en el cielo, que vendrán con el Mesías en aquel día glorioso. Toda nuestra esperanza debe estar concentrada en éste magno evento sin precedentes en la historia. El lector que sea un creyente nacido de nuevo, verá que éstas palabras concuerdan con lo que el espíritu que está en él le insinúa constantemente, pero el no creyente encontrará tal vez ridículas y anticuadas éstas cosas, principalmente porque cree que es imposible dejar hábitos y costumbres arraigadas por generaciones y porque al fin y al cabo la sociedad lo acepta tal y como es (posiblemente lo alaba), así que no tiene necesidad de cambiar nada. Pero le tengo una buena noticia: Dios da su Espíritu a todo aquel que se arrepiente y confiesa sus pecados, todo aquel que quiere una nueva vida. Este espíritu que Dios nos da es su misma presencia morando en el hombre y es el poder y la mente de Dios en nuestro interior. El apóstol Pablo dice de este espíritu lo siguiente:

En el cual también confiasteis vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación; en quien también, desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria. (Efesios 1:13-14)

El hombre es sellado con el Espíritu Santo una vez a creído en la buena noticia de la salvación (El evangelio del Reino venidero) y éste espíritu es las arras, es decir, la garantía de que recibiremos la herencia de la redención. En otras palabras, el don del Espíritu nos asegura que recibiremos en el futuro la resurrección y la inmortalidad, junto con el reino venidero, cuando regrese Jesucristo.

porque las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción, en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y está en dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, esto es, la redención de nuestro cuerpo. (Romanos 8:21-23)

Tenemos el espíritu como un adelanto de la inmortalidad que recibiremos después, es decir, la adopción de Dios, la redención de nuestro cuerpo mortal revestido con vida eterna. Es curioso notar que toda la creación está sujeta a la servidumbre o esclavitud de la corrupción, hasta que éste magno evento ocurra, es decir, la restauración de todas las cosas, que será cuando venga el Cristo en gloria a reinar junto con sus hermanos sobre toda la creación; y las criaturas serán libradas de la corrupción. Por ahora tenemos ésta salvación como la esperanza mas bienaventurada y el tesoro mas grande que podemos tener en éste mundo malo:

Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que uno ve ¿por qué esperarlo aún? Mas si lo que no vemos esperamos, con paciencia lo esperamos. (Romanos 8:24-25)

Ahora estamos esperando éste evento que Dios ha anunciado por medio de los profetas y de su hijo, y ésta esperanza crea una fuerza interior que se opone a la corriente de este mundo de maldad, pero tenemos mucho mas que la esperanza. Tenemos la fe que sustenta dicha esperanza y la fe que sustenta dicha esperanza, es nuestra fuerza mayor, con la que podemos no solo oponernos sino también vencer la corriente de éste mundo.

Y asimismo también el Espíritu ayuda en nuestra flaqueza; porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no se pueden expresar. Y el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. (Romanos 8:26-27)

Éste maravilloso espíritu que nos da Dios, nos capacita para hacer su voluntad y hasta intercede por nosotros en nuestras debilidades.

Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien, a los que aman a Dios, a los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen conforme a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30)

Por el espíritu sabemos que tendremos la misma gloria que tiene nuestro hermano y Señor Jesús cuando él regrese. Y de hecho ya lo tenemos por fe. Ésta es la fe bíblica, la fe que vence al mundo. Es la certeza de que recibiremos el reino de Dios si perseveramos en la verdad. Aunque ahora no vemos que esto sea así, sabemos que será hecho porque Dios lo ha dicho. Y todo el universo fue hecho por la palabra de Dios:

Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve, fue hecho de lo que no se veía. (Hebreos 11:3)

Por esta misma fe los hombres antiguos alcanzaron buen testimonio:

Por fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. (Hebreos 11:4)

Abel no había visto los sacrificios que Dios instituyó y le enseñó a Adán y Eva, pero él les creyó y ofreció crías de sus ovejas o corderos, mientras que Caín inventó su propia ofrenda de frutos y cosechas y no creyó que la que había instituido Dios fuera la única. La fe de Abel fue demostrada por algo que hizo: una obra de fe.

Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
(Hebreos 11:6)

Dios premia la fe, es galardonador de los que obran de acuerdo a la fe.

Por fe Noé, siendo advertido por Dios de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que es por la fe. (Hebreos 11:7)

Noé escuchó y actuó de acuerdo a la fe y fue galardonado. Cuando aún no se veía lo que se le anunció, actuó creyendo que Dios no miente.

Por fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por fe habitó en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa: Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo artífice y hacedor es Dios. (Hebreos 11:8-10)

¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? (Santiago 2:21)

¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras? (Santiago 2:22)

Abraham actuó de acuerdo a la fe y fue llamado padre de la fe, además esperaba la ciudad que viene del cielo, ¡Esperaba el Reino de Dios! La ciudad que vendrá del cielo cuando el Mesías instaure el reino de Dios en la tierra:

Y yo Juan vi la santa Ciudad, Jerusalén la nueva, que descendía del cielo, aderezada de Dios, como la esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y el mismo Dios será su Dios con ellos. Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas son pasadas. (Apocalipsis 21:2-4)

Aunque los antiguos murieron sin recibir la herencia, ellos vivieron una vida que demostró su fe:

Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Que si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo para volverse. Pero ahora anhelaban una mejor patria, esto es, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les había preparado una ciudad.
(Hebreos 11:13-16)

También los apóstoles y los cristianos de nuestra era (después de Cristo) han muerto sin recibir la herencia, y posiblemente nosotros muramos sin recibirla. Pero como creyeron, Dios les preparó una ciudad, la nueva Jerusalén que viene del cielo en el Reino de Dios y también Dios les prometió la resurrección:

Por fe Abraham cuando fue probado, ofreció a Isaac, y él que había recibido las promesas, ofreció a su hijo unigénito, habiéndole sido dicho: En Isaac te será llamada simiente; pensando que aun de los muertos es Dios poderoso para levantar; de donde también le volvió a recibir por figura. (Hebreos 11:17-19)

Abraham creyó en la resurrección y recibió a Isaac “de entre los muertos” por figura; como si Dios lo hubiera resucitado, ya que Abraham lo sacrificó en su corazón y cuando ya lo iba a matar un ángel lo detuvo. Ésta fe llevó consigo la acción, y la acción demuestra que la fe es verdadera.

Mas sed hacedores de la palabra, y no solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego se olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. (Santiago 1:23-25)

Dios demanda acciones de los creyentes, acciones que demuestren que realmente creen.

Tú crees que hay un Dios; bien haces; también los demonios creen y tiemblan. ¿Mas quieres saber, oh hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fue justificado por las obras, Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó con sus obras, y que la fe fue perfeccionada por las obras? Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue imputado por justicia, y fue llamado: Amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:19-24)

¿De dónde viene la fe?

Así que la fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (YHWH).
(Romanos 10:17)

La palabra de Dios tiene el poder de hacer creer en lo que no se ve. Cuando Dios le advirtió a Noé sobre el diluvio, él le creyó y por esa fe que recibió, actuó obedientemente y recibió la justicia que es por las obras de la fe. Pero no solo actuó, sino también que habló de acuerdo a ella. Pedro nos dice que Noé fue un predicador de justicia:

si no perdonó al mundo viejo, mas guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados. (2 Pedro 2:5)

Pues todo el que cree, no solo vive de acuerdo a su fe, sino que habla de acuerdo a ella, por eso dice Pablo:

Que si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado. Pues con el corazón, uno cree en justicia; y con la confesión de la boca se hace salvación. (Romanos 10:9-10)

Pues no basta creer en secreto que Jesús es el Mesías, hay que hablar de acuerdo a la fe y declararlo a otros, confesarlo delante de los hombres y obviamente creer que Dios lo resucitó y que así como lo resucitó a él, quienes crean y actúen de acuerdo a la fe, también serán resucitados en el día final y podrán participar del reino de Dios en la tierra.

La fe se demuestra con la caridad

Las escrituras muestran claramente que no basta con creer que Dios existe, es necesario practicar la caridad también. El apóstol Pablo lo expresa así:

Y si tuviese el don de profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo caridad, nada soy. (1 Corintios 13:2)

Así que la fe sin obras de caridad no es verdadera fe. Puesto que la caridad, que es el amor genuino por el prójimo, habla por nosotros. La fe y la esperanza dejarán de ser el día que venga el reino de Dios, porque lo que se hace realidad ya no se espera y lo que se ve ya no necesita de fe, pero la caridad siempre existirá, es decir, el amor por el prójimo siempre será hasta el final de este mundo y aún en el reino venidero:

La caridad nunca deja de ser; mas las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
(1 Corintios 13:8-10)

También los dones del espíritu y la obra de santificación e iluminación que Dios está efectuando hoy en los creyentes dejará de ser cuando venga dicho reino glorioso, pues seremos hechos inmortales a la imagen de nuestro Señor Jesucristo y seremos hechos perfectos, cuando nuestros cuerpos mortales y corruptibles se revistan de total santidad e inmortalidad. Por esto ahora tenemos fe y esperanza, pero ellas se acabarán.

Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres; pero la mayor de ellas es la caridad. (1 Corintios 13:13)

Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. (Santiago 2:24)

Contrario a lo que piensan y enseñan muchos predicadores, si hay obras por las que el hombre es justificado, estas son las obras de la fe, o podríamos llamarles también, las obras de la caridad o de el amor “ágape”. “Ágape” es la palabra griega que el autor de los Corintios usó en ésta ocasión y que los traductores de la versión Reina – Valera han vertido como “caridad”, que es realmente la mejor palabra para traducir dicha palabra. La mayoría de los predicadores modernos predican una salvación “sin obras”, pero no se percatan que el autor de Romanos hablaba de las obras que exige la ley Mosaica, y no las obras que exige la fe en Jesucristo, como estamos viendo. El mismo Jesucristo dijo a sus seguidores una vez:

No temáis, manada pequeña; porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en el cielo que no se agote; donde ladrón no llega, ni polilla corrompe. Porque donde está vuestro tesoro, allí también estará vuestro corazón.
(Lucas 12:32-34)

Jesús les dice que den limosna y que no tengan tesoros en este mundo malo, sino que su tesoro esté reservado en el cielo, para cuando el Mesías vuelva de allí y le de a cada uno lo que merece, y establezca el reino en esta tierra. Por eso les continúa diciendo:

Vosotros, pues, también, estad apercibidos; porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá. (Lucas 12:40)

En todo este pasaje de Lucas, Jesús el Mesías nos invita a vivir una vida conscientes de la aparición gloriosa en su parousía y del consecuente reino de Dios. Y les insta a sus seguidores a estar atentos ante la incertidumbre del momento exacto en que esto se revelará.

La vasta profundidad de la regla de oro

Y llegándose uno de los escribas, que los había oído disputar, y sabía que les había respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el principal mandamiento de todos? Y Jesús le respondió: El principal mandamiento de todos es : Oye Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos. (Marcos 12:28-31)

No basta con creer que hay un solo Dios y que es nuestro Padre, también hay que amarlo con todo, y amarlo mas que a todo. Él debe ser nuestra prioridad, pero el amor a nuestro Padre Celestial se demuestra con el amor hacia el prójimo, así como Jesús demostró su amor a Dios, dando su vida por los demás. Éste amor al prójimo podría resumirse así: Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti, y has a otros lo que quisieras que otros hicieran por ti. Esta es la ley de Dios y los profetas. Ésta es la profundidad de la regla de oro.


Conclusión

Hemos visto que la fe bíblica es un concepto que realmente abarca un significado muy amplio. Éste estudio nos sirve para reflexionar acerca de qué tipo de mensaje estamos creyendo y practicando actualmente en nuestra vida cristiana. ¿Estamos viviendo una vida que muestre obras y frutos de arrepentimiento y de fe? Todas las cartas apostólicas centran su discurso en la segunda venida de Jesucristo y advierten de muchas formas que debemos tomar consciencia y hacer obras dignas de los que dicen conocer a Dios y creer en su Cristo. El libro de Apocalipsis también nos sorprende con la advertencia profética que da a las iglesias de Asia. Las iglesias de hoy en día están llenas de falsos profetas que enseñan a los hombres a despreciar los mandamientos de Dios que nos fueron dados a través de Jesucristo y los apóstoles. Éstos falsos maestros viven de ofrendas y diezmos que los ingenuos les regalan, mientras muchos otros creyentes no tienen muchas veces ni una comida al día, ni techo, ni vestido. Los apóstoles en la iglesia primitiva nunca pidieron ni una sola moneda de los creyentes, sino que todo lo conseguían trabajando con sus propias manos en los oficios que sabían hacer. Ellos quisieron dejar éste ejemplo para que cada creyente viva de su propio trabajo. La única vez que pidieron una ofrenda fue para ayudar otras iglesias mucho mas necesitadas. Los supuestos pastores, apóstoles, maestros y presbíteros de hoy deberían seguir el ejemplo que nos dejaron los apóstoles en la antigüedad y enseñar la verdadera doctrina, dedicándose a hacer buenas obras de fe y caridad como enseña la Biblia.

Después de leer hasta este punto del presente estudio el lector podrá entender muy bien las palabras de Jesucristo y los apóstoles; sobretodo éste duro pasaje que casi nadie predica hoy en día:

Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que estarán a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿O sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿O desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos pequeñitos, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los que estarán a la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles; porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o huésped, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos pequeñitos, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al tormento eterno, y los justos a la vida eterna.
(Mateo 25:31-46)

Para terminar, quiero dejarles una cita de el libro de gálatas, espero que le sirva al lector para que se arrepienta y cambie su forma de pensar y de vivir, ya que el reino de los cielos, o reino de Dios está cerca, muy cerca.

y cuando Jacobo, Cefas, y Juan, que parecían ser columnas, percibieron la gracia que me fue dada, nos dieron a mí y a Bernabé las diestras de compañerismo, para que nosotros fuésemos a los gentiles, y ellos a la circuncisión. Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres, lo cual también fui solícito en hacer. (Galatas 2:9-10)

¡Bendiciones para todos!

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martes, 16 de diciembre de 2008

UN PROBLEMÓN CON EL MISTERIO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Tres manzanas distintas y una sola manzana verdadera…¿entendió alguno?

Estoy muy de acuerdo con lo que planteas (Apologista) sobre el problema de la Trinidad y quisiera agregar sobre las consecuencias de esta doctrina.

¿En qué posición o situación pone el creer en la Trinidad a los que se aferran a tal creencia? Los pone en una posición muy peligrosa. Es indisputable la prueba de que el dogma de la Trinidad no se halla en la Biblia, ni está en armonía con lo que la Biblia enseña. Es una flagrante representación falsa del Dios verdadero. No obstante, Jesucristo dijo: “Tiempo empero viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre a los tales busca como adoradores suyos. Dios es espíritu; y los que le adoran, es menester que le adoren en espíritu y en verdad” (Juan 4:23, 24, VM). Por consiguiente, Jesús dejó claramente establecido que aquellos cuya adoración no fuera ‘en verdad’, que no estuviera en conformidad con la verdad que se establece en la propia Palabra de Dios, no son “verdaderos adoradores”. A los líderes religiosos judíos del primer siglo Jesús dijo: “Habéis invalidado la palabra de Dios por vuestra tradición. ¡Hipócritas! ¡Admirablemente profetizó de vosotros Isaías, diciendo: Este pueblo con los labios me honra; pero su corazón lejos está de mí: mas en vano me rinden culto, enseñando doctrinas que son preceptos de los hombres!” (Mat. 15:6-9, VM). Esto aplica con igual fuerza a los de la cristiandad de hoy que se adhieren a tradiciones humanas y las prefieren a las verdades claras de la Biblia.

Con relación a la Trinidad, el Credo Atanasiano dice que sus componentes son “incomprensibles”. A menudo los maestros de la doctrina dicen que es un “misterio”. Obviamente tal Dios Trinitario no es el que Jesús tenía presente cuando dijo: “Nosotros adoramos lo que conocemos” (Juan 4:22, VM). ¿Conoce usted realmente al Dios a quien adora?

Cada uno de nosotros nos enfrentamos a preguntas de gran importancia: ¿Amamos sinceramente la verdad? ¿Verdaderamente queremos una relación aprobada con Dios? No toda persona ama genuinamente la verdad. Muchas han puesto el tener la aprobación de sus parientes y asociados por encima del amor a la verdad y a Dios (2 Tes. 2:9-12; Juan 5:39-44). Pero, como dijo Jesús en fervorosa oración a su Padre: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo” (Juan 17:3, NM). Además, Salmo 144:15 dice verazmente: “¡Feliz es el pueblo cuyo Dios es Jehová!” (NM).

Más sobre los errores de la Trinidad en:

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EL ORIGEN PAGANO DE LA TRINIDAD


La mayoría de los que profesan ser cristianos creen en
la doctrina de la Trinidad. Y la mayoría de las denominaciones
insisten que si uno no cree en la Trinidad él o ella no puede
obtener salvación. Pero, aquellos que exigen tal creencia
en la Trinidad no realizan que eso es una doctrina de
filosofía/religión y no es Cristiana ni Bíblica. La Verdad
Bíblica es que esta creencia viene directamente
de la caldera del paganismo.

Prefacio

Este artículo, El Misterio de La Trinidad, por Carl D. Franklin es una compilación de citas de fuentes Trinitarias. A través de esta compilación y las cronologías históricas, él se remonta al origen de la doctrina de la Trinidad y a sus raíces paganas. Sin ninguna duda la doctrina de la Trinidad es una doctrina satánica de demonios. Todas las religiones del mundo, a diferencia de las iglesias de Dios, creen de alguna forma en una doctrina de la Trinidad, incluyendo el Judaísmo cabalista.

Cuándo usted lea y estudie éste artículo, usted encontrará que parece ser un poco confuso a veces. Por favor no permita que esta aparente confusión lo desanime de leerlo. La confusión surge no por su falta de comprensión ni de sus habilidades lectoras. Sino por el contrario, la razón por la que lo confunde es porque las compilaciones de estas citas son directas citas de los filósofos. La causa de esta aparente confusión es que estas citas fueron escritas originalmente por hombres que fueron inspirados por demonios y no por Dios. Estos escritos son confusos porque ellos están procurando definir algo que es una mentira para hacerlo aparecer como una Verdad. Una mentira de Satanás el diablo nunca puede ser la Verdad de Dios. Dios no es el autor de la confusión (I Corintios 14:33). Pero es importante para usted leer estas secciones aun cuando puedan ser confusas. Sin embargo, cuanto más lea, más se aclarará la confusión porque usted comenzará a ver que el mismo modo de definir la llamada Trinidad por los escritores paganos continúa de los antiguos escritores paganos desde los inicios de la Iglesia Católica hasta nuestros días.

Carl Franklin comienza con las Philosopher’s Statement of Trinitarian Doctrine (La Declaración de la Doctrina Trinitaria de los Filósofos) en la Primera Parte, y las compara con las recientes declaraciones publicadas por los líderes de la Iglesia de Dios Universal (Worlwide Church of God) Joseph W. Tkach, Dr. Stavrinides y Dr. Kaplan. Usted se asombrará que sus definiciones de la Trinidad son casi idénticas a las de aquellos del antiguo Griego pagano y a la de los filósofos de Caldea. Luego él muestra las familias de los dioses y diosas paganas con cuadros comparativos.

En la Segunda Parte, él muestra el desarrollo de las doctrinas Trinitarias definidas por los llamados Apadres@ de la primera Iglesia Católica al Concilio de Nicea en 325 d.C. Esta sección es la más instructiva para aquellos que nunca han creído en la Trinidad. Con la adopción de la Trinidad como la doctrina fundamental de la Iglesia Católica, las represas se abrieron para permitir que los sacerdotes paganos trajeran todas sus otras falsas doctrinas.

Finalmente, en la Tercera Parte, él da un detallado desarrollo histórico de la doctrina de la Trinidad como la enseñaron los filósofos. No puede haber ninguna duda que la doctrina de la Trinidad se origina en Babilonia. Viene directamente de la copa dorada de los Caldeanos los sumos sacerdotes de Babilonia.

Una vez que usted haya leído y estudiado este artículo, usted nunca jamás tendrá duda alguna acerca del verdadero origen de la doctrina de la Trinidad. Usted nunca más volverá a ser puesto en una posición donde usted pueda ser engañado. Usted podrá saber positivamente, sin ninguna duda, que la doctrina de la Trinidad es una doctrina de demonios. Es una mentira satánica, una marca de todas las religiones de este mundo. (Todas la iglesias Cristianas profesantes que tienen la doctrina de la Trinidad han sido seducidas por Satanás el diablo, de una manera u otra; ésta es su señal!

A medida que usted estudia esta gran compilación por Carl Franklin, quiera Dios darle la comprensión del verdadero origen de la falsa doctrina de la Trinidad.

Fred R. Coulter

Septiembre 1993
www.apologista.blog.ca

lunes, 15 de diciembre de 2008

NeoEarth

sábado, 15 de noviembre de 2008

¿SON ÉSTOS LOS ÚLTIMOS DÍAS?

Ingº Mario A Olcese (Apologista)

Anunciando los “últimos días”

Todos percibimos que muchas cosas se están poniendo cada vez más feas en nuestro mundo, y todo parece indicar que la humanidad se va a su destrucción a menos que intervenga un poder sobrenatural que detenga el caos social, político y económico que se vive en el presente.

También encontramos en la internet distintos sitios web y blogs cristianos que nos advierten que estamos viviendo en los últimos días de este mundo enfermo, fundamentándose en las apocalípticas profecías bíblicas y en el temor y en la incertidumbre que se vive en estos tiempos. Efectivamente, por todos lados se escuchan noticias de terremotos, hambres, enfermedades, catástrofes naturales (tornados, Huracanes, maremotos, inundaciones, incendios forestales, etc), guerras, rumores de guerras, falsos maestros, falsos profetas, falsos cristos, impiedad, y mil señales más, que se cumpliendo exactamente como lo que profetizó nuestro Señor en Mateo 24, Marcos 13; y Lucas 21.

¿Cuándo son los últimos días?

Muchos creyentes parecen desconocer que Pablo mismo creía estar viviendo en los últimos días. Uno de los pasajes de la Biblia que nos indica eso es Hebreos 1:2, donde Pablo dice: “En estos POSTREROS DÍAS (Dios) nos ha hablado por el Hijo…” Sin duda Pablo consideró sus tiempos como los “últimos días” o los “días finales” de lo que él llamó: “el presente siglo malo”(Gál. 1:4). También el apóstol Pedro, haciendo alusión a una profecía de Joel, dijo: “Y será en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; Y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños” (Hechos 2:17). Esta profecía aludía al derramamiento del Espíritu Santo que acaecería en el Pentecostés del año 33 DC, cuando los creyentes en el aposento alto comenzaron a hablar en distintas lenguas después de recibir el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego. Así que tanto Pablo y Pedro entendieron que sus días eran los días postreros o finales. ¿Pero cuánto durarían estos días finales? He aquí el asunto que ha dividido a las diferentes escuelas escatológicas (preteristas, historicistas, y futuristas) por igual. Para los preteristas, los tiempos finales de circunscribieron al primer siglo, y específicamente, al año 70 DC, cuando Jerusalén y su templo fueron destruidos por las hordas de Roma. Los preteristas dicen entre otras cosas que en Mateo 24:14 Jesús remarcó que el evangelio del reino sería predicado a todas las naciones como testimonio y entonces el fin (…y su parusía) vendría. Luego ellos dicen que esta profecía efectivamente se cumplió en el siglo I, cuando el evangelio fue predicado en todo el “mundo romano”, y para probarlo los preteristas citan Colosenses 1:23. Así pues, el preterismo extremo sostiene que los últimos días se limitaron al primer siglo, y que ahora la iglesia está viviendo en la era del reino milenario.

¿Pero realmente creyeron los primeros cristianos que los últimos días sólo se circunscribieron a sus días y que en sus días todas las promesas de Dios para su pueblo se cumplirían?¿Acaso en el siglo I (año 70 DC) Jesús regresó en persona para resucitar a los suyos para introducirlos en su reino?¿Y qué hay de los difuntos creyentes que fallecieron después del 70 DC, como es el caso de Policarpo, discípulo de Juan?¿Cuándo fue resucitado él para reinar con Cristo en su reino siendo que él murió en 155 DC, 85 años después de la destrucción de Jerusalén?¿No dice Pablo que todos los creyentes resucitarán juntos para recibir al Señor en su venida? Si el reino fue establecido en el primer siglo, ¿está Jesús reinando con todos sus fieles ahora?

Jesús dijo que vendría “pronto” o “en breve”

Si Cristo dijo que vendría “pronto” o “en breve”, ¿por qué demora tanto en regresar? ¿No han pasado ya 2000 años desde que se fue al cielo? ¿No será que ya vino él en el siglo I como sostienen los preteristas extremos?

En las Escrituras vemos que este tipo de declaraciones (“pronto”, “en breve”, “de acá a poco”, etc) no siempre indican un tiempo corto como lo entendemos nosotros. La brevedad puede ser entendida bajo la óptica de Dios, para quien mil años puede equipararse a un día de 24 horas. Por ejemplo, el salmista anuncia la pronta destrucción de los impíos mil años antes de Cristo: “No te impacientes a causa de los malignos, Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad. 2 Porque como hierba serán pronto cortados, Y como la hierba verde se secarán” (Sal. 37:1,2). Sin duda ese vocablo PRONTO debe ser entendido bajo la óptica de Dios, que percibe el tiempo de manera muy diferente que nosotros. También en Hageo 2:6, el profeta dice: “Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca”. Este verso es citado en Hebreos 12:26 y es aplicado a eventos de la segunda venida de Cristo por Hageo, unos 400 años antes de Cristo. Aún hoy, después de 2,400 años, creemos que todavía no se ha cumplido. Sin embargo, si damos por cierto que esta profecía se cumplió en los tiempos de Cristo como sostienen los preteristas, con todo esos 400 años sería un lapso de tiempo importante referido como “de aquí a poco”.

Cualquier época pasada pudo ser los “últimos días”

Es probable que los discípulos del primer siglo creyeran que sus tiempos eran los últimos del “presente siglo malo” y que Jesús volvería en breve para establecer su reino, tal como los cristianos en las generaciones posteriores creyeron que los suyos eran los tiempos finales. Ciertamente en todas las épocas ha habido hambres, falsos maestros, anticristos, pestes, terremotos, guerras, y cosas como éstas. La profecía de Mateo 24, Marcos 13, y Lucas 21 bien puede encajar en cualquier época de la historia, especialmente en estos últimos dos mil años. Ya me imagino cómo se habrán sentido los europeos del siglo XIV cuando la peste negra mató a un tercio del continente. ¡Seguramente habrían pensado que el fin del mundo estaba más cerca que nunca! Y recordemos que a finales del siglo 10 la iglesia de aquel entonces creía que la entrada del siguiente milenio sería el amanecer de una nueva era. Y los reformadores de la Edad Media también pensaron que vivían en los últimos días, cuando interpretaron que los eventos apocalípticos descritos sobre el anticristo final cuadraban perfectamente con la iglesia imperante y oficial de aquel entonces, la iglesia de Roma, la cual sería destruida “pronto”. ¿Podríamos entonces decir que nuestros días son los últimos días? Yo creo que sí! Y es que los “últimos días” pueden perfectamente durar dos mil años si consideramos que para el Señor un día puede ser como mil años, y mil años como un día.

Y así como una mujer encinta siente que los dolores de parto aumentan en la medida que el parto se va acercando, así los dolores de las naciones han ido en aumento desde que Jesús dio sus señales hace dos milenios hasta que su venida al mundo se haga realidad nuevamente. El Hijo está pronto para aparecer en el mundo para traer la justicia perdurable.

Estamos viviendo en el cierre del sexto día profético…el último hasta el descanso milenario

Si seis días deben pasar antes de que venga el séptimo día de descanso del pueblo de Dios, y que es el descanso milenario, la era del reino; es lógico suponer que los “últimos días” son los dos últimos días de los seis días programados por el Señor para la historia y el gobierno humanos. Ciertamente los tiempos actuales son los últimos y los más penosos, porque la venida del Hijo de Dios a este mundo está cerca. No esperamos encontrarnos con un mundo mejor en los años venideros, sino todo lo contrario, pues serán tiempos espantosos. Ya lo dijo el Señor: “Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; 26 desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas” (Luc. 21:25-26). Y en otro pasaje, el Señor Jesús pareciera presentar la amenaza nuclear cuando dice: “Porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios creó, hasta este tiempo, ni la habrá. 20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos días, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos que él escogió, acortó aquellos días” (Marcos 13:19-20).

Aquí Jesús no está hablando de la invasión romana que destruyó Jerusalén, a su templo, y a un millón de Judíos. Está tribulación de los judíos del primer siglo no se compara con la terrible tribulación (holocausto) que soportaron los judíos en la Segunda Guerra Mundial, donde seis millones de ellos murieron. Y este holocausto del 1939-45 no será nada en comparación con la final tribulación de los Judíos, en donde se prevé más víctimas judías antes del retorno del Señor para detener su extinción total como raza y nación por acción de una guerra atómica a gran escala.

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viernes, 14 de noviembre de 2008

CONSEJOS PARA COMPARTIR LAS BUENAS NOTICIAS DEL REINO DE DIOS

Por: David Macías Isaza

(Nuestro colaborador en la causa del reino y del unitarismo genuinos)


Recientemente he estado hablando con conocidos creyentes y no creyentes y me he quedado asombrado con la ignorancia bíblica tan grande que existe actualmente, y es que la mayoría de personas están acostumbradas a escuchar un mensaje que aparenta ser una verdad espiritual, pero al ir a la Biblia, realmente no lo es. Muchos llamados cristianos aceptan honestamente que no saben cómo compartir el evangelio con otras personas, otros no lo aceptan pero permanecen en silencio porque tampoco saben cómo compartir el mensaje de Cristo con los demás; y es que a la verdad, ni siquiera lo conocen. Muchas personas creen haber conocido el evangelio de Cristo, o haber “aceptado al Señor” y “creen” que después de repetir una oración llamada popularmente como “la oración de fe”, ya han sido salvadas del infierno, y creen que si murieran hoy mismo, irían al cielo a cantar en una nube por toda la eternidad en lugar de ir al infierno. Esto es lo que actualmente se enseña desde casi todos los púlpitos (salvo algunas raras excepciones) pero, ¿Es este el mensaje que nos cuenta la escritura? ¿Que dice la Biblia al respecto?

En primer lugar la Biblia no enseña en ninguna parte que para ser salvo basta con repetir una “oración de fe”, sino que la salvación es un concepto mucho más amplio y tiene otros requisitos para ser alcanzada. En una ocasión Jesús dice que entrar al reino de Dios es difícil para los que tienen su tesoro en este mundo:

En cierta ocasión, un hombre importante entre los judíos le preguntó: Buen Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? ¿Por qué me llamas bueno? le preguntó Jesús. Nadie es bueno, sino solamente Dios. Tú ya sabes los mandamientos: No adulteres, no mates, no robes, no levantes falsos testimonios, honra a tu padre y a tu madre. El hombre contestó: Maestro, desde muy joven he guardado esos mandamientos. Siendo así, solo te falta una cosa: Ve, vende todo lo que tienes y reparte el dinero a los pobres. Así tendrás un tesoro en el cielo. Luego vuelve acá y sígueme. Al oír aquella respuesta se fue muy triste, porque tenía muchas riquezas. Jesús, al verlo ir, dijo a los discípulos: ¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios! Más fácil es que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el reino de Dios. Los presentes preguntaron: Entonces, ¿quién podrá salvarse? Les respondió: Dios puede hacer lo que para el hombre es imposible. (Lucas 18:18-27)

Si mi amigo, la salvación es un regalo pero tiene requisitos para poderla recibir y conservarla, además la salvación consiste en entrar al reino de Dios, en palabras del mismo Jesucristo:

…Con toda certeza te digo que quien no nazca de nuevo no podrá ver el reino de Dios. (Juan 3:3)

¿Qué significa nacer de nuevo?

miremos más adelante:

Te aseguro - contestó Jesús - que no basta con nacer físicamente. Es menester nacer del agua y del Espíritu para entrar en el reino de Dios. Lo que nace del ser humano es vida humana; lo que nace del Espíritu de Dios es vida espiritualmente renovada. (Juan 3:5-6)

Jesús está declarando una verdad (además lo aseguró) que es pasada por alto por muchos predicadores de hoy en día. Es necesario nacer del agua, esto significa el bautismo en agua que Juan el bautista estaba enseñando del que Jesús también participó. Y nacer del Espíritu, significa el bautismo del Espíritu de Dios que recibieron los discípulos de Jesús. Este bautismo se recibe como un don de Dios cuando una persona se ha arrepentido de sus pecados y quiere vivir una vida dedicada a Dios. Juan el bautista y Jesús ambos predicaban el arrepentimiento para perdón de los pecados.

No te sorprendas porque yo te haya dicho que os es necesario nacer de nuevo. Esto es como el viento, que lo oyes soplar, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va; tampoco sabemos cómo actúa el Espíritu en quienes nacen a la nueva vida que de él procede (Juan 3:7-8)

Jesús declara que es necesario nacer de nuevo para poder ver y entrar en el reino de Dios y él mismo Jesús después de haber sido bautizado en el agua y por el Espíritu, fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el maligno, luego de eso regresó a predicar y lo que él decía a la gente era lo siguiente:

¡Ha llegado la hora! ¡El reino de Dios se ha acercado! ¡Arrepentíos, apartaos del pecado y creed al evangelio! (Marcos 1:15)

Esta era la magnitud de la predicación de Jesús, y ésta debe ser la de todo creyente actualmente. Jesús declaraba a la gente que El reino de Dios estaba cerca, para entrar en él es necesario arrepentirse y apartarse del pecado y creer las buenas noticias.

¿Qué es el reino de Dios?

Es sorprendente la ignorancia que hay al respecto, muchos creyentes responden que el reino de Dios es la iglesia y que ya estamos en el reino de Dios, otros dicen que es cuando Jesús viene a tu corazón y reina en tu corazón. Pero ¿Es esto lo que dice la Biblia? La Biblia declara que el reino de Dios, también llamado reino de los cielos, la era venidera, el siglo que viene, la era mesiánica o el milenio, no es otra cosa más que un gobierno bajo la voluntad perfecta de Dios. Un gobierno en la tierra que obedece a Dios como se le obedece en el cielo. El rey de éste gobierno es un ungido que Dios mismo eligió y aprobó. El rey de este reino es Jesús el Mesías o Cristo. La palabra hebrea Mesías (Mashiaj), es lo mismo que la palabra griega Cristo (Kristos). Esta palabra significa literalmente: ungido. Jesucristo es un hombre ungido, como el mismo lo declara:


El Espíritu del Señor está sobre mí: Me ha ungido para llevar a los pobres, las buenas noticias de la salvación; para anunciar libertad a los cautivos; vista a los ciegos y liberación a los oprimidos. (Lucas 4:18)

Jesús declara que el Señor lo ha ungido, para proclamar las noticias de salvación. Primeramente para los pobres y los cautivos, pero también para todo el que tiene hambre y ser de justicia, todo el que sabe que tiene que haber algo más que este mundo malo donde se oprime al pobre y se enriquecen unos pocos que viven a sus anchas; tiene que haber algo más que esta injusticia que ha traído tantos conflictos a la tierra y tanta violencia. Para esto Dios mismo declaró las noticias de salvación desde la época de los profetas, desde la antigüedad, desde hace más de cuatro mil años.

¿Cuáles son las buenas noticias de salvación?

Las noticias de salvación son el evangelio del reino de Dios. La palabra evangelio viene de la palabra griega evangelion que significa literalmente “buenas noticias”. Estas noticias consisten en que Dios tiene un plan para la humanidad, en este plan no hay guerras, ni hambre, ni sufrimiento sino igualdad, justicia y paz. Este estado paradisíaco que tuvo la tierra en el principio, se hará realidad cuando el rey elegido por Dios comience a gobernar sobre la tierra. Obviamente estamos en un mundo crítico y hay guerras y hambres y pestes por todas partes, lo cual significa que aún el rey esperado no ha comenzado a reinar y el reino de Dios todavía no está en la tierra. Podríamos decir que Dios reina sobre algunos pocos que buscan su voluntad, pero el reino en sí, aún no ha venido. En el tiempo de Jesús muchos judíos creyeron que él era el Mesías esperado. Miremos:

Felipe, que era de Betsaida, el mismo pueblo de Pedro y Andrés, vio más tarde a Natanael y le dijo: Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y a quien se refirieron los profetas. Es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret. (Juan 1:44-45)

Moisés había hablado de “el profeta” que vendría y que sería semejante a él. Éstos discípulos creyeron que Jesús era ese profeta, y además que él era de quien habían hablado los otros profetas de Israel. Los profetas hablaron de un rey que gobernaría desde Jerusalén a todas las naciones de la tierra y la tierra sería llena de justicia y de el conocimiento del Dios de Jacob. Miremos lo que dice el profeta Isaías:

Pues he aquí, yo creo cielos nuevos y una tierra nueva, y no serán recordadas las cosas primeras ni vendrán a la memoria. Pero gozaos y regocijaos para siempre en lo que yo voy a crear; porque he aquí, voy a crear a Jerusalén para regocijo, y a su pueblo para júbilo. Me regocijaré por Jerusalén y me gozaré por mi pueblo; no se oirá más en ella voz de lloro ni voz de clamor. No habrá más allí niño que viva pocos días,
ni anciano que no complete sus días; porque el joven morirá a los cien años,
 y el que no alcance los cien años será considerado maldito. Construirán casas y las habitarán, plantarán también viñas y comerán su fruto. No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma;
 porque como los días de un árbol, así serán los días de mi pueblo,
y mis escogidos disfrutarán de la obra de sus manos. No trabajarán en vano,
ni darán a luz para desgracia,
porque son la simiente de los benditos del SEÑOR, ellos, y sus vástagos con ellos. Y sucederá que antes que ellos clamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo habré oído. El lobo y el cordero pacerán juntos, y el león, como el buey, comerá paja, y para la serpiente el polvo será su alimento. No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte--dice el SEÑOR. (Isaías 65: 17-25)

Pocas veces se detienen a meditar en esto los “creyentes”. Los profetas hablaron de nuevos cielos y nueva tierra, obviamente Dios no va a destruir esta tierra, sino que la renovará. Isaías habla de Jerusalén como la capital de éste reino de Justicia donde los animales salvajes ni siquiera hacen daño. Para llevar esto a cabo Dios escogió a un rey, un gobernante descendiente de Abraham y del rey David, ya que él le había prometido a David que un descendiente suyo gobernaría en este reino maravilloso. Miremos otra profecía que dijo Dios a través del profeta Isaías:

Y brotará un retoño del tronco de Isaí, y un vástago de sus raíces dará fruto.
Y reposará sobre Él el Espíritu del SEÑOR, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR. Se deleitará en el temor del SEÑOR, y no juzgará por lo que vean sus ojos, ni sentenciará por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará al pobre con justicia, y fallará con equidad por los afligidos de la tierra; herirá la tierra con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios matará al impío. La justicia será ceñidor de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. El lobo morará con el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito; el becerro, el leoncillo y el animal doméstico andarán juntos, y un niño los conducirá. La vaca y la osa pacerán, sus crías se echarán juntas, y el león, como el buey, comerá paja. El niño de pecho jugará junto a la cueva de la cobra, y el niño destetado extenderá su mano sobre la guarida de la víbora. No dañarán ni destruirán en todo mi santo monte, porque la tierra estará llena del conocimiento del SEÑOR, como las aguas cubren el mar (Isaías 11:1-9).

Vuelve el énfasis sobre ese reino de paz donde la creación se sujetará a la justicia y ni siquiera los animales salvajes dañarán a nadie, también nos dice Isaías que él gobernante será un descendiente de Isaí, pues bien, ¿quién es Isaí? Isaí es el padre del famoso rey David. Con esto Dios está confirmando el pacto que hizo con el rey David, de que un descendiente suyo sería el rey del reino de Dios, veamos lo que prometió Dios a David:

Ahora pues, así dirás a mi siervo David: "Así dice el SEÑOR de los ejércitos: 'Yo te tomé del pastizal, de seguir las ovejas, para que fueras príncipe sobre mi pueblo Israel. He estado contigo por dondequiera que has ido y he exterminado a todos tus enemigos de delante de ti, y haré de ti un nombre como el nombre de los grandes que hay en la tierra. Asignaré también un lugar para mi pueblo Israel, y lo plantaré allí para que habite en su propio lugar y no sea removido más; tampoco los malvados los oprimirán más como antes, como desde los días que ordené que hubiera jueces sobre mi pueblo Israel; y someteré a todos tus enemigos. Además te hago saber que el SEÑOR te edificará una casa. Y sucederá que cuando se cumplan tus días para que vayas a estar con tus padres, levantaré a uno de tus descendientes después de ti, que será de tus hijos; y estableceré su reino. El me edificará una casa, y yo estableceré su trono para siempre. Yo seré padre para él y él será hijo para mí; y no quitaré de él mi misericordia, como la quité de aquel que estaba antes de ti. Sino que lo confirmaré en mi casa y en mi reino para siempre, y su trono será establecido para siempre. (1 crónicas 17:7-14)

Si mi querido lector, el mismo Dios le prometió que un descendiente de él (David) sería rey para siempre, que sería como un hijo para él; y aunque esta profecía se cumplió en parte en Salomón, aún falta que se cumpla la sentencia de “para siempre”. Por esto los profetas dijeron que un hijo de Isaí brotaría y gobernaría con justicia. Éste descendiente de Isaí es Jesucristo, es por esto que el evangelio según Mateo comienza así:

Éstos son los antepasados de Jesucristo, que fue descendiente de David y de Abraham. (Mateo 1:1)

Mucha gente no lo sabe y no lo entiende, pero los discípulos de Jesús lo entendían así desde que lo conocieron, por esto es que Natanael le dijo: Entonces exclamó Natanael: ¡Señor, ya veo que tú eres el Hijo de Dios, el Rey de Israel! (Juan 1:49)

Los judíos estaban esperando éste rey y cuando Natanael conoció a Jesús, inmediatamente creyó que él es ése rey esperado. Muchos de los judíos que creyeron en Jesús, es decir, los que creyeron que él es el Mesías esperado, osea el rey que había de venir, creyeron que el reino de Dios se iba a manifestar en su primera venida, pero Jesús les decía que primero Él tenía que sufrir mucho y padecer antes de reinar, tenía que ser desechado por los principales líderes de su generación, para que se cumpliera lo que estaba escrito en la ley y los profetas (tanak y toráh). Miremos este pasaje:

En su camino seguían aproximándose a Jerusalén, y para corregir la falsa idea de que el reino de Dios sería instaurado inmediatamente, les refirió esta parábola:
(Lucas 19:11)

Si, Jesús les tuvo que corregir ésa falsa idea pues ellos no entendían que el hijo del hombre tenía que morir primero, por eso les contó la parábola de un rey que fue a tierras lejanas a recibir un reino, pero dejó encargados a ciertos trabajadores de sus negocios, cuando volvió, le pagó a cada uno conforme a sus resultados. Esta parábola la refirió Jesús para que ellos entendieran que él tenía primero que morir, resucitar e ir al cielo a recibir ese reino, para luego volver a reinar en la tierra, en Israel desde una Jerusalén renovada. Muchos de los que creían que el reino de Dios sería instaurado inmediatamente dejaron de creer en Jesús cuando murió, incluyendo a sus discípulos que dudaban y estaban atónitos, pues no habían recibido el bautismo del Espíritu de Dios, así que no entendían las palabras de Jesús. Por este motivo es que la gente gritaba cuando Jesús entro en Jerusalén:

Y tanto los que iban delante, como los que iban detrás, gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que viene, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas! (Marcos 11:9-10)

Ellos pensaban que Jesús iba a someter por la fuerza a sus enemigos de inmediato y que iban a ser librados de la opresión romana, pero los planes de Dios eran mucho más altos y grandiosos. El Mesías tenía que morir como un sacrificio por los pecados y luego resucitar, esto lo había predicho el profeta Isaías:

He aquí, mi siervo prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado. De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre,
y su aspecto más que el de los hijos de los hombres. Ciertamente El asombrará a muchas naciones, los reyes cerrarán la boca ante El; porque lo que no les habían contado verán, y lo que no habían oído entenderán. ¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del SEÑOR? Creció delante de El cómo renuevo tierno, como raíz de tierra seca; no tiene aspecto hermoso ni majestad para que le miremos, ni apariencia para que le deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no le estimamos. Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre El, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el SEÑOR hizo que cayera sobre El la iniquidad de todos nosotros. Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, no abrió Él su boca. Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que Él fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca. Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando El se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará. Debido a la angustia de su alma, El lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado, llevando El el pecado de muchos, e intercediendo por los transgresores. (Isaías 52:13-15, 53:1-12)

Éste pasaje de Isaías es quizás el más claro en cuanto a todas las cosas que se cumplieron en la vida de Jesús de Nazaret, el cordero de Dios de quien habló Juan el bautista. Jesús fue cortado de la tierra de los vivientes pero dice que después prolongaría sus días, lo que quiere decir claramente que resucitaría. Cuando Jesús resucitó se le apareció a varios de sus discípulos que aún no creían y no entendían, en una ocasión miren lo que ocurrió:

Aquel mismo día se dirigían dos de ellos al pueblo de Emaús, distante unos sesenta estadios (unos once kilómetros) de Jerusalén. Iban comentando por el camino los acontecimientos que rodearon la muerte de Jesús, cuando él mismo se les acercó y se puso a andar a su lado. Ellos le veían, pero en aquel momento no les fue posible reconocerle. Jesús les preguntó: ¿De qué venís hablando, y por qué estáis tan tristes? Uno de ellos, llamado Cleofas, le dijo: Quizá en toda Jerusalén eres tú el único forastero que ignora las cosas que han ocurrido estos días. ¿Qué cosas son ésas?
Pues que a Jesús de Nazaret, profeta poderoso en obras y en palabras, que gozaba de la más alta estimación de Dios y del conjunto del pueblo, los principales sacerdotes y nuestros gobernantes lo pusieron en manos de los romanos, para que lo condenasen a morir en la cruz. Nosotros creíamos que él era el que había venido a rescatar a Israel... ¡pero ya hace tres días que murió! Sin embargo, lo más extraño de todo es que varias mujeres de nuestro grupo fueron hoy, muy de mañana, al sepulcro, y volvieron diciendo que el cuerpo había desaparecido y que unos ángeles les dijeron que Jesús está vivo. Algunos de los nuestros corrieron después al sepulcro y, en efecto, no hallaron el cuerpo, de modo que las mujeres tenían razón. Jesús les dijo entonces: ¡Qué necios y torpes sois! ¡Cuánto os cuesta creer lo que los profetas han afirmado en las Escrituras! ¿No está dicho claramente que el Cristo había de padecer todas esas cosas antes de entrar en su gloria? En seguida, a partir de Moisés y continuando por todos los profetas, les fue explicando lo que las Escrituras decían acerca de él.

Sí, Jesús tenía que ser desechado y ser muerto, morir como sacrificio por los pecados de quienes habrían de creer en él. Pero resucitaría y luego tendría que ir al cielo a recibir su reino para venir a instaurarlo en la tierra de Israel y posteriormente en el mundo entero. Cuando sus discípulos descubrieron que había resucitado se llenaron de gozo y una nueva fe para creer que realmente Él si es el Mesías que ha de reinar en Israel y las escrituras nos cuentan que después de resucitar Jesús pasó cuarenta días hablándoles del reino de Dios a sus discípulos:

Durante los cuarenta días que siguieron a su muerte, se presentó en diversas ocasiones a los apóstoles, vivo y dándoles pruebas que no dejaban lugar a dudas acerca de la realidad de su resurrección, y les hablaba del reino de Dios. (Hechos 1:3)

Jesús siguió su predicación acerca del reino de Dios, ése siempre fue su tema de conversación y su enseñanza principal. Como habíamos visto antes, muchos judíos habían dejado de creer en Jesús como el Mesías esperado después de su crucifixión, ya que ellos pensaban que el reino de Dios sería instaurado y manifestado inmediatamente. Solo sus discípulos más allegados sabían que era cierta su resurrección, solo ellos pudieron seguir creyendo en él como Mesías o rey esperado, por esto es que ellos le preguntaron:

…Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?(Hebreos 1:6)

Para los discípulos de Jesús la verdad estaba siendo cada vez más clara: Jesús si era el Mesías después de todo, pues resucitó como lo había prometido, ahora ellos querían saber cuando era el tiempo de la restauración del reino de Dios, es decir, el reino de David restaurado, pues esto es lo que ellos conocen por los profetas, Dios había prometido a David que un descendiente suyo reinaría en su lugar y que ese reino gobernaría el mundo entero y además sería un reino eterno. Ante esta pregunta Jesús contesta sencillamente que sólo Dios (el Padre) sabe:

Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o sazones que el Padre puso en su sola potestad. (Hebreos 1:7)

Solo Dios sabe los tiempos, solo el Padre es el único Dios verdadero (Juan 17:3) solo Él es omnisciente. Más adelante el apóstol Pedro, después de recibir el bautismo del Espíritu, comenzaría su predicación como Jesús:

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de restauración de todas las cosas, de que habló Dios por medio de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. (Hechos 1:19-21)

Si mi querido lector, Pedro comienza su predicación igual que Jesús: Arrepiéntanse y cambien su forma de pensar y de vivir, porque Jesucristo volverá a restaurar todas las cosas, es decir, a instaurar el reino de Dios del que hablaron los santos profetas desde antaño. También les dice que Jesús el Mesías estará en el cielo hasta que Dios determine enviarlo de nuevo. Con todas estas evidencias podemos decir con toda seguridad que el reino de Dios aún no está en la tierra, puesto que no vemos que esté restaurada la creación ni que las naciones hayan dejado la guerra. Tampoco hemos visto la señal del hijo del hombre aparecer en las nubes, ya que Jesús advirtió que no nos podemos dejar engañar.

Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. (Lucas 17:22-24)

Si, hoy en día vemos que estas palabras se cumplen textualmente, muchos falsos predicadores y falsos profetas declaran que Jesús está donde ellos están o gritan que Jesús esta aquí, hay otros que declaran que Jesús ya vino y esta reinando invisiblemente, pero esto no es verdad porque la segunda venida de Jesús el Mesías será vista por todos, así que cuando vemos que alguien declara que Jesús esta en un lugar, podemos estar seguros que se trata de un falso ungido que está en el error, Jesús advirtió que no debemos seguir a ésta gente que declara estas cosas, puesto que Jesús tiene que permanecer en el cielo hasta que se cumpla el tiempo estipulado por Dios. Más adelante Jesús dice:

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria. (Lucas 21:27)

Así también vosotros, cuando veáis que suceden éstas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. (Lucas 21:31)

Jesús quiere que tengamos muy claro que el reino de Dios vendría después de que él aparezca en las nubes con poder y gran gloria. Es un suceso sin precedentes en la historia de la humanidad, algo que todo ojo verá. Miren como lo expresa el apóstol Juan:

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén. (Apocalipsis 1:7)

Muchas personas creen a los falsos evangelios que se predican actualmente y esto es una pena y una tragedia. Hoy en día se predican evangelios trastocados, mutilados, cambiados, humanistas y hasta anti-cristianos. Claro que esto no es extraño ya que Jesús y los apóstoles predijeron que esto sería así. Por eso hermano, es tiempo de arrepentirse y volver al verdadero evangelio del reino de Dios, que está tan bien detallado en la Biblia y que no tiene porque confundirse. Abandonar toda forma de avaricia, como el famoso y falso “evangelio de la prosperidad”, porque no es la voluntad de Dios que todos sean millonarios, es mas Dios escogió a los pobres del mundo para que sean ricos en fe y heredar el reino que él ha prometido a los que le aman (Santiago 2:5). Y los que le aman obedecen sus mandamientos. También existe el falso evangelio de “decláralo y recíbelo” o “súper fe”, un evangelio completamente anti-cristiano que saca de lado la soberanía de Dios. Dios concede lo que le pedimos conforme a su voluntad (1 Juan 5:14-15) Nosotros hemos sido llamados a heredar este reino, pero no todos los que hagan una “oración de fe” o los que asistan a una congregación o a una organización serán salvos o heredaran el reino sino solo los que hagan la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es creer que Jesús es el Mesías y esperar su venida y nuestra resurrección. Otro falso evangelio que se enseña es el evangelio de que iremos al cielo. Esto no tiene sustento bíblico, la escritura dice que fuimos rescatados a fin de alcanzar las promesas hechas a Abraham. Y ¿qué le prometió Dios a Abraham? Dios le prometió a él que heredaría la tierra y todas las familias de la tierra serían benditas en su descendencia. Como dice Pablo en Romanos:

Recordad que Cristo vino como hombre para entregarse al servicio del pueblo judío, para confirmar que Dios es fiel y cumple las promesas que hizo a nuestros antepasados. (Romanos 15:8)

Y en otra ocasión:

Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe.” (Romanos 4:13)

Y en varios otros pasajes se da a entender que éste es el evangelio que predicaba Pablo, pero Pablo estaba consciente de que aún no había recibido esa herencia sino que estaba esperando de los cielos a Jesús como dice en 1 tesalonicenses:

También nos han hablado del anhelo con que esperáis que regrese de los cielos su Hijo Jesús, a quien Dios resucitó de los muertos y quien nos libra de la condenación que ha de venir. (1 tesalonicenses 1:10)

Jesús nos librará de la condenación que ha de venir siempre y cuando permanezcamos en él y guardemos la fe hasta nuestra muerte. Y si morimos, seremos resucitados en su venida y mientras tanto estaremos dormidos en la tumba. El evangelio no promete que iremos al cielo sino que el cielo vendrá a la tierra. Pablo dejó muy claro las condiciones para heredar el reino de Dios:

Cuando nos conformamos a nuestras tendencias naturales, caemos en males como estos: adulterio, fornicación, impureza, lascivia, idolatría, brujerías, enemistades, discordias, celos, iras, peleas, disensiones, falsas doctrinas, envidias, homicidios, borracheras, orgías y otras cosas parecidas. Pero ya os lo he dicho, y ahora os lo repito: quienes se conducen de esa forma no heredarán el reino de Dios.
(Gálatas 5:19-21)

Las falsas doctrinas impiden que heredemos este hermoso y glorioso reino venidero que es donde deben estar puestos nuestros ojos y nuestra esperanza porque todo aquel que tiene esta esperanza se purifica a si mismo así como él mismo es puro (1 Juan 3:1-3). Éste es el evangelio del reino de Dios completo, éste es el que debemos compartir. Muchas personas predican un Jesús que puede arreglarte todos los problemas, pero la Biblia habla de un Jesús que trae muchos problemas y tribulación. Muchos predican a un Jesús que es todo paz y amor, pero la Biblia habla de un Jesús que viene a condenar y a hacer justicia a la tierra. En la segunda venida de Jesús la tierra el mundo será pasado por fuego de Dios y será como la época de Sodoma y Gomorra, Jesús mismo dijo que sería como cuando se arranca la cizaña y se deja el trigo. En la escritura sobran los ejemplos que hablan del terrible juicio que viene sobre toda la humanidad y Jesús es el rey ungido por Dios para ejecutar las sentencias. ¿Qué evangelio ha creído usted? ¿Qué evangelio predica? recuerde que Jesús mismo puso el ejemplo de unos que en ese día del juicio le dirían: Pero señor, nosotros profetizamos en tu nombre e hicimos muchos milagros y expulsamos demonios. Pero Jesús mismo les dirá: Apártense de mi mal hechores. Estos hombres ingenuamente creían haberle servido a Dios y a su Mesías pero él mismo les declara hacedores de maldad. ¿Qué evangelio predican en tu parroquia, salón de asambleas o congregación? recuerda que todo aquel que cambie el mensaje de Jesucristo o le añada algo o le quite algo no tiene a Dios.

Todo aquel que habiendo perdido el rumbo se aparta de la enseñanza de Cristo y no persevera en ella, se aparta también de Dios. Para tener al Padre y al Hijo es preciso permanecer fielmente en la enseñanza de Cristo. Si alguien viene en busca vuestra con ánimo de instruiros, pero no lo hace conforme a la enseñanza de Cristo, no lo admitáis en vuestra casa ni le deis la bienvenida. (2 Juan 9)

El apóstol Juan nos hace la advertencia: Si alguien no enseña el mismo mensaje que enseñó Cristo, es decir, el reino venidero de justicia y paz, conocido como el reino de Dios o el reino de los cielos, esa persona no es de Dios y no tiene al Dios verdadero. Y dice que nos debemos apartar de todo aquel que cambie esta verdad que es el mensaje que lleva a una vida dedicada a Dios. El mensaje del reino de Dios es el motivo para ser santos y para apartarnos para Dios, es la fe de la que habla Pablo en hebreos 11. La certeza de lo que se espera, pues pablo estaba esperando la manifestación de este reino y así debemos vivir también los cristianos de hoy. Si este no es el evangelio que predican en su congregación, parroquia o salón de asambleas, le aconsejo que se retire y busque la voluntad de Dios en su casa, pues es mejor obedecer a Dios en casa que asistir y apoyar a quienes viven en error; esto es un consejo para que sea salvo, y si usted es pastor y enseña algo diferente de esto, sepa que Cristo viene y el no tolerará las falsas doctrinas ni los falsos evangelios que hoy en día se propagan como cáncer.

Arrepiéntanse, cambien su forma de pensar y de vivir y crean en el evangelio del reino de Dios, pues el reino de Dios está cerca, amén.

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